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Capítulo 24. La Revolución de la Conciencia

Vergeles favoritos de la lumbre solar que cuaja deleitosos frutos, rivales de la miel en dulcedumbre... Quien del vate posee los atributos, como Orfeo a los sones de la lira amansa la fiereza de los brutos... El verbo aclara todo... se disuelven las tinieblas... se hace la luz... "He aquí que avanzo hacia la morada del rey de los dioses (El PADRE que está en secreto)". (Un espíritu alado me conduce). ¡Salve, Oh tú que planeas por las extensiones del cielo, y que iluminas al hijo de la corona blanca!" (El Hijo del hombre). "¡Ojalá mi corona blanca (que resplandece en la cabeza de los santos), pueda estar bajo tu protección". "¡Ojalá pueda vivir a tu lado! (Padre mío)... He aquí que he recogido y reunido todos los miembros dispersos del gran DIOS. Ahora tras haber creado enteramente un camino celeste, avanzo por este camino". («Libro de La Morada Oculta», Capítulo LXXVI). ¡Ah!... si las gentes entendieran lo que es recoger y reunir los miembros dispersos, las distintas fracciones de nuestro ser interior embotelladas desgraciadamente entre tantos elementos subconscientes... ¡Ah!... ¡sí dejarían de existir radicalmente para en definitiva ser íntegros, unitotales, completos!... Si de verdad se resolvieran a morir de momento en momento... Entonces... ¡Sí! Dejarían de existir radicalmente para ser definitivamente. En el país asoleado de KEM, durante la dinastía de Kefren yo comprendí la necesidad de volver al camino recto, de dar forma a mi propia senda celestial. "Angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la luz y muy pocos son los que lo hallan. Entre miles de hombres, tal vez uno intenta llegar a la perfección; entre los que intentan, posiblemente uno logra la perfección, y entre los perfectos, quizás uno me conoce perfectamente". (Versículo 3 Capítulo VII «Bhagavad Gita»). "De mil que me buscan, uno me encuentra; de mil que me encuentran, uno me sigue; de mil que me siguen, uno es mío". Bien saben los dioses y los pocos hombres que en el mundo han sido, que las muchedumbres se mueven siempre dentro del celo de la terrible necesidad. (Véase el capítulo 22 de este mensaje). Al recapitular los misterios en la tierra sagrada del caudaloso Nilo, pude rememorar espantosas dificultades. La senda del filo de la navaja está llena de peligros, por dentro y por fuera. La senda de la revolución de la conciencia se aparta de los caminos de la evolución y de la involución. Jesús el gran Kabir dijo: "Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Estos son los tres factores de la Revolución íntima. El dogma de la EVOLUCIÓN es reaccionario; hablemos de insurrección mística. Yo, un viejo lama tibetano, ingresé a los misterios egipcios después de haber sufrido mucho. ¡Ah cuánto dolor me causó la muerte de mi hermano[1]! Eso fue para mí algo decisivo... ¡Pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas y sin rumbo y entre las olas sola! Afortunadamente fui auxiliado y estudié mucho. Ingresé al Colegio Sacerdotal como cualquier neófito y después de sucesivas exaltaciones fui un hierofante. ¿Que fui médico y sacerdote a la vez? ¡Eso es algo que jamás podré negar! Diariamente viajaba en mi camello llevando muchos remedios para mis enfermos; noble misión del galeno... Imposible olvidar mi morada en aquella sagrada tierra de Hermes. Vieja casa solariega rodeada de muros vetustos... LITELANTES como siempre, era mi ESPOSA-SACERDOTISA, ella no ignora eso, todavía lo recuerda. A mí me cabe el alto honor de haber sido el educador del faraón Kefren. Yo fui el preceptor de ese muchacho y no me pesa, porque más tarde llegó a ser un gran soberano. Recuerdo cosas terribles... Aquellos que violaban el voto del silencio y divulgaban el GRAN ARCANO, eran condenados a pena de muerte; se les cortaba la cabeza, se les arrancaba el corazón, y sus cenizas arrojadas a los cuatro vientos. La ejecución se realizaba en un empedrado patio rodeado de muros terribles en los cuales se veían pieles de cocodrilo y misteriosos jeroglíficos. En el SAHAJA MAITHUNA, en la SEXO-YOGA, con su LINGAM-YONI y PUDENDA, se esconde el indecible secreto... La levantina luz egipcia, varia en matices de inefable vigor que desarrolla dentro de cada alma infinitos poderes. "Luz ansiosa del caudal del río sagrado, que apresura la fronda de la acacia, símbolo sacrosanto de maestros Resurrectos. Luz cara a los frescos arrozales, que perfuma la flor del limonero, tan fértil en canciones estivales como en dulces crepúsculos de enero. En la noche profunda de todas las edades, aún resuenan las palabras del sacerdote de Sais: ¡Solón, Solón!. ¡Ay hijo mío! Día llegará en que los hombres se reirán de nuestros sagrados jeroglíficos y dirán que nosotros los antiguos adorábamos ídolos.

  1. Se refiere al tercer lógos: el archi-hierofante y archi-mago, el esposo de la divina madre, el ser en sí mismo, el espíritu santo. Le dice hermano porque él está ahora entronizado en el segundo lógos (el cristo íntimo). Está hablando como Samael en sí mismo (Samael es el anciano de los días Kether allá en el absoluto, pero también es el íntimo o Chesed en el mundo átmico). Y aunque Samael es el íntimo (chesed, el prototipo divino del alma humana, Atmán), también es el anciano de los días, y también es el Cristo íntimo. Como el íntimo, Samael tiene su vida particular (él es el logos de marte), como el padre del padre es también el hermano del tercer lógos y el padre del propio chesed, pero como el cristo íntimo es el dueño de todos los procesos psicológicos del maestro en estos momentos de la iniciación venusta, por eso digo que al decir hermano el maestro habla aquí desde su segundo logos (el reflejo del segundo lógos es el alma humana así como el del primer lógos es el íntimo, digamos que esas partes del ser son lo mismo manifestado en diferente dimensión). El tercer logos es aquél de quien dice el mandato del señor Jehová (el demiurgo creador, la hueste de dioses y diosas) en los primeros versículos del génesis: "el día que comieras de ese fruto moriras". El tercer lógos es quien está muerto o ausente en el caído, él es el dios mercurio. Todos nosotros somos asesinos del dios Mercurio (el cisne sagrado Kala-Hamsa). Un humanoide, un simple chela que sepa que tiene esencia, es -digo es del verbo ser- en cierto modo, tiene un principio de alma, un hombre causal que ha logrado el quinto grado de poder del fuego encarna el alma humana, y por eso es también, y un cristificado resucitado de entre los muertos que ha encarnado el primer logos es mucho más plenamente, tanto aquí como en el absoluto (por si la trinidad católica ya era materia enjundiosa, las diez sephirotes de la cábala la explican, pero la experiencia directa del que renuncia (Samyasim, que quiere decir: "renunciante") de los cuerpos y alcanza el sunyata permite experimentar todo esto personalmente. Y sorprendentemente somos alma, somos ser y somos Dios (o mejor dicho: Dios es en nosotros). A Samael nunca se le oyó decir: "yo soy el cristo" por respeto a la figura del gran Kabir Jesús, el prefería decir: "el cristo íntimo me está salvando", pero se entenderá que en realidad eso el lo mismo que: "ser el cristo". Lo interesante de todo esto es entablar conversación con el propio íntimo y ser todo lo plenamente que uno pueda en todos los trechos del camino. Cuando uno sabe que su esencia es él y que él es uno, eso que es francamente como las primeras letras de un infante que lee y que parece insignificante, realmente ya ha logrado más que la inmensísima mayoría de los humanos de la tierra, que no logran tamaña hazaña porque huyen de su real ser, lo aborrecen, lo temen, etc., y muchos sin saberlo siquiera.