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Las Rosas de Cirio
En cierta ocasión, estando yo, AUN WEOR, en la estrella de Cirio, vi a lo lejos unos árboles penetrados cada uno de ellos por damas de una belleza inefable y conmovedora.
Aquellas damas me llamaron para que me acercara a ellas; eran damas elementales encarnadas en aquellos arbustos. Su voz melodiosa era música de Paraíso: conferencié con ellas y luego me alejé admirado de tanta belleza.
Aquél planeta tiene dilatados mares, y los habitantes de esta estrella jamás han matado ni a un pajarillo. Su organización social sería magnífica para nuestro globo terráqueo; se acabarían todos los problemas económicos del mundo, y reinaría la felicidad sobre la faz de la tierra.
Los Cirianos son pequeños de estatura y tienen todos sus sentidos internos perfectamente desarrollados; visten sencillamente con túnicas humildes y usan sandalias de metal.
Todo Ciriano vive en una pequeña casita de madera, y no hay casa que no tenga una pequeña huerta donde el dueño de casa cultiva sus alimentos vegetales. También posee el dueño un pequeño jardín donde cultiva sus flores. Allí no viven capitalistas ni tampoco existen ciudades ni terratenientes; por lo tanto la gente de Cirio no conoce el hambre ni la desgracia.
En el jardín del gran templo del Dios Cirio, existen unos rosales desconocidos en nuestra tierra, cada rosa de ese jardín es de varios metros de tamaño, y exhala un perfume imposible de olvidar. La magia de las rosas es algo divino e inefable.