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Capítulo 28. Lo Inconsciente

Según Hegel, lo "Inconsciente" jamás habría emprendido la vasta y laboriosa tarea de desenvolver el Universo, más que con la esperanza de alcanzar clara conciencia de sí mismo. El término "Inconsciente" resulta en el fondo muy ambiguo, dudoso, confuso, discutible. Podemos usar tal término en forma convencional para indicar o señalar un misterio creador, algo que está mucho más allá de la CONCIENCIA. Resulta incuestionable que PARABRAHMAN, el espíritu universal de vida, trasciende a todo eso que se llama CONCIENCIA y es obvio que podemos denominarle "Inconsciente". Dentro de este tema estrictamente humano podemos y hasta debemos enfatizar la idea de que antes de trascender la "CONCIENCIA", necesitamos primero despertarla. Aquello de la "CONCIENCIA ABSOLUTA TRAS LOS FENÓMENOS" es indubitable que resulta demasiado vago, incoherente, impreciso. Resulta absurdo confundir a la CONCIENCIA con el SER ABSOLUTO. Desdichadamente muchos filósofos creen en esas aberraciones de la mente. SAT, el ABSOLUTO INMANIFESTADO nada tiene que ver con la CONCIENCIA; esta última por brillante que sea viene a ser como una mísera bujía de cebo ante la luz increada de eso que no tiene nombre. Las escuelas de Shelling[1] y de Fichte[2] ciertamente han divergido mucho del concepto arcaico y primitivo de un principio absoluto y han reflejado tan solo un aspecto de la idea fundamental de la Vedanta. El "Absoluter Geist", sugerido vagamente por Von Hartmann[3] en su filosofía pesimista del "Inconsciente", si bien es quizás la mayor aproximación de la especulación europea a las doctrinas Advaita-Indas, sin embargo dista también mucho de la realidad al cometer el error de identificar al ser absoluto con eso que se llama CONCIENCIA. El bípedo humano o mejor dijéramos el homúnculo ese equivocadamente llamado hombre, incapaz de formar un solo concepto, a no ser relativo a fenómenos completamente empíricos, es impotente, a causa de su constitución estrictamente intelectual y animal, para levantar siquiera una punta del velo que cubre la majestad del ESPACIO ABSTRACTO ABSOLUTO. La CONCIENCIA CÓSMICA, el GRAN ALAYA del Universo, debe despertar en cada ser humano. Empero hacemos hincapié en la necesidad de no confundir CONCIENCIA con ABSOLUTO. "Lo finito no puede concebir lo infinito, ni puede aplicarse su propia clase de experiencias mentales. ¿Cómo puede decirse que lo Inconsciente y lo absoluto puedan tener ni siquiera un impulso instintivo o esperanza de alcanzar clara conciencia de sí mismo?"[4]. Es indubitable la necesidad de lograr el despertar de la conciencia si es que sinceramente queremos la iluminación. Tal despertar superlativo sería imposible sin haber pasado previamente por la terrible aniquilación budista... Quiero referirme en forma enfática a la destrucción del YO; a la muerte del mí mismo. Existen dos tipos de iluminación; la primera suele llamarse "AGUA MUERTA" porque tiene ataduras. La segunda es elogiada como "LA GRAN VIDA" porque no tiene ataduras, es experiencia directa en el vacío iluminador. A todas luces resalta con entera claridad meridiana que debemos primero hacemos AUTO-CONSCIENTES para experimentar en forma plena el aspecto iluminado de la CONCIENCIA. Es ostensible que no sería posible sumirnos en la corriente del sonido, en el vacío iluminador, sin haber vuelto pedazos previamente las ataduras que en una u otra forma nos atan a la conciencia. Con la aniquilación del EGO transformamos al SUBCONSCIENTE en CONSCIENTE; después debemos destruir los grilletes que nos relacionan con la CONCIENCIA. El VACÍO ILUMINADOR es el "INCONSCIENTE" (Usado este último término en el sentido de algo que está mucho más allá de la conciencia). ¿Habéis oído hablar de ANUPADAKA? El sentido estricto y riguroso de esta palabra significa: "Sin padres, sin progenitores". OSIRIS es el padre que está en secreto, la Mónada particular de cada cual ISIS es la DUADA; el aspecto femenino; la divina Madre Kundalini. HORUS es el ÍNTIMO, nuestro Espíritu divino; La Tríada. Resulta fácil entender que cuando HORUS sale victorioso en las batallas contra los demonios rojos (Yoes Diablos), entonces se da el lujo de tragarse su propia alma. Después del banquete viene lo mejor; PADRE, MADRE e HIJO; OSIRIS, ISIS, y HORUS, tres divinos fuegos con alma diamante se mezclan, fusionan, e integran, para formar una sola llama; un ANUPADAKA. El Señor oculto, el sumido en el ABSOLUTO dentro de la inagotable e inconcebible felicidad, el ANUPADAKA, no puede tener padres, puesto que es existente por sí mismo y Uno con el Espíritu universal de vida. El misterio de la jerarquía de los ANUPADAKA entre el espacio ABSTRACTO-ABSOLUTO, está para nosotros más allá de toda posible comprensión.

  1. "Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling (Leonberg, Wurtemberg, 27 de enero de 1775 – Bad Ragaz, Suiza, 20 de agosto de 1854) fue un filósofo alemán, uno de los máximos exponentes del idealismo y de la tendencia romántica alemana" (de Wikipedia).

  2. "Johann Gottlieb Fichte (Rammenau, 19 de mayo de 1762 – Berlín, 27 de enero de 1814) fue un filósofo alemán de gran importancia en la historia del pensamiento occidental. Como continuador de la filosofía crítica de Kant y precursor tanto de Schelling como de la filosofía del espíritu de Hegel, es considerado uno de los padres del llamado idealismo alemán" (de Wikipedia).

  3. Karl Robert Eduard von Hartmann (23 de febrero de 1842 – 5 de junio de 1906) fue un filósofo alemán. Nació en Berlín, y fue educado con vistas a una carrera militar. Entró en el cuerpo de artillería como oficial en 1860, pero fue obligado a dejarlo a causa de un problema en su rodilla. Tras algunas dudas entre dedicarse a la música o a la filosofía se decidió por ésta última, y en 1867 obtuvo el título de doctor en filosofía por la Universidad de Rostock. Tras esto, volvió a Berlín, y acabaría falleciendo en Grosslichterfelde. Consiguió reputación como filósofo tras su primer libro, La filosofía del inconsciente (1869). El éxito fue sobre todo debido a la originalidad de su título, la diversidad de su contenido (von Hartman intentaba obtener resultados especulativos mediante los métodos de las ciencias inductivas, y empleando muchas ilustraciones), la elegancia de su pesimismo y el vigor y lucidez de su estilo. La concepción del inconsciente, que von Hartmann describe como el principio metafísico último, no es tan paradójica como parece, pues simplemente era un nombre misterioso que daba al Absoluto empleado por los metafísicos alemanes. El inconsciente aparece como una combinación de la metafísica de Hegel y la de Schopenhauer. El inconsciente es a la vez deseo y razón y la base omnipresente de toda existencia. von Hartman combina de esta forma el panteísmo con el panlogismo de manera similar a lo realizado por Schelling en su filosofía positiva. Sin embargo el deseo y no la razón es el aspecto principal del subconsciente, cuyo carácter melancólico está determinado por la primacía del deseo y la servidumbre de la razón. Precósmicamente, el deseo es potencial y la razón latente, y el deseo está vacío de razón cuando pasa de la potencialidad al deseo real, que es miseria absoluta, y, para curarla, el subconsciente evoca su razón y con su ayuda crea el mejor de los mundos posibles, que contiene la primesa de su redención de la existencia real por la emancipación de la razón de su subyugación al deseo en la razón consciente del pesimismo iluminado. Cuando la mayor parte del deseo está tan iluminado por la razón como para percibir la inevitable miseria de la existencia, se hará un esfuerzo colectivo por desear la no existencia, y el mundo deseará recaer en la nada, el inconsciente en la inactividad. Von Hartmann fue un pesimista. Según sus escritos la felicidad individual es inasequible o bien aquí y ahora o bien en el futuro, pero no pierde la esperanza de liberar al inconsciente de su sufrimiento. Difiere de Schopenhauer en hacer la salvación por la negación de la voluntad de vivir dependiendo en un esfuerzo social colectivo y no en el ascetismo individual. La concepción de una redención del inconsciente también proporciona la base última de la ética de von Hartmann. Debemos afirmar provisionalmente la vida, y dedicarnos a la evolución social en lugar de buscar una felicidad imposible. Haciendo esto encontraremos que la moral vuelve a la vida menos infeliz de lo que podría haber sido de otra forma. El suicidio y otras formas de egoísmo son reprobables. Epistemológicamente von Hartmann es un realista trascendental que defiende sus puntos de vista y critica los de sus oponentes con agudeza. Su realismo le permite mantener la realidad del tiempo, y de esta forma el proceso de la redención mundial.

  4. La frase entrecomillada es del ya mencionado Johann Gottlieb Fichte.