Capítulo 15. El Demonio Apopi
Después de haber muerto en mi mismo fui confirmado en la luz, entonces entré al templo y firmé mis documentos. Ascender al primer cielo de tipo lunar fue el siguiente paso; Los adeptos me enseñaron a protegerme de la atracción fatal que sobre uno ejercen los infiernos sublunares. Se me dio a oler una rama que ejercía sobre mí algo muy especial. Aquella fragancia delicada tenía realmente sabor de santidad. "Con este perfume podrás defenderte de la atracción lunar" exclamó el adepto que me estaba instruyendo. Yo conozco realmente a ese adepto: Es nada menos que el instructor superior del templo de los dos veces nacidos; Su carácter es como el limón pero irradia infinita sabiduría y amor sin límites ni orillas. Quien quiera subir debe primero bajar, esa es la ley. Toda exaltación está precedida por una humillación. Es obvio que necesitaba aniquilar los cuerpos lunares, estos constituían para mí como un apéndice fatal. Empecé pues con el CUERPO DE DESEOS, el famoso KAMA-RUPA[1] citado por H. P. BLAVATSKY y que muchos SEUDO-ESOTERISTAS y SEUDO-OCULTISTAS han confundido con el CUERPO ASTRAL. Es evidente que el KAMARUPA lo tiene todo animal intelectual y es en verdad el mismo demonio APOPI de los Misterios Egipcios. Entonces exclamé con «el libro de la morada oculta»: "¡Oh Demonio APOPI!, Tú debes morir en lo profundo del lago del cielo, en los infiernos atómicos lunares, allí donde mi Padre que está en secreto ha ordenado que mueras. Retrocede pues, Demonio maligno del deseo ante las flechas de mi luz que te hacen mucho daño" He aquí que los dioses que me ayudan desgarran tu pecho sin misericordia alguna. La diosa de cabeza de león, espantosamente divina, inmoviliza tus miembros, te quita la fuerza bestial que posees. La diosa de cabeza de escorpión, el tercer espectro de mi Madre divina, caminando dentro de ti mismo, transformada en tenebroso alacrán, hace llover sobre ti su copa de destrucción. ¡Desaparece pues definitivamente, APOPI!, Enemigo de RA (EL LOGOS), tu querías meterte también dentro de los misterios de la LOGIA BLANCA, atravesar victorioso las regiones del oriente interno y conservando el veneno de tus deseos, pero te equivocaste de puerta porque tu destino es el abismo y la muerte. ¡APOPI habéis sido derribado! el dolor que te ha infringido la diosa con cabeza de escorpión, bien lo habéis sentido! ¡Ya no volverás a conocer los goces de la pasión sexual! RA, mi DIOS INTERNO, te hace retroceder fulminado por el rayo de la justicia cósmica, ¡te pega, te hiere de muerte, hace mil cortes en tu cara pasionaria, quebranta tus huesos, te reduce a polvo! En los infiernos atómicos SUBLUNARES existen encantos deliciosos, bellezas terriblemente malignas, fascinantes. Recordad amado lector que entre las cadencias milagrosas del verso, también se esconde el delito. De entre esas exquisitas regiones de la concupiscencia que embriaga y enloquece, brotan deliciosos versos infernales como este que a continuación transcribimos a modo de ilustración:
DESEOS🔗
"Yo quisiera salvar esa distancia, ese abismo fatal que nos divide y embriagarme de amor con la fragancia mística y pura que tu ser despide. Yo quisiera ser uno de los lazos conque decoras tus radiantes sienes, yo quisiera en el cielo de tus brazos beber la gloria que en los labios tienes. Yo quisiera ser agua y que en mis olas, que en mis olas vinieras a bañarte, para poder, como lo sueño a solas, a un mismo tiempo por doquier besarte. Yo quisiera ser Uno y en tu lecho, allá en la sombra, con ardor cubrirte, temblar con los temblores de tu pecho y morir de placer al comprimirte. ¡Oh, yo quisiera mucho más! quisiera llevarte en mi como la nube al fuego, Mas no como la nube en su carrera para estallar y separarse luego. Yo quisiera en mi mismo confundirte, confundirte en mí mismo y entrañarte, yo quisiera, en perfume convertirte, Convertirte en perfume y aspirarte. Aspirarte en un soplo como esencia y unir a mis latidos tus latidos y unir a mi existencia tu existencia y unir a mis sentidos tus sentidos. Aspirarte en un soplo del ambiente y ver así sobre mi vida en calma toda la llamada de tu cuerpo ardiente y todo el éter del azul de tu alma"[2]. El fuego del dolor es cual la llama del vaso en que la mirra se consume: a veces purifica y eleva y embalsama, trueca el acíbar áspero que inflama en delicado y celestial perfume. No puedo negar en modo alguno mis intensos sufrimientos abismales; resulta ostensible comprender que en el mundo de los muertos, aquellos que hemos fallecido en sí mismos debemos aniquilar los cuerpos lunares. APOPI, el KAMARUPA teosófico, es memoria de viejas pasiones sexuales, impudicia secreta a veces mística e inefable, romance que enloquece, poesía que embriaga con sus cuentos de amor. Yo me entregué en brazos de mi madre para que ella hiciera de mí lo que quisiera y ella, ¡Oh Dios, me salvó!. APOPI ha muerto. ¡Qué dicha! Ya no podrá esa bestia afligir más mi adolorido corazón. Pasó el tropel de las pasiones. En la cercana selva resuenan las voces de los dioses inefables. Murió la pasión sexual de APOPI y no lejos del nido en que las aves del misterio se arrullan con sus tiernas melodías, me siento más feliz que el luminoso cisne que vio de Leda la inmortal blancura. Yo soy aquél que ayer no más decía el verso azul y la canción profana. Como la galatea gongorina me encantó en verdad la marquesa verleniana, y así juntaba a la pasión sublime una sensual hiperestesia humana[3]. Entre el vivo son de músicas sonoras que anima el coro de bacantes ebrias, bebiendo vino, regando rosas y tejiendo danzas me revolqué como el cerdo en el lodo. APOPI ha muerto; llegó la hora del supremo triunfo concedido a mis lágrimas y ofrendas por el poder de mi divina Madre.
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En el original impreso este nombre sánscrito viene como: "RUPA KAMA", quizá sea porque RUPA es cuerpo y KAMA deseo, porque viene así sólo en esta mención, aún así se ha cambiado a la forma normal. ↩
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La poesía es de Salvador Díaz Mirón (1853 - 1928), de su obra de 1886: «Poesías». La lírica de este poeta le gustaba bastante al maestro. ↩
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Como en muchas ocasiones, el maestro usa los versos en su memoria como forma para expresar lo que ha de decir, de modo que no es necesario ahondar en mayores esclarecimientos de cada término, pues habla con y para el corazón. Las abundantes aliteraciones y palabras difíciles de este párrafo son tomadas del siguiente poema de Rubén Darío publicado en: CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, LOS CISNES Y OTROS POEMAS (1905): Yo soy aquel que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana. El dueño fui de mi jardín de sueño, lleno de rosas y de cisnes vagos; el dueño de las tórtolas, el dueño de góndolas y liras en los lagos; y muy siglo diez y ocho, y muy antiguo y muy moderno; audaz, cosmopolita; con Hugo fuerte y con Yerlaine ambiguo, y una sed de ilusiones infinita. Yo supe de dolor desde mi infancia; mi juventud..., ¿fue juventud la mía?, sus rosas aún me dejan su fragancia, una fragancia de melancolía... Potro sin freno se lanzó mi instinto, mi juventud montó potro sin freno; iba embriagada y con puñal al cinto; si no cayó, fue porque Dios es bueno. En mi jardín se vio una estatua bella; se juzgó mármol y era carne viva; una alma joven habitaba en ella, sentimental, sensible, sensitiva. Y tímida ante el mundo, de manera que, encerrada, en silencio, no salía sino cuando en la dulce primavera era la hora de la melodía... Hora de ocaso y de discreto beso; hora crepuscular y de retiro; hora de madrigal y de embeleso, de «te adoro», de «jay!», y de suspiro. Y entonces era en la dulzaina un juego de misteriosas gamas cristalinas, un renovar de notas del Pan griego y un desgranar de músicas latinas, con aire tal y con ardor tan vivo, que a la estatua nacían de repente en el muslo viril patas de chivo y dos cuernos de sátiro en la frente. Como la Galatea gongorina me encantó la marquesa verleniana, y así juntaba a la pasión divina una sensual hiperestesia humana; todo ansia, todo ardor, sensación pura y vigor natural; y sin falsía, y sin comedia y sin literatura...: si hay un alma sincera, esa es la mía. La torre de marfil tentó mi anhelo; quise encerrarme dentro de mí mismo, y tuve hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de mi propio abismo. Como la esponja que la sal satura en el jugo del mar, fue el dulce y tierno, corazón mío, henchido de amargura por el mundo, la carne y el infierno. Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia el Bien supo elegir la mejor parte; y si hubo áspera hiel en mi existencia, melificó toda acritud el Arte. Mi intelecto libré de pensar bajo, bañó el agua castalia el alma mía, peregrinó mi corazón y trajo de la sagrada selva la armonía. ¡Oh, la selva sagrada! jOh, la profunda emanación del corazón divino de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda fuente cuya virtud vence al destino! Bosque ideal que lo real complica, allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela; mientras abajo el sátiro fornica, ebria de azul deslíe Filomela perla de ensueño y música amorosa en la cúpula en flor de laurel verde, Hipsipila sutil liba en la rosa, y la boca del fauno el pezón muerde. Allí va el dios en celo tras la hembra y la caña de Pan se alza del lodo: la eterna vida sus semillas siembra, y brota la armonía del gran Todo. El alma que entra allí debe ir desnuda, temblando de deseo y fiebre santa, sobre cardo heridor y espina aguda: así suefia, así vibra y así canta. Vida, luz y verdad, tal triple llama produce la interior llama infinita; el Arte puro como. Cristo exclama: Ego sum lux et veritas et vital Y la vida es misterio; la luz ciega y la verdad inaccesible asombra; la adusta perfección jamás se entrega, yel secreto ideal duerme en la sombra. Por eso ser sincero es ser potente: de desnuda que está, brilla la estrella; el agua dice el alma de la fuente en la voz de cristal que fluye d’ella. Tal fue mi intento, hacer del alma pura mía, una estrella, una fuente sonora, con el horror de la literatura y loco de crepúsculo y de aurora. Del crepúsculo azul que da la pauta que los celestes éxtasis inspira; bruma y tono menor ––¡toda la flauta! y Aurora, hija del Sol––¡toda la lira! Pasó una piedra que lanzó una honda; pasó una flecha que aguzó un violento. La piedra de la honda fue a la onda, y la flecha del odio fuese al viento. La virtud está en ser tranquilo y fuerte; con el fuego interior todo se abrasa; se triunfa del rencor y de la muerte, y hacia Belén..., ¡la caravana pasa! ↩