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Capítulo XXXVII. Patrón Oro y Patrón Trabajo

El patrón oro[1] está llamado a desaparecer, el patrón trabajo debe reemplazar al patrón oro, la moneda debe representar horas de trabajo.

Si queremos que desaparezca el patrón oro necesitamos industrializarnos totalmente.

Mientras los países subdesarrollados no se desarrollen serán esclavos del patrón oro.

La industrialización total convierte a un país subdesarrollado en un país desarrollado.

Los países subdesarrollados se ven obligados a comprar a los países desarrollados todo lo que necesitan y sólo pueden pagar con patrón oro.

Estados Unidos de Norteamérica es un país desarrollado y la América latina está constituida por países subdesarrollados.

Los comerciantes latinoamericanos tienen que comprarle a estados Unidos mercancías, y pagarla en patrón oro.

Los Estados unidos no aceptan la igualdad de la moneda y exigen el pago en dólares o su equivalente a Dólares como si todo el territorio latinoamericano, fuese los Estados Unidos.

Cuando la moneda nacional de cualquier país latinoamericano está muy baja con relación al dólar, es claro que la compra de mercancía a los Estados unidos sale carísima.

Los comerciantes importadores venden caro porque compran caro, y los pequeños comerciantes compran caro y venden también caro.

Los consumidores sufren las malas consecuencias de todo esto y tienen que sufrir muchísimo para comprar las cosas que necesitan.

Los comerciantes no podrían vender barato porque compran caro, tienen que pagar con patrón oro, con dólares.

No se le puede pagar a los Estados Unidos con moneda que represente horas de trabajo porque los Estados Unidos sólo venden al precio de patrón oro.

Los países latinoamericanos no producen automóviles, aviones, radios, maquinaria agrícola, etc., etc., etc., y en estas condiciones se ven obligados a comprar mercancía a los Estados unidos.

Se puede comprar a otros países pero el mundo está gobernado por el patrón oro y el problema siempre es el mismo.

Los países subdesarrollados son esclavos del patrón oro y sólo dejarán de ser esclavos cuando se desarrollen.

Solo con la industrialización total se desarrolla cualquier país.

Cuando ya un país no necesite comprar nada al exterior, puede darse el lujo de reemplazar al patrón oro por el patrón trabajo.

Cuando todos los países latinoamericanos estén totalmente desarrollados, podrán negociar entre sí sobre la base del patrón trabajo.

Es imposible abaratar la vida mientras seamos esclavos del patrón oro.

La comida debería ser barata pero como los transportes son caros la comida es cara.

Hay que comprar los carros al exterior y éstos cuestan caros, los chóferes tienen que pagar los camiones y el dinero pero el pago tiene que salir de los usuarios.

Quienes transportan alimentos venden caro para pagar el transporte y por ello los alimentos salen caros.

La base de toda carestía de alimentos, mercancías, maquinarias, carros, etc., es el patrón oro.

Cuando la moneda represente horas de trabajo, la vida será barata y el hambre habrá terminado.

Cuando el patrón trabajo reemplace al patrón oro seremos libres de verdad.

Las grandes empresas aéreas, marítimas y terrestres de propiedad de las grandes compañías norteamericanas venden los pasajes de acuerdo con su moneda nacional estadounidense como si Chile, o Argentina, Venezuela, etc., fuesen la nación estadounidense.

No existe piedad ni consideración para nadie; hay que pagar el equivalente en dólares aun cuando la moneda esté muy baja con relación al dólar.

Son relativamente muy pocos los habitantes de los países latinoamericanos que pueden darse el lujo de viajar a Europa o de visitar al Tío Sam (Estados Unidos).

El patrón oro tiene a la humanidad sumida en la miseria y el único camino para libertarnos de dicho patrón tiene un nombre: Industrialización.

Necesitamos la industrialización total del campo y de la ciudad, del pueblo y del villorio.

Cuando un país puede producir todo lo que consume se halla libre de verdad.

Es inútil intentar libertarnos con revoluciones de sangre y aguardiente.

Sólo por medio de la llamarada de la inteligencia, se puede lograr la libertad.

Resulta estúpido levantarnos en armas contra los Estados Unidos; nosotros necesitamos comprarle a los Estados Unidos y a algunas otras potencias lo que necesitamos porque todavía no somos capaces de producir lo que consumimos.

De nada nos sirve protestar si no somos capaces de producir aviones, buques, automóviles, materias primas de toda especie, máquinas agrícolas, etc., etc., etc.

Cuando los países latinoamericanos se desarrollen entonces el Tío Sam tendrá que tratarnos de igual a igual, mano a mano.

Desgraciadamente muchos países Latinoamericanos han firmado muchos tratados comprometedores con los Estados Unidos.

Algunos países han firmado tratados por medio de los cuales se comprometieron a no fabricar maquinaria, aviones, buques, etc., etc., etc.

La libertad cuesta muy cara y si los países latinoamericanos quieren de verdad hacerse libres, necesitan tener el valor de romper todos esos tratados comprometedores.

De cuando en cuando aparece en la América Latina algún estadista heroico y amante de la libertad.

Los mercaderes yanquis siempre intentan sobornar a tales estadistas, y cuando no lo logran entonces suelen financiar grandes conjuras secretas para asesinarlos o derrocarlos.

El yo de la codicia no ahorra medios por perversos que sean, para lograr sus fines; La codicia desemboca en el asesinato y muchas veces en las revoluciones de sangre y aguardiente.

Es necesario que los pueblos comprendan la necesidad de la industrialización nacional, todo lo que obstaculice el camino de la industrialización, obstaculiza el camino de la libertad.

Si en el pasado dimos la sangre por la libertad, ahora debemos estar dispuestos a sellar esa libertad con el sello de la perfecta comprensión.

No se trata de levantarnos en armas contra los Estados Unidos porque eso es estúpido, lo importante es únicamente romper valerosamente con aquellos tratados que obstaculicen la libre industrialización.

En la América Latina existen millones de hombres industriosos y grandes genios capaces de hacer maravillosos inventos, es necesario romper todos los tratados que impiden la libre industrialización de los pueblos.

Es indispensable libertarnos del patrón oro y establecer el patrón trabajo, esto sólo es posible mediante la industrialización total.

  1. Algunos dirán que hoy día ya no hay patrón oro, o que no lo hay desde Bretton Wods (por lo tanto antes de esribirse este libro), es cierto circunstancialmente, pero para entender que el patrón oro seguía vigente cuando se escribió este capítulo y que puede volver cuando menos lo esperemos, hagamos un poco de narración histórica de esa que raramente encontramos en la escuela o en la propaganda que se nos hace pasar por noticia. Entre el 1 y el 22 de julio de 1944, la "conferencia monetaria y Financiera de las Naciones Unidas", realizada en el complejo hotelero de Bretton Woods, (New Hampshire, Estados Unidos) fijó en Dólares el precio de todos los productos de comercio internacional (las monedas del mundo dejaban de tener convertibilidad al oro y se fijó un tipo de cambio con respecto al dólar; pero la divisa estadounidense seguiría respaldada por el metal precioso. El tipo de cambio se estableció en una onza por 35 dólares). Los países arruinados y arrasados de la europa recién salida de la 2ª guerra mundial, aceptaron este "nuevo orden –monetario y financiero– mundial" que les imponían los amos del dinero y que sabían que tenían que aceptar si querían financiación para reconstruir sus territorios devastados, básicamente por la promesa de que Estados Unidos no imprimiría más dólares de los que sus reservas en oro pudiesen respaldar (eso se conoció con el tiempo como "pacto entre caballeros" porque como en la práctica, la reserva de oro de Fort Knox (Kentucky) jamás admitió ninguna auditoría para demostrar que la emisión de moneda estadounidense era acorde a sus reservas (y tampoco se conoce en realidad la emisión verdadera de moneda más allá de lo que diga la propia reserva federal, que jamás ha sido auditada), era una especie de "dogma de fé" que los países aceptaban para acceder a créditos de reconstrucción. En los años previos a 1970, la guerra de Vietnam, que se alargó y costó mucho más de lo previsto, quedó claro a todas las naciones que Estados Unidos estaba imprimiendo mucho más dinero del que podía respaldar en oro, de modo que empezaron a preguntar a los Estados Unidos por su correlación oro-dólares ya que, de ser como sospechaban, la propia devaluación del dólar afectaba al valor del oro depositado por los países como reserva debido al cambio fijo a 35 dólares por onza (en otras palabras: si estados unidos "hacía trampa" imprimiendo más dinero que oro tenía en respaldo –como era evidente que hacía– empobrecía a los demás países. La situación llegó al límite cuando en 1971 Francia exigió disponer de su oro y Nixon se negó a devolverlo (no podía porque "el robo de la era" había sido sigilosamente perpetrado en Ford Nox, para entender esto remito al lector a esta otra nota), ocurriendo en ese momento lo que se llamó después: "El Nixon Shock": el cancelamiento unilateral de los acuerdos de Bretton Woods con la derogación del patrón oro mediante el fin de la convertibilidad directa del dólar americano con respecto al oro. La declaración de Nixon dice que tomaba estas medidas temporalmente, pero fueron permanentes, y para el resto del mundo que había confiado su oro a los Estados Unidos fue un robo total que no paró ahí. En 1973, Nixon acordó con el Rey de Arabia Saudí que este aceptase sólo dólares americanos en pago por el petroleo e invirtiese las ganancias en bonos del tesoro estadounidense, lo que equivale a soportar en "oro negro" la moneda hasta hace poco soportada en "oro", a cambio de ese respaldo en oro negro Estados Unidos proporcionaría defensa militar a los campos de petróleo. La misma "protección" se extendió para con todos los países productores de petróleo y para 1975, todo miembro de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) vendía su petróleo exclusivamente en dólares: Así se consolidó el "petrodólar". El patrón oro había desparecido. El arrancar al dólar del patrón oro y amarrarlo al petróleo, forzó a cada país importador de petroleo del mundo a mantener una reserva constante de "papel moneda estadounidense" para poder comprar petróleo. Esta es también la explicación verdadera de la primera guerra de Irak (1991), ocurrida precisamente tras el colapso del bloque comunista, cuando en teoría Estados Unidos quedó como primera potencia militar indiscutible, entonces, "misteriosamente" se invadió Irak, destruyéndose no sólo la infraestructura básica del ejercito sino otras de uso civil como hospitales y plantas depuradoras de agua, imponiéndose por Bush padre sanciones que evitaron reconstruirlas y que siguieron durante toda la era Clinton, y estimándose que esos más de 10 años se saldaron con la muerte de más de medio millón de niños directamente atribuible al retroceso del nivel de vida del país, ¿y cual es la razón verdadera de muriesen ese medio millón de niños? pues sencillamente que Irak empezó a vender su petroleo en Euros en noviembre de 2000 –bueno, realmente ahí sólo lo anunció, pero el infeliz dictador era inconsciente de que estaba atentando contra uno de los pilares de implementación de la agenda global, y contra todo pronóstico, su "inocente" acción desencadenó una respuesta que los ignorantes de estas cuestiones jamás se pueden explicar al comparar el coste económico de las guerras con el coste económico del petroleo que, en realidad, tampoco se expropió ni se robó: SINO QUE SE SIGUE PAGANDO EN DÓLARES (porque esa es la clave), lo entenderemos mejor en este comentario de Marcel Coderch comentando el libro «Petrodollar Warfare: Oil, Iraq and the Future of the Dollar», de William R. Clark (265 págs., New Society Publishers, Gabriola Island, British Columbia, Canadá, 2005): "La tesis de Clark, ampliamente documentada en el libro, va más allá de señalar al crudo como motivación básica de la guerra de Irak. Para el autor, Washington, en la práctica, ha sustituido el patrón-oro del sistema económico internacional de Bretton Woods por un patrón-petróleo, que exige que los países productores denominen el codiciado recurso en dólares. A medida que la economía estadounidense ha ido acumulando más y más deuda exterior, su salud ya no depende tanto de las magnitudes económicas convencionales como del mantenimiento del sistema de reciclado de petrodólares. Como dice Richard Benson, presidente de Speciality Finance Group, "en el mundo real -que no es el que nos venden Hollywood y los medios de comunicación- el factor que determina la prosperidad de EE UU es el sostenimiento del dólar como divisa de reserva internacional", y "eso sólo puede hacerse si los países productores de crudo fijan su precio en dólares". Y, para rematar: "Si hubo algo que hundió el último clavo en el ataúd de Sadam Husein fue su decisión de aceptar euros por oro negro". Otros, como Chris Cook, han llegado a señalar que: "los principales productores, como Irán y Arabia Saudí, se han dado cuenta de que el crudo no se denomina en dólares, sino que son éstos los que se valoran en petróleo". Para Clark, la razón última de la invasión de Irak está en la necesidad de detener el declive del estatus económico de EE UU como única superpotencia. Con ese objetivo han utilizado su abrumadora potencia militar para asegurarse el control estratégico del oro líquido iraquí y su denominación en dólares, enviando una señal a Irán, Venezuela, Rusia e incluso Arabia Saudí, que en algún momento habían pensado también en aceptar euros. El control político de las reservas iraquíes mantendría al dólar como divisa monopolística en el mercado mundial y perpetuaría el mecanismo que hace posible la expansión continuada del crédito internacional que financia los astronómicos déficit gemelos estadounidenses. Se trataría, pues, en cierta forma, de una guerra soterrada entre divisas, entre el dólar y el euro, lo cual explicaría el cisma que se abrió entre la Unión Europea y EE UU. En 1971, cuando Nixon suspendió la convertibilidad dólar-oro, Washington eliminó cualquier restricción a su capacidad de crear dólares. De esa forma, puede aplicar en cada momento las políticas fiscales que considere necesarias para mantener su hegemonía mundial. El único límite está en el volumen de deuda que el resto del mundo acepte, confiando en la solvencia de la economía de la superpotencia. Si, además, sólo es posible comprar petróleo con dólares, se asegura la liquidez de esa divisa y una demanda continuada, que mantiene su cotización, independientemente de sus déficit. Hasta noviembre de 2000, ningún país de la OPEP había violado este esquema. En esa fecha, Sadam Husein salió de un Consejo de Ministros y anunció que Irak pronto pasaría a denominar su crudo en euros. No está claro si lo hizo por iniciativa propia o animado por la UE. Fuera como fuera, Irak abrió una cuenta en euros en el BNP Paribas y depositó en ella los ingresos del programa Petróleo por Alimentos controlado por la ONU, que ascendían a 10.000 millones de dólares (unos 8.400 millones de euros). En los meses anteriores a la invasión, Rusia, Irán, Indonesia y Venezuela dieron muestras de querer seguir el ejemplo, amenazando con precipitar una caída del dólar en medio de una gran tormenta monetaria internacional que hubiera podido poner en peligro la solvencia del sistema financiero de EE UU. Estos intentos quedaron truncados cuando Paul Bremer, nombrado máximo responsable de la Autoridad Provisional de la Coalición el 3 de mayo de 2003, anuló la orden de Sadam y ordenó la transferencia de los fondos depositados en Francia a bancos de EE UU (lo cual paradógicamente, supuso para Irak una ganancia del 25% por la revalorización del euro frente al dólar). El 5 de junio de ese año –2003–, Financial Times informaba de que las ventas de oro negro iraquí volvían a denominarse en dólares. Como reconoce el autor, se trata de una interpretación de los acontecimientos que muchos no dudarán en relegar al baúl de las teorías de la conspiración, en lugar de analizar los datos y argumentos presentados. Se trata, en cualquier caso, de una explicación mucho más coherente que el conjunto de razones que la Administración Bush ha ido desplegando y retirando sucesivamente para justificar su intervención, y que explicaría la actitud que adoptaron Francia y Alemania, y también la del Reino Unido. Pronto tendremos ocasión de comprobarlo si, como anuncia Kamal Daneshyar, presidente de la Comisión de la Energía del Parlamento iraní, Teherán se decide a denominar su petróleo en euros para "demostrar a EE UU que no son los únicos que pueden infligir daños económicos a [los demás] y que Irán puede responderles con la misma moneda"". Bueno, dejo ahí la cita, el lector que venga siguiendo todas las disertaciones de estas notas podrá objetar ¿y qué más dará a la élite si se paga el petroleo en Euros o Dólares si todo es dinero de los bancos centrales? la verdad es que tanto la economía como la política mueven ficha, pero cualquier análisis falla porque nadie ve las cosas desde la trastienda del poder salvo el que tiene el poder, que en este caso son los amos del dinero ¿qué la política quiere ir a una guerra? ¡pues que vayan! La guerra es el mayor generador de deuda de todos, cuanta más deuda, antes caerá el mundo en sus manos. No perdamos de vista que la egemonía del petro-dólar sólo fue restablecida con el mundo inmerso en la segunda guerra de Irak (20/03/2003-18/12/2011), entonces ¿hace falta que diga algo sobre la excusa oficial de la guerra? La verdad es que sí, porque todavía queda gente bien entusiasmada por el progresismo o por el mundo de los negocios que se traga que se hicieron esas guerras (las de Irak, y luego la de Líbia) para apartar del poder a "gente mala" y poder tratar con "gente decente"..., el manido argumento lo vamos a desmontar aquí y ahora. El lector recordará como yo que en ocasión de la segunda guerra de Irak vimos por la tele cada día a Donald Rumsfeld –a quien luego vimos también azuzando el miedo a la gripe aviar (gripe A H1N1) mientras nos vendía (ya que es el ex presidente y aún uno de los mayores accionistas de Gilead S.A., la compañía madre de Roche Pharmaceuticals), el carísimo e inútil prefármaco oseltamivir que se distribuye con nombre comercial de Tamiflu (Roche), y en Colombia bajo el nombre de Tazamir (Procaps), cuyas afirmaciones –de Rumsfeld– que defendían la eficacia de Tamiflu contra las complicaciones fueron un factor clave en las decisiones tomadas por los gobiernos de todo el mundo para el acopio de estos medicamentos en la pandemia de 2009-2010. (Los EE.UU. gastaron más de 13000 millones de dólares en la compra de una reserva estratégica de antivirales mientras que en el Reino Unido el gobierno gastó casi 424 millones de libras para una reserva de unos 40 millones de dosis. En España el Gobierno dedicó 333 millones de euros en 2009 para la lucha contra la gripe A), luego fueron reconocidas como una estafa multimillonaria mundial–, pues a este Rumsfeld, es a quien vimos diciendo que la invasión se debía a que Irak tenía armas de destrucción masiva (no puedo resistir la tentación de poner aquí, aunque no venga ya a cuento del patrón oro, un trozo de cierto arículo periodístico publicado por la BBC- MUNDO el 4 de febrero de 2004): "RUMSFELD DEFENDIÓ LA GUERRA EN IRAK: "Estoy convencido de que el presidente de EE.UU. hizo lo correcto en Irak. Que no haya dudas", afirmó Rumsfeld. "El mundo es hoy un lugar más seguro y el pueblo iraquí está mucho mejor gracias a esa acción". Así lo señaló ante el Comité de Servicios Armados del Senado, donde los legisladores lo interrogaron por el fracaso de hallar dichas armas, a pesar de que fueron la justificación para la guerra. Rumsfeld comparece ante este comité una semanas después de que David Kay, el ex jefe de los inspectores estadounidense en Irak, señalará que no creía que el régimen tuviera dichos arsenales cuando fue el país fue invadido. "Existe la teoría de que las armas de destrucción masiva pudieron no existir al inicio de la guerra. Supongo que eso es posible, pero improbable", manifestó el secretario de Defensa. DECLARACIONES DE DIFUSIÓN MASIVA: Tanto Rumsfeld como el propio presidente George W. Bush, usaron como principal argumento para ir a la guerra la existencia en Irak de armas químicas y biológicas, así como de un programa nuclear. Por ejemplo, el 19 de septiembre de 2002, Rumsfeld dijo ante el Congreso que: "Saddam Hussein ha acumulado grandes arsenales clandestinos de armas biológicas, incluido el agente VX, gas sarín y gas mostaza". En marzo del 2003, poco antes de comenzar la invasión, llegó a decir que el gobierno sabía que Saddam Hussein: "sigue escondiendo armas biológicas y químicas, y que las cambia de localización cada 12 o 24 horas, situándolas en barrios residenciales". Ya durante la guerra, fue más allá y declaró: "sabemos donde están las armas de destrucción masiva"". Dejo aquí este artículo pero, antes de terminar, es bueno saber que al igual que sus movimientos políticos en relación a la gripe aviar tenían por fundamento ser dueño de la farmacéutica que produce el inútil medicamento que él hizo comprar a precio de oro y en cantidades ingentes a todas las naciones, sus gestiones en pro de la guerra son aún de más rancio arraigo, ya que durante más de una década formó parte del Consejo de Administración de ABB, puesto que abandonó precisamente para entrar en el Gobierno de George Bush como Secretario de Defensa, empleo que ya había desempeñado antes en el Gobierno de Gerard Ford (como dato curioso hay que señalar que en el 2000, un año antes de ser nombrado ministro de defensa, vendió 2 reactores nucleares a Corea del Norte, en la época que formó parte del Consejo de Administración ABB), ¿y qué es ABB dirá el lector? ABB (Asea Brown Boveri) es una empresa multinacional con sede en Zurich (Suiza) que está implantada en más de 100 países y cuenta con 130.000 empleados. En España cuenta con 2.341 empleados. En 1988 la empresa sueca ASEA se fusionó con la Suiza Brown Boveri dando lugar a la actual ABB, una corporación nominalmente dedicada a la tecnología de producción y transporte de energía, pero con una división secreta de armamento que hace de todo, principalmente las más modernas armas que sólo por las películas sabemos que existen, para hacerse una idea de su importancia, basta mencionar que en el Consejo de Administración de ABB han estado personajes como Peter Sutherland (actualmente Presidente de la Comisión Trilateral, Presidente de Golmand Sachs Internacional y Directivo del Club Bilderberg, y que anteriormente ha desempleñado entre otros cargos el de Director de la Organización Mundial del Comercio, y el de Presidente de British Petroleum). ABB es una empresa de armamento propiedad de la familia Wallenberg, a quienes muchos consideran –aunque eso sí: erróneamente– la sucesora en poder económico tras la legendaria familia Rothschild, y que arrastra una extensa leyenda negra, como grandes incrementos de su riqueza con los lucrativos negocios que hicieron con Alemanía durante la época Nazi, o como haber sido acusados de conseguir mediante sobornos importantes licitaciones, entre otros muchos con el gobierno Egipcio de Mubarak, depuesto tras la primavera árabe. Están acusados de vender armas a las dictaduras más sanguinarias del planeta. Fueron muchos en Suecia los que vieron la mano de los Wallenberg detrás del asesinato en 1986 del primer ministro Sueco Olof Palme –la película sueca "El último contrato" del director kjell Sundvall acusa directamente a Peter Wallenberg de inducir el asesinato del entonces presidente del Gobierno Sueco–. El segundo accionista en importancia de ABB tras la familia Wallemberg es el fondo de inversiones Blackrock Inc. del que también se podría hablar mucho. Otros accionistas importantes de ABB son JP Morgan Chase o Citigroup. Pero ¿dónde está el interés de Rumsfell en la guerra de Irak? Pues en que ABB es en la práctica el proveedor de electricidad, electrónica y robótica, de todas las empresas que fabrican los temibles DRONES o vehículos aéreos no tripulados (VANT en su acrónimo castellano), que son el arma que más directamente pone el poder militar bajo control directo de la élite (sin intervención humana: ya tenía la élite un sistema sin intervención humana a escala global con el concepto de destrucción mutua masiva del poder nuclear y su red de ordenadores de lanzamiento (de dónde por cierto surgió Internet), pero esto es lo mismo en forma selectiva y a pequeña escala). En palabras de Javier Couso, –hermano del asesinado reportero gráfico José Couso a manos de militares estadounidenses durante la invasión a Irak en 2003–, tomadas de su artículo: "LA DOCTRINA RUMSFELD: ALTA TECNOLOGÍA Y PRIVATIZACIÓN DE LA GUERRA": "Rumsfeld es impulsor, desde 2001, del falsamente llamado «Escudo antimisiles», que pretende dejar fuera de juego a Rusia al obligarle a emprender una nueva carrera de armamentos, dejando el peso de esta iniciativa a los países europeos de la OTAN (más Turquía). Polonia, Rumania y España son actores destacados. Unos ponen bases de misiles y nuestro país aporta los mejores y más modernos medios navales, las fragatas dotadas con el sistema AEGIS. Lo importante del pensamiento de Rumsfeld no es tanto el concepto estratégico que, como ya hemos visto, bebe del de Brzezinsky, sino su aplicación táctica novedosa que da el pistoletazo de salida a la preeminencia de alta tecnología fusionada con el pensamiento neoliberal de privatización de áreas y recursos, los cuales en la concepción de Estado Nación tradicional estaban en manos exclusivas del Estado. Esta idea es la que hace que, para mantener esa pequeña fuerza estatal, se recurra a ceder a la iniciativa privada áreas de seguridad e información vitales. Funciones asumidas inmediatamente por empresas de seguridad, conocidas popularmente como «contratistas», eufemística manera de llamar a lo que siempre ha sido el alquiler de soldados de fortuna o mercenarios. A partir de las invasiones de Afganistán e Irak asistimos a la proliferación de esta privatización de la guerra y de la inteligencia, que lleva a crear grandes empresas con más poder que algunos países. Sus beneficios inmediatos convencen a los gobiernos: son más baratas de mantener que las estructuras castrenses tradicionales, no tienen responsabilidades fuera del tiempo de contrato y a la vez se encauza el negocio a sectores ideológicamente afines que podrán llegar a donde la propias Fuerzas Armadas, algo constreñidas por el Derecho Internacional Humanitario, no conviene que lleguen". Y más adelante en el mismo artículo: "Al principio el concepto «complejo militar industrial» se oponía frontalmente a los planes de Rumsfeld, pero la realidad nos demuestra que finalmente hubo una adecuación de los mismos ya que el presupuesto de Defensa aumentó con una orientación más tecnológica y los emporios que se dedican a la construcción de material militar de alta tecnología salieron reforzados". ABB está en la lista Fortune Global 500 como una de las multinacionales más poderosas del planeta. Bueno, lo dejo aquí, ¿a cuento de qué esta historia de mentiras dichas por Rumsfed para hacerse millonario a costa del sufrimiento incalculable de millones de personas? Pues porque me pregunto si ¿es esta la "gente decente" que "buenos chicos" como Marrtin Varsavsky justifica que hay que poner en el poder (incluso a golpe de invasión, mientras el estilo de vida del que eso dice puede resumirse en una de sus frases: "He usado a la vez y durante muchos años un iPhone y un Android."), porque que nadie se engañe: esa es la "democracia" impuesta a fuerza de intervención militar por el mundo. Para retomar el tema y concluir: Hasta el 15 de agosto de 1971, cuando el trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos Richard Nixon –sí: el del escándalo Watergate, otra "persona decente" de las que le gustan a Varsavsky, que habla de: "mito de las guerras por el pretróleo"– decretó el fin de la necesidad de que los dólares estuvieran respaldados por oro, debe entenderse que existió el patrón oro, año en que fue conveniente eliminarlo básicamente para poder emitir más dolares y poder aumentar la deuda estadounidense que con este sistema repercute a todos los países. Ahora ya no hay patrón oro, pero el FMI controla 2 tercios del oro mundial, con lo cual si llegásemos a volver al patrón oro –que es una solución que en el futuro ellos propondrán para cuando estimen que nada amenaza su monopolio sobre el oro–, sólo afianzaríamos el poder de los amos del dinero actuales. En este sentido más bien, debido a lo recurrente que ha sido y será este patrón oro, es que el maestro le dedica un capítulo en este libro, y no por el mero hecho de que fuese uso y costumbre en el momento en que se escribió.