Capítulo 22. Mortalidad e Inmortalidad
Mística rosa inefable del profundo valle del espíritu... madre inmortal de mi corazón... ¡Escúchame! Luz de mis ojos, de mi huerto rosa, del horizonte de mi vida oriente, como la hebraica Abigail prudente, cual Ruth amable. ¡Ten piedad de mí! Hurí lozana, de sonrosado color y azules ojos llenos de amor, hermosísima madre mía. Delicada y fresca flor del fecundo continente de mi alma... Embalsamado jazmín de Jonia, cultivado en un jardín donde hay verdores de Erín sin brumas de Caledonia. Por ti aprendí a amar, sin ti, ciertamente no soy nada. Divina princesa KUNDALINI, adorable serpiente... Tú me enseñaste el secreto del abismo... Y descendí al mundo soterrado, inquiriendo, indagando, buscando. Sin ti ¡MADRE ADORABLE!, ni siquiera hubiera podido hallar aquella puerta del misterio donde el Dante encontró escritas estas palabras terribles: "Por mi se va al eterno dolor; por mi se va hacia la raza condenada; la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!". Yo conocí el vestíbulo de los ignavos y el paso del Aqueronte y navegué en la barca de Carón hasta la otra orilla. Yo entré por las puertas malditas de la ciudad de DITE; conozco los profundos fosos que ciñen aquella desolada tierra. Desgraciado aquél que sucumba ante los espantosos horrores de las tres furias. Y vi a muchos colosos caídos involucionando dentro del reino mineral sumergido. Y vi musas; antes de sonrosada tez, tornándose pálidas y siniestras... Y encontré el túmulo glorioso y las bacantes acudiendo como siempre a adornar con sus pardálidas[1]. Las bácaris se mustian en las frentes broncíneas de los lúbricos Silenos abismales, y las hiedras de tirsos florecientes secas están como agotados henos. Los insolentes cónsules de Roma, que insumisos asisten al sepelio porque aún su orgullo enervador no doma la coyunda inmortal del evangelio. Vienen en pos las cortesanas lujuriosas del Lacio, los vates bohemios y degenerados, las doctas greyes hipócritas y perversas, los cerdos materialistas enemigos del eterno. Y en el fulgor de la segur que esgrime contra el mísero mortal la Parca inexorable, nuncio no ven de tránsito sublime, ni entienden voz que de espiritualidad les hable. ¡Ved allí a la famosa emperatriz Semíramis tratando de saciar la sed de su lujuria! ¡Mirad!... más allá está Capaneo el soberbio anciano de Creta, uno de los siete reyes que sitiaron a Tebas; despreció a Dios y aún parece seguir despreciándolo. Y continúan en procesión inagotable Neo quien vengó la muerte de la hermosa Deyanira y hasta dio su vida por ella; el Centauro Quirón quien educó a Aquiles y el irascible Fobo. ¡Oh! ...¡Cuántos delitos Dios mío! ¿Cuándo terminaría de enumerarlos? ¿En qué libro podrían caber? Río negro de la humanidad perdida, involucionando en el tiempo, cayendo hacia atrás, hacia el pasado... Querido lector: ¡Quiera Dios, de tu vida en el camino derramar suave aroma de azucenas, y que apures el néctar cristalino del honesto placer, libre de penas! No desciendas, hijo mío, porque la escala del descenso tiene siete peldaños al cabo de los cuales está el CICLO de la terrible necesidad. Volver a ser bestia, planta y piedra dentro de los mundos infiernos... es ciertamente más amargo que la hiel[2]. Recordad a las crueles arpías que arrojaron a los troyanos de las Strofades; Dante las vio atormentar en el averno a las humanas plantas haciéndolas sangrar con sus execrables uñas. Quiero que tú sepas que dentro del mismo núcleo de la tierra, donde esté el abominable trono de DITE, yo he visto criaturas fosilizadas reduciéndose a polvareda cósmica. Horrorífico espectáculo inolvidable y dantesco; meretrices, pelanduscas, fornicando espantosamente en lechos inmundos; hetairas, golfas, rameras, desintegrándose lentamente, perdiendo poco a poco brazos, dedos, piernas, etc. Espeluznante y pavorosa es la muerte segunda; el EGO y sus cuerpos lunares se desintegran en el Tártarus muy lentamente; sufrimiento repugnante para las almas perdidas. ¡Venga Medusa y la convertiremos en piedra! —exclaman las tres furias— hicimos mal en no vengamos de la audaz entrada de Teseo. Ha poco tiempo ¡Dios mío!... estando en meditación profunda vi dos almas perdidas saliendo del averno después de la muerte segunda... Afortunadamente ya no tenían Ego ni cuerpos lunares, pero sus túnicas sagradas estaban sí, manchadas por el lodo de la tierra. Lloraban las desventuradas criaturas recordando su viaje doloroso por debajo de la corteza terrestre. A estas horas viven otra vez como GNOMOS jugueteando alegres bajo la tierna mirada de nuestro señor el sol. En alguna futura eternidad ingresarán en los paraísos elementales de las plantas. En un futuro muy remoto podrán tener la dicha de reincorporarse en organismos de animales, ya para volar como águilas o para caminar en los bosques profundos de la naturaleza, o para navegar como peces entre los hondos abismos de las aguas. Resulta ostensible que esas almas reconquistarán después de muchas billonadas o trillonadas de años, el estado humano que otrora perdieron... ¿Y si por desgracia volviesen a caer? ¡Ay, Ay, Ay!... cuan doloroso es el ciclo de la terrible necesidad. Venid vosotros que sabéis el verbo, lleno de gracia majestad y brío, que cual Góngora ayer, pule Darío, acendra Icaza y sutiliza Nervo. ¡Ven y verás recónditos raudales esotéricos de fe profunda y de viril denuedo, latentes en las rocas, en los aires, en las aguas y en el fuego! ¡Ay de vosotros, animales intelectuales que pobláis la faz de la tierra! ¡Pobres almas de CONCIENCIA EGOICA vestidas con trajes lunares! Vuestra implacable sed en balde fragua ataques locos insultando al cielo. No habéis conquistado todavía la inmortalidad: Os aguarda la involución sumergida en los MUNDOS-INFIERNOS. Voy ahora con el alma abierta a relataros una experiencia mística trascendental... escuchadme por favor... La noche campesina me está hiriendo en su casta belleza con todo su esplendor de emotivo principio[3]. Nosotros —un grupo de hermanos gnósticos— tomándonos por las manos hicimos mágica cadena en el patio de la casa. Oramos mucho: ¡Sí! Y luego... hicimos una invocación a ANAEL el ángel del amor. Por encima de los muros sobrios, mecidos por la brisa, reían deliciosamente los límpidos ramajes, desgranaba la grácil frescura de su risa la plata del arroyo coronada de encajes. Una voz clara y dulce conturbó mis sentidos. ¿Era la voz de sirena o arrullo del mar? ¡Miren, miren, miren,... Viene el ángel Anael... Sí, si, sí respondimos todos. Nuestros ojos se posaron atentos en un puñado de blancas palomas que alegres volaban sobre nuestra morada... Yo recuerdo todavía el ave de plata y fuego; tan pura, tan tierna, tan suave... esa era el guía. ¡Anael, Anael, Anael!... exclamamos todos... La noche era dulce y apacible, tenue y fragante... tenía sabor de rosas... Vino entonces una pausa después de tantos gritos de alegría; aguardábamos... suspirábamos... aquellas aves sublimes desaparecieron en el misterio y luego... Tres golpes acompasados y rítmicos resonaron solemnes en la puerta de la casa; yo mismo abrí precipitadamente... ¡Allí están!... ¡Ellos son... Llegaron... así exclamaron todos los hermanos del grupo. Salimos todos a recibir el grupo de hermosos niños celestiales terriblemente divinos... Traían flores en sus manos y en su presencia sentía uno revivir la infancia; a mí me dieron ganas de jugar... Pudimos verificar que esas bellísimas criaturas venían vestidas con el traje de bodas del alma. (Los cuerpos solares). Dentro del alma de estos ángeles tan puros no hallamos nada que en una u otra forma pudiera parecerse al YO de la psicología. Dentro de esos niños solo resplandece el SER. Es obvio que esos dioses-santos aman intensamente a la pobre humanidad doliente... Es ostensible que en algún remoto pasado estos venerables trabajaron en la forja de los cíclopes. Sus cuerpos gloriosos les hacen inmortales en todos los departamentos del reino... No resulta difícil adivinar que ellos eliminaron radicalmente los cuerpos lunares... Humildemente me prosterné a los pies de ANAEL el ángel del amor, necesitaba consultarle algo... La respuesta me dejó plenamente satisfecho. Ya han pasado muchos años y yo sigo meditando... Imposible olvidar todo esto... Hoy rebuscando rancios cronicones con el tesón del clérigo en la celda, escribo para que otros lean. Nosotros los hermanos de aquel grupo, todavía recordamos la presencia de esos seres inefables, su voz encantadora, su continente majestuoso... La luz del espíritu puro nos tocaba las sienes, hiriéndonos espadas, resplandores, trocando en luces sombras, paso en danza, quietud en escultura y la violencia tímida del aire en cabelleras, nubes, tesoros, alegría... Olas de luz, clarísimas, vacías, que nuestra sed quemaban, como vidrio, hundiéndonos sin voces, fuego puro, en lentos torbellinos resonantes... Vuelvo a mi soledad... reflexiono y medito... ¿De dónde ha surgido esta multiforme creación? ¿Quién conoce el secreto? ¿Quién lo ha revelado? Los dioses mismos, estas divinas criaturas angélicas, vinieron más tarde a la existencia... Contemplando la eternidad... Antes que fueran echados los cimientos de la tierra... Tú eras... "Y cuando la llama subterránea rompa su prisión y devore la forma, todavía Tú serás, como eras antes, sin sufrir cambio alguno cuando el tiempo no exista"[4]. Antes de que amaneciera la aurora del MAHAMVANTARA... La forma Una de existencia sin límites, infinita, sin causa, se extendía sola en sueño sin ensueños y la vida, palpitaba inconsciente en el espacio abstracto absoluto, en toda la extensión de aquella omnipresencia que percibe el ojo abierto de Dangma: Dios nunca muere dicen los bardos melenudos coronados de laureles... Nosotros cantamos el ocaso de los dioses. La muerte del eterno es muy relativa... Levantemos el cáliz y oremos... Cuando llega la NOCHE CÓSMICA, el ejército de la voz se sumerge entre el seno del espacio profundo, absoluto, incondicionado... Es ostensible que entonces deja de existir en el Universo... Al rayar la aurora del Gran Día resurge la gran voz... y el espíritu de Dios se mueve sobre la faz de las aguas...
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Nuevamente inicia un capítulo el maestro parafraseando versos difíciles y extraños cuyo rastro pierdo en un raro libro de 1912 llamado simplemente: «Cultura hispanoamericana: órgano del Centro de este nombre, Volúmenes 1-2», donde por ventura se hallan recopilados, nada conozco del autor, ni tan siquiera si el orden de las estrofas es correcto, pero necesario es poner los versos para que el lector pueda entender mejor sus imágenes al verlas en su contexto original. El maestro usa estos versos como poética descripción de aquello que hay en el abismo para hablarlo en forma solemne, y los intercala de aquello que da forma a lo que ha de decir. En verdad él no se adorna con plumas ajenas, sino que adorna la palabra porque así conviene a la naturaleza del asunto. Los intelectuales no me entenderán, los fanáticos tampoco, pero bueno es que comente todas estas cosas para bien de los pocos que pueden retirarse del acto sexual con la adorada sin eyacular el semén: ¡El coloso cayó! Las musas, antes De sonrosada tez, tórnanse pálidas. Y el túmulo glorioso las Bacantes acuden a adorar con sus pardálidas. Las Bácaris se mustian en las frentes Broncíneas de los lúbricos Silenos. y las yedras de tirsos florecientes, secas están como agostados henos. Las cortesanas pródigas del Lacio, Los vates condenados al exilio, Las doctas greyes que apacienta Horacio, Los campestres cortejos de Virgilio. Los engreídos cónsules de Roma, que asisten iracundos al sepelio, porque aún su orgullo adulador no doma La coyunda inmortal del Evangelio. Y de esta muerte tan precóz que han visto, Su llanto el duelo a mitigar no alcanza. ¡Porque en sus pechos insensibles, Cristo la antorcha no encendió, de la esperanza! Y en el fulgor de la segur que esgrime, Las falanges que ordena Jenofonte, Las gayas turbas que en el verde soto, Aplauden la canción de Anacreonte. ↩
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Siempre comento las formas y me abstengo de comentar en la medida que puedo los contenidos pues el maestro habla claro, pero respecto a este párrafo encuentro útil comentar la diferencia entre la buena y la mala magia. Cuando uno camina por el sendero esotérico conoce a muchos maestros aparentemente sabios y amables pero que le insisten en tomar senderos tenebrosos, aunque desde el punto de vista del que nada sabe ¿cómo discernir? Si hablamos con los falsos gnósticos del gnosticismo formal y estético ¿cómo entender cabálmente que su doctrina nos envía a la perdición? Aquí hay una de esas respuestas. Los maestros de la muralla guardiana quieren bien a la humanidad y lo demuestran dejándose partir la cara por dar testimonio de que los sufrimientos que nos esperan al girar la rueda del samsara son demasiado dolorosos. Ellos pretenden que entendamos que vale la pena asumir la férrea disciplina esotérica de la muerte del ego con tal de evitarnos el paso por el infierno como almas definitivamente perdidas. Todos los demás, con sublimes palabras que ni tienen por qué coger prestadas de nadie puesto que la fornicación les dota de un intelecto poderoso y de una dialéctica seductora, nos están hablando en el fondo de cosas que no tenemos cómo ponderar, pero que una vez caemos al abismo sí solemos lamentar haber escuchado, entonces, algunos llegamos a saber que tuvimos por importante lo accesorio, que en realidad vivimos consagrados al cuidado de las cosas inútiles, que aquellos que el mundo tenía por dioses no fueron más que lobos con piel de oveja que nos engañaron a sabiendas de lo que iba a pasar. "¿qué te pasa esencia?, ¿aún no sabes quien te quiso bien y quien te quiere mal?, la has mancillado y aún así ella te ama, vuelve a tu primer amor, tu amor original: tu divina madre Kundalini". "¡El demiurgo en el hombre!" exclaman unos que se dicen gnósticos y no saben de primera mano ni qué cosa es el demiurgo gnóstico: aquella hueste envidiosa de su propia jerarquía pero sin embargo sublime y llena de milenarias perfecciones, aquellos dioses tentadores que nos llaman al sendero espiral cual hace el guardián de los caminos, en realidad con corazón amoroso, tratando muchas veces de que así no fracasemos en la difícil senda vertical... ¿pero quienes somos los caídos en la generación animal para decir nada malo del demiurgo? ¿cuándo soportamos lo que él soporta? ¿cuándo hicimos lo que él hace? Si no está bien que juzguemos a los semejantes tanto peor delito es juzgar a los dioses: adorarles es lo indicado, buscar su favor, como hacía el paganismo en su época más sana. La madre divina es nuestro primer amor. Algunos nunca la han amado ni a ella ni a ningún semejante, otros la amaron una vez pero la olvidaron al morir para el mundo de los dioses (al comer la fruta prohibida), pero ella hermano mío siempre te amó: vuelve a tu primer amor, tu amor original, tu divina madre: la hallarás cuando afrontes con valor el resultado de todos tus delitos: tu vida kármica actual donde nada es como debería ser. Pacientemente hemos de examinar cómo error tras error nos hicimos acreedores de nuestra vida invivible, entonces ella se dará a conocer y nos dirá: "yo puedo remediar todo esto". Ella tornará lo que está hecho un desastre en una oportunidad regia, mientras tú, enamorado de tu locura, te tienes que ir desengañando, te tienes que dar más y más cuenta de tu error (despertar la conciencia) y abandonar a la loca que adoras ahora (el yo). Yo no te digo: "cree a Samael", pero sí te puedo decir: "gracias a que Samael me enseñó hoy no necesito creer a nadie". ¡Ay que hubiera sido de mi si sigo en las garras de los tenebrosos! Los verdaderos profetas no se conocen porque su discurso o su doctrina le agrade más o menos a nuestra mente morbosa animal, sino porque al considerarlos hallamos en ellos verdades que con valor contravienen el imperio de la mentira subrepticiamente impuesto que gobierna incontestablemente la vida de todos (la moral de la época). Dice la mentira que creas en ella, que ella te lleva por buen camino, pero como la inconsciencia hace que lo mejor se pase por alto, el resultado es siempre el mismo: viviste por nada, moriste por nada: jamás tuviste una auténtica oportunidad: tú eres un desgraciado, y gente como el maestro Samael tiene que venir en tu auxilio y encima soportar tu tontera. ¡No seáis gilipoyas!: los tenebrosos no os darán nada aunque os prometan todo: a ellos sólo les interesa tener rebaños incautos que conducir al matadero para expiar su culpa con el sacrificio ajeno: de ese modo se demuestran a sí mismos (dentro de su retorcida manera de pensarlo todo al revés) que no son tan tontos como en realidad sí son (la sangre de los inocentes consagra su mentira como una especie de gran causa solemne, les dota de seriedad). Guardate muy bien del mal maestro y de la mala compañia: recuerda que: "por la caridad entra la peste". Cuando vengan los tenebrosos con sus pretextos no seáis débiles e idiotas, sino preparáos para la defensa (ellos, los adeptos de la mano izquierda, os envestirán indefectiblemente). Como dijo Leónidas a su falange ante el avance Persa: "¡No les déis nada! ¡Arrebatárselo todo!". ↩
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En el texto revisado decía: "de motivo en principio", lo que como puede el lector apreciar no tiene ningún sentido. Una consulta del texto original parece indicar: "emotivo en principio", la forma definitiva en la que ha quedado la frase se obtiene de la meditación en ella. ↩
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Esto es cierto, y además está muy bien..., pero mientras que el que se autorrealiza con su sacrificio recorre un camino desde el lodo hasta la gloria, el que jamás lo intenta lo pasa verdaderamente mal, pues sufre mucho y ni siquiera llega a saber nunca por qué (la hueste tenebrosa se beneficia de ese sufrimiento: eso es todo). ↩