← Tratado de Medicina Oculta y Magia Práctica (Ampliado y Corregido)
Invocación al Rey del Oriente
En cualquier lugar de la montaña, donde dos caminos se encuentren formando Cruz, se trazará un círculo mágico en el suelo, de unos dos o tres metros de diámetro y luego se invocará al Rey del Oriente. La invocación se hace a las doce de la noche, el invocador se colocará en el centro del círculo y con el rostro y cuerpo dirigido hacia el oriente. Recítese la siguiente invocación: ORACIÓN: "Reconociendo que soy un monstruo del mal, un vil gusano del lodo de la tierra que nada vale; Sabiendo que soy un pobre pecador, invoco al Poderoso Señor MAGOA, Rey del Oriente del mundo. Le llamo en el nombre del Sagrado Tetragrammaton. Conjuro por el Tetragrammaton, llamo por el Santo y Misterioso Tetragrammaton. Lloro pidiéndote humildemente que concurras a este llamado". "En nombre de tu Padre que está en secreto y de tu Divina Madre Kundalini, ven a mí poderoso Rey. Entrad en el mundo físico, haceos visible y tangible ante mí. En caso de que tú, debido a vuestros trabajos cósmicos no puedas asistir a este humilde llamado, te ruego poderoso Señor, enviarme entonces a MADAEL y si esto tampoco fuese posible, podrían venir a mí los Genios que te obedecen, MASSAYEL, ASIEL, SATIEL, ARDUEL, ACORB". "Sé que tú puedes poderoso Rey del Oriente, auxiliarme de acuerdo con la justicia y la misericordia. AMÉN, AMÉN, AMÉN". Terminada la oración, el invocador se sentará en el centro del círculo meditando en el Rey del Oriente, llorando, reconociéndose ser un pobre pecador, y repitiendo la oración con la mente y el corazón, hasta adormecer el cuerpo físico. Si el invocador hace este trabajo correctamente, será asistido por el Rey del Oriente o por los Genios enviados por él. No deben temerse las presencias de esos Seres Divinos. Cuando ya se hiciesen visibles el Señor Rey del Oriente o su Genios, pedid lo que deseáis. Escrito está: "Golpead y se os abrirá, pedid y se os dará". En modo alguno se debe olvidar que todo se hará de acuerdo con la Ley. Todo se nos arreglará, no como nosotros queremos sino como la Ley quiere. Debemos inclinarnos humildemente ante el veredicto de la Ley.