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Capítulo 36. Crímenes contra el Pueblo

Los mercaderes de la Tierra están envenenando a los pueblos con alimentos adulterados[1]. En distintas ciudades del Mundo, ya las gentes no toman café ni beben leche. El café que venden muchos mercaderes pervertidos, está elaborado con sangre de res, torta de maíz añeja (Tortilla en Centro América y México, arepa de maíz en Colombia etc., etc., etc.) garbanzo quemado, maíz quemado, azúcar quemado, etc. La leche de las grandes ciudades es en parte leche y en parte agua y otras sustancias químicas. Ésta clase de café y esta clase de leche está Intoxicando a millones de niños y adultos. Los pobres trabajadores gastan su dinero torpemente en esta clase de artículos de primera necesidad, no sabiendo que con ellos no solamente van a destruir su salud sino también la de sus hogares. Los mercaderes de la Tierra no se tientan el corazón para vender en los mercados carnes de perro, caballo, burro y parece Increíble pero es cierto y muy cierto que muchas veces hasta venden carne HUMANA[2]. En cierta ciudad cuyo nombre no menciono, una VIEJA perversa asesinaba niños y las carnes de sus cadáveres las utilizaba para preparar tamales. Afortunadamente la policía descubrió a este monstruo del crimen y después de ser juzgada fue condenada a prisión por cuarenta años. Muchos comerciantes inescrupulosos anuncian vinos de uva de la mejor calidad, pero los tales vinos anunciados por esos malvados son únicamente productos elaborados con distintas sustancias químicas perjudiciales para la salud de todos los ciudadanos[3]. Está comprobado que en la República hermana de Costa Rica Centro América, cierta clase de codiciosos mercaderes al margen de la ley están envenenando al pueblo con un vino dañoso elaborado en forma empírica y sin responsabilidad alguna[4]. El fermento de dichas sustancias encerradas dentro de sus recipientes se torna tóxico y hasta terriblemente venenoso. En la Rusia Soviética esta clase de crímenes contra el pueblo son castigados con la pena de muerte, pero como nosotros los defensores de la verdadera democracia consideramos que no tenemos derecho a quitarte la vida a nadie, conceptuamos mejor diciendo que esta clase de delincuentes deben ser encerrados en reformatorios especiales. Ya en nuestro libro el «CRISTO SOCIAL» hablamos extensamente sobre el problema carcelario, y dijimos que las cárceles son Escuelas de corrupción y no corrigen a nadie, pero si corrompen a todo el mundo. En el «CRISTO SOCIAL» abogamos por verdaderos reformatorios penales situados en colonias agrícolas donde los penados pudieran trabajar la tierra y tener sus domicilios y sus mujeres e hijos para resolver el problema sexual. También dijimos en el «CRISTO SOCIAL» que en dichos reformatorios deberían haber escuelas primarias, secundarias y talleres para aprender distintos oficios. Abogamos también porque en dichos reformatorios haya conferencias, bibliotecas, cine ilustrativo y psicólogos expertos que estudien las aptitudes vocacionales de cada penado a fin de que estos aprendan el arte u oficio o profesión que les permitan ganarse la vida. Ya todo está dicho en el «CRISTO SOCIAL» y consideramos que no necesitamos seguirlo repitiendo. Ahora sólo queremos aclarar la necesidad de sancionar severamente toda esta clase de crímenes contra el pueblo. Es absurdo que los gobiernos continúen tolerando a esos mercaderes codiciosos que envenenan al pueblo. Cuantas madres reciben con alegría al lechero que lleva la leche, sin saber que esa leche es un compuesto de productos químicos que van a dañar la salud de sus niños. Cuantos padres de familia llegan tardísimo a casa debido al intenso trabajo necesario para ganarse la vida y felices con ese dinero, ganado honradamente con el sudor de sus frentes, compran el pan, el café, la leche, la carne, etc., etc., etc., sin sospechar que ese café no es café, y que esa leche no es leche, y que esa carne es de perro o de burro o de caballo. Así los infelices padres de familia, dan a sus hijos muchas veces muerte en vez de vida en forma inocente[5]. Los asesinos del pueblo viven muy tranquilamente sin que la justicia humana los alcance. No es justo que los gobernantes de la tierra continúen tolerando a los asesinos del pueblo. Los gobernantes deben corregir todos estos errores y acabar con estas lacras sociales si no quieren también ser victimas[6]. Los cargos oficiales son temporales y los gobernantes de hoy serán mañana ciudadanos comunes y corrientes que tendrán que experimentar en carne viva aquellos errores que habiendo podido corregir a tiempo, no fueron capaces de corregir. EL PARTIDO SOCIALISTA CRISTIANO LATINOAMERICANO debe propagar a los cuatro vientos para bien de la humanidad este capítulo titulado CRÍMENES CONTRA EL PUEBLO[7].

  1. El fraude de los aditivos químicos a los alimentos es inenarrable y criminal, causa repugnancia a la inteligencia y habla de una maldad y un egoísmo sin límites. Y aunque parezca mentira la masa adormecida ni remotamente sospecha sus implicaciones (normalmente ni siquiera sabe hasta dónde se han atrevido los "adulteradores de alimentos" a manipular el sustento que la madre naturaleza da a sus hijos). Hoy en día la industria se jacta de que ha resuelto un reto alimentario (la previsión de Malthus de que el aumento de la población redundaría en hambruna generalizada) a base del milagro de los fertilizantes químicos y aditivos que alargan la vida útil de los alimentos, pero esa jactancia esconde el hecho de que se nos está envenenando a sabiendas. Además es inevitable que el suministro de alimentos sea usado como mecanismo de control poblacional por la incidencia directa de la calidad de los alimentos en el grado de salud corporal (si se quiere reducir la población y lucrarse con ello al mismo tiempo, la industria no tiene más que privarnos de ciertos nutrientes para que enfermemos: no sólo ni una persona en mil se dará cuenta de la manipulación sino que en vez de morir batallando lo haremos gastando nuestro dinero en medicamentos inútiles). En un mundo cruel como este esta posibilidad no sólo no se puede obviar sino que como paso a documentar seguidamente (eludiendo a propósito aquellos argumentos que no son fácilmente demostrables), esta es exactamente la situación actual. Empecemos por uno de los grandes fraudes de la industria relacionado con un elemento de obligatoria ingesta: el agua. Esta se contaminó con flúor. La mayoría de la gente ignora tanto las implicaciones de este hecho como su terrible lógica. Afortunadamente hay un artículo en el número 155 de Discovery Salud (diciembre de 2012) que nos aclara perfectamente el hecho: "LOS GRAVES PELIGROS DEL FLÚOR: El flúor empezó a utilizarse en Estados Unidos en 1945 argumentándose simplemente que existía "una correlación estadística entre la fluoración del agua y una menor incidencia de caries". Sin embargo numerosos estudios científicos posteriores constatarían que su consumo provoca a la larga graves daños en dientes, huesos, hígado, cerebro y células reproductivas; un problema grave porque la fluorosis se considera irreversible al ser el flúor un veneno acumulativo. Bueno, pues se nos sigue vergonzosamente intoxicando porque hoy aún está presente en el agua, la pasta dental, las bebidas embotelladas, los alimentos procesados y deshidratados, los cereales, las bebidas sin alcohol, la sal, el té o el vino. El flúor está presente ¡hasta en las leches para bebés y en el teflón de las sartenes! Inconcebible. Flúor es una palabra de origen latino que significa "fluir" y el elemento químico que designa es efectivamente el más inquieto de la Tabla Periódica ya que reacciona y forma compuesto prácticamente con todos los elementos. De hecho no se consiguió aislar hasta 1886 porque al separarlo de unos compuestos se unía inmediatamente a otros. Cabe añadir que los compuestos que contienen flúor –tanto orgánicos como inorgánicos– se llaman fluoruros y están presentes en el aire, el agua, el suelo y los organismos vivos de forma natural o como consecuencia de intervenciones humanas. Solo que el flúor es tan inestable y peligroso que la sabia naturaleza lo mantiene habitualmente custodiado por otros elementos ("atrapado" en forma de fluoruro") y aun así posee una enorme capacidad para reaccionar con grandes moléculas – como las proteínas o el ADN– alterando su estructura y provocando efectos tóxicos que pueden llegar a ser mortales. Siendo uno de los más peligrosos efectos de esa capacidad reactiva el de paralizar el funcionamiento de las enzimas, esenciales para el funcionamiento de la vida. Y como quiera que únicamente se ha estudiado una pequeña parte de las decenas de miles de enzimas que nuestro organismo utiliza, es imposible saber con precisión hasta dónde puede llegar el daño de los fluoruros. Sí se sabe con seguridad en todo caso que afecta negativamente a la tiroides provocando problemas de obesidad, problemas neurológicos, perturbaciones del sueño y de la memoria, depresión, cambios de conducta, pérdida de iniciativa y deterioro intelectual. Quizás no sea casualidad pues la enorme proporción de estadounidenses que padece problemas de obesidad o el hecho de que uno de los fármacos más recetados en Estados Unidos –país pionero en la fluoración del agua– sea el Synthroid, recetado para la disfunción de la tiroides. ¿Y cuáles son los principales síntomas de una intoxicación aguda con fluoruros? Pues fatiga crónica, dolor de cabeza, sequedad de garganta, irritabilidad del tracto urinario, debilidad muscular, espasmos, hormigueo en manos y pies, náuseas, sarpullidos, úlceras bucales, pérdida de agudeza mental, nerviosismo, mareos, depresión y trastornos visuales. La diferencia es que mientras algunos compuestos de flúor son muy tóxicos incluso a dosis extremadamente bajas otros provocan un envenenamiento lento y silencioso. El ácido fluorídrico –muy utilizado en la industria– puede matar un animal estando presente en dosis de apenas 15 miligramos por metro cúbico –en una concentración tan baja que no se detecta por el olor– al causarle daños pulmonares, hepáticos y renales. Y actúa sigilosamente porque si por ejemplo cae encima de la piel uno no se da cuenta de nada al principio pero luego, poco a poco, termina de forma lenta y dolorosa carcomiendo hasta los huesos. ¿DÓNDE ESTÁ EL FLÚOR? La mayoría de la gente relaciona el flúor con la higiene dental ya que está presente en dentífricos, enjuagues bucales e incluso chicles cuyos fabricantes utilizan como reclamo su presencia para prevenir las caries. Y, sobre todo, en el agua. De hecho, como antes adelantamos, fue en 1945 cuando en Estados Unidos se comenzaron a fluorar las aguas de consumo humano para prevenir las caries siguiendo luego su ejemplo muchos países. De ahí que hoy un porcentaje importante de la población mundial lo esté consumiendo diariamente sin saberlo (vea el recuadro adjunto). En Europa sin embargo la mayoría de los países decidió suspender o prohibir la fluoración. Así lo hicieron Alemania, Francia, Italia, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Austria, República Checa, Bélgica y Luxemburgo; pero no España, uno de los poquísimos que decidieron seguir el ejemplo estadounidense. Menos conocida en cualquier caso es la presencia de compuestos fluorados en las aguas embotelladas y en numerosos alimentos: sal, té, vinos, cervezas, cereales, zumos, bebidas sin alcohol, carnes deshuesadas e incluso leches especialmente formuladas para bebés. Es más, un compuesto de fluoruro –el poli-tetra-fluoro-etileno (PTFE)– es el teflón de las sartenes que puede ser peligroso si se degrada con el tiempo y las altas temperaturas. Además diversos compuestos de flúor se utilizan en la producción de insecticidas, aluminio, plásticos y fertilizantes o son lanzados al aire como subproducto de acerías, centrales eléctricas o refinerías de petróleo. Añadiremos también que los fluoruros son componentes fundamentales de algunos medicamentos anestésicos y psicofármacos; son por ejemplo los casos de antidepresivos como el Prozac, antibióticos como Cipro y diversos tranquilizantes. En suma, nos hemos habituado a que la industria utilice todo tipo de materiales peligrosos y tóxicos pero por lo que respecta al flúor, ¿cómo es posible que una sustancia que tiene un potencial tóxico superior incluso al plomo pueda estar usándose en productos de uso cotidiano y medicamentos? ¿Y cómo se administra a grandes masas de población sin su conocimiento o aprobación añadiéndola al agua de consumo humano pisoteando sus más elementales derechos? Pues bien, una vez más nos vemos en la obligación de contar una historia terrible, una historia que relaciona la supuesta prevención de caries mediante compuestos fluorados ¡con el Proyecto Manhatan del que salió la bomba atómica que arrasó Japón, la Guerra Fría, la poderosa industria estadounidense y la CIA! PRIMERAS INVESTIGACIONES: La historia que relacionaría el flúor con los dientes comenzó en 1888 cuando un médico alemán apellidado Kuehns planteó la posible relación de manchas en los dientes de los habitantes de la ciudad mexicana de Durango con las aguas de una fuente rica en manganeso y hierro. Poco después, en 1901, J. M. Eager, médico del Servicio de Salud Americano enviado a Italia, informó de la posibilidad de que el consumo de ciertas aguas estuvieran ennegreciendo los dientes de los habitantes de Pouzzoli, un suburbio de Nápoles. Pero la investigación más conocida la realizó Frederick Sumner McKey a principios del siglo XX en la ciudad minera estadounidense de Colorado Springs a partir de la cual emitió un informe en el que llegaba a estas conclusiones: 1) las manchas observadas en los dientes se debían a imperfecciones del esmalte; 2) sólo las tenían personas nacidas en la zona de Pikes Peak donde se situaban las minas de oro; y 3) los dientes afectados eran más resistentes a las caries. McKey apuntó como causa de las manchas "algo" que había en el agua de consumo. En 1931 la mayor productora de aluminio estadounidense, la Compañía de Aluminios de América (ALCOA) –fundada por las poderosas familias Mellon y Carnegie–, temerosa de que se pudiera difundir la idea de que las cacerolas y sartenes que fabricaba fuesen peligrosas decidió realizar una investigación en Bauxite (Arkansas, EEUU) –donde tenía una de sus fábricas– y detectó que el agua contenía 13,7 partes por millón (ppm) de flúor. Hoy se sabe que bastan 4 ppm para provocar una fluorosis que fue de hecho el nombre que finalmente se dio a las manchas oscuras en los dientes tras establecerse mediante experimentos controlados que efectivamente las provocaba el flúor. Luego, ¿cómo se explica que sabiendo esto las autoridades aceptaran añadir flúor al agua aún alegando que su presencia permitía prevenir las caries? Pronto lo sabrá el lector. LA TOXICIDAD DE LA PIEDRA DE HIELO: A principios del siglo XX se descubrió en la colonia danesa de Groenlandia una enorme veta de roca mineral rica en fluoruro llamada criolita –que en griego significa "piedra de hielo"– que se abandonaría al agotarse en 1987 pero que hasta entonces se transportó en barcos hasta Copenhague siendo llevada desde allí hasta la Oresund Chemical Works, una fábrica sumida siempre en una espesa nube de criolita cuyos obreros padecían una extraña parálisis conocida como "espalda de póker". Y eso hizo que a finales de los años treinta se encargara al Subcomisionado de Salud de la ciudad, Kaj Eli Roholm, que investigara la dolencia al sospecharse que el responsable podía ser el flúor ya que conforma el 50% de la criolita. Roholm inspeccionó pues a los trabajadores y encontró dientes en mal estado, artritis, problemas estomacales, sarpullidos y úlceras; observando que los dientes en peor estado tenían más cantidad de flúor y que las madres obreras lactantes habían terminado intoxicando a sus hijos pues también tenían los dientes manchados a pesar de no trabajar en la fábrica. Su conclusión fue clara: "La suposición general de que el fluoruro es necesario para la calidad de los dientes se basa en información deficiente. El actual conocimiento indica claramente que el fluoruro no es necesario para la salud de ese tejido sino que, por el contrario, el esmalte dental es especialmente sensible a los efectos perjudiciales del fluoruro". De ahí que su recomendación médica fuera tajante: "El uso terapéutico de los compuestos de fluoruro, al menos en niños, debe cesar". Roholm continuaría investigando y viajó a otros lugares en los que se sospechaba podía haber intoxicaciones por flúor pues para entonces éste se había convertido en la base de numerosos procesos industriales, sobre todo en la fundición de metales y fabricación de ladrillos, vidrio, barnices y fertilizantes así como de un nuevo gas refrigerante desarrollado por la empresa DuPont en Nueva Jersey que sería bautizado cono freón y que no es sino un compuesto gaseoso de clorofluorocarbonos / clorofluorocarburos (CFC). Tras su investigación Roholm no albergó ya dudas y propuso que se reconociera la intoxicación crónica por fluoruro como enfermedad laboral a compensar, se prohibiera la contratación de mujeres y jóvenes para trabajar con compuestos de fluoruros, se exigiera a la industria que neutralizase los productos de desecho que contuvieran fluoruro y se valorase prohibirlo en los fármacos. Sin embargo se hizo caso omiso –en todo el mundo– de sus recomendaciones. INVESTIGACIONES SECRETAS: Como cabía esperar cuando algunas grandes corporaciones industriales vieron que se criticaba con dureza el uso del fluoruro se sintieron amenazadas y decidieron pasar a la acción a fin de proteger sus multimillonarios negocios. Especialmente una vez que la Compañía de Aluminios de América (ALCOA), tras una investigación secreta efectuada en las cercanías de su gigantesca fábrica de Massena (Nueva York, EEUU), confirmó la relación entre el flúor y las manchas dentales. DuPont y General Motors contratarían por su parte a Robert Arthur Kehoe quien ya había logrado "convencer" a las autoridades de que el plomo de la gasolina es inocuo –sin comentarios– evitando con ello que se regulara su uso y ahorrando cientos de millones de dólares a la industria que le recompensó nombrándole Director Médico de Ethyl Corp, una empresa que comercializaría gasolina con plomo vertiendo a la atmósfera entre 1927 y 1987 miles de toneladas lo que provocó al menos –según el propio Gobierno estadounidense admitiría mucho tiempo después– unos 5.000 muertos al año y problemas a 68 millones de niños que terminarían sufriendo problemas cardíacos, daños neurológicos y/o problemas de aprendizaje. Es más, Kehoe llegaría a convertirse en una influyente figura del estamento científico y médico ocupando a lo largo de los años la presidencia de la Academia Americana de Medicina Laboral y Medioambiental así como la de la Asociación Americana de Higiene Industrial; asimismo fue asesor del Servicio de Salud Pública de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y de la Comisión de Energía Atómica. Y por si fuera poco perteneció a la junta editorial de importantes revistas científicas. Siendo su principal colaborador Edward Largent quien llegó a meterse él mismo junto a su esposa e hijo en una cámara del Laboratorio Kettering –cuya creación financiaron Ethyl Corp, DuPont y General Motors y también dirigía Kehoe– que contenía ácido fluorídrico –gas enormemente tóxico incluso a bajas dosis que puede causar hemorragia pulmonar y daños hepáticos y renales así como la muerte de animales con solo 19 ppm– a fin de demostrar que ese gas no tiene efectos negativos. Obviamente se equivocó y toda su familia acabó enfermando con el tiempo; de hecho él mismo murió a causa de ello. Sin embargo aquella acción, dado que los efectos negativos se producen lentamente, sirvió para que Kehoe pudiera hacer frente a las demandas que se habían presentado contra ALCOA, DuPont y US Steel y, además, que el freón pudiese convertirse en el principal refrigerante mundial, tanto en los hogares como en la industria. INTOXICACIÓN PATRIÓTICA: Entre tanto, en una gigantesca fábrica que tuvo el nombre clave de K-25 sita en Oak Ridge (Tennessee, EEUU), el general Leslie C. Groves dirigiría una operación secreta cuyo objetivo era construir la infraestructura para fabricar la primera bomba atómica: el llamado Proyecto Manhattan. Proyecto en el que el flúor se convirtió en el elemento esencial que aseguraría su producción ya que el uranio se mezcla con el flúor para formar el hexafluoruro de uranio que posteriormente se enriquece en miles de etapas sucesivas para las que se requieren toneladas de hexafluoruro si se quiere conseguir la suficiente cantidad de uranio enriquecido. Lo que obligó a contratar procesadoras en diferentes zonas del país que suministrarían alrededor de una tonelada diaria que sería transportada hasta allí en camiones. Siendo la llamada Área C una de las plantas que funcionaban en secreto –estaba protegida por una valla de alambre de púas en pleno centro de Cleveland (Ohio, EEUU)– y en la que únicamente se contrató a jóvenes afroamericanos. Hoy sabemos que el fluoruro producido en esas plantas como residuo se ventilaba en secreto –a veces por la noche– y lentamente pero sin pausa fue cayendo sobre las poblaciones de Nueva Jersey, Pensilvania, Kentucky, Tennessee y Ohio incrementándose la cantidad cuando durante la Guerra Fría se decidió acumular un arsenal nuclear y se construyeron más fábricas. Pieza clave de ese proceso fueron los fluorocarburos, fabricados en grandes cantidades por DuPont a un terrible precio: la salud y la vida de muchos de sus trabajadores. Así narraría el periodista de la BBC Bryson Christopher el que quizás fuera el primer accidente fatal debido al fluoruro de la época: "El 15 de enero de 1944 se informó al coronel Warren de que un asistente de laboratorio, un ingeniero químico y 'una joven asistente técnica' que trabajaban en la producción de teflón para el programa atómico fueron expuestos a gases residuales. Doce horas después presentaron falta de aliento y a las 36 horas los tres tuvieron que ser hospitalizados. El ingeniero químico logró recuperarse pero los dos asistentes murieron de forma horrible 'con coloración púrpura e incapaces de respirar'. La joven de 23 años murió a los diez días revelando la autopsia que sus pulmones se parecían a los de una víctima de ataque con gas venenoso de la I Guerra Mundial. Al sospechar el ayudante del coronel Warren, el capitán John L. Ferry, que los gases de DuPont contenían 'ciertos oxifluoruros' sugirió que el Ejército 'investigara la posibilidad de usar esa sustancia como gas venenoso'". Pues bien, en 1997 se desclasificó la información secreta relativa a la planta K-25 sabiéndose entonces que durante los primeros meses de funcionamiento –entre junio de 1945 y octubre de 1946– se produjeron allí en realidad ¡392 "incidentes químicos" con hexafluoruro de uranio, 58 con flúor, 21 con ácido fluorídrico y 6 con fluorocarburos! (solo que ya hemos visto antes a qué llamaban "incidentes"). Así que es obvio que el precio que muchos estadounidenses pagaron por las masacres de Hiroshima y Nagasaki fue más alto de lo que muchos piensan. Lo inaudito es que en 1945 los funcionarios de la planta K-25 lanzaron sobre el pueblo vecino de Poplar Creek ¡227 kilos diarios de fluoruros! Calculándose que sólo en 1955 lanzaron 280.000 kilos y que a mediados de los años 80 sólo la planta de Portsmouth vertía anualmente ¡más de quince toneladas de fluoruros! EL "PROYECTO F": LOS SECRETOS DE LA GUERRA FRÍA: En suma, la maquinaria industrial y militar que estaba construyendo la bomba atómica –y posteriormente el arsenal nuclear acumulado durante la Guerra Fría– se enfrentaba a un enorme dilema: reconocer o no el peligro del flúor y de algunos de sus derivados. Porque era obvio que si aceptaban públicamente la toxicidad de su materia prima fundamental y que los residuos estaban dañando la salud no ya de todos los trabajadores sino de la gente de poblaciones cercanas se enfrentarían a una auténtica oleada de demandas. Así que se prepararon y los abogados de las principales empresas implicadas –ALCOA, Aluminum Company of Canada, US Steel, Kaiser Aluminum & Steel, Reynolds Metals Company, Monsanto Chemical, La Administración del Valle de Tennessee, Tennessee Corporation, Victor Chemical y Food Machinery & Chemical Corporation se organizaron en un grupo que ellos mismos denominaron Comité de abogados del flúor que se coordinaría con los médicos y científicos a sueldo de las compañías. Además crearon en la Universidad de Rochester (Nueva York, EEUU) el laboratorio médico más grande de la nación que se conocería como El anexo Manhattan y se convertiría tras la II Guerra Mundial en la piedra angular de la Toxicología de Estados Unidos con miles de científicos estudiando las sustancias implicadas en la bomba. Siendo ahí donde se contrataría al bioquímico y toxicólogo Harold Hodge para liderar el Proyecto F, nombre que recibiría la investigación sobre la toxicidad del flúor. Es más, Hodge supervisaría también durante los últimos meses de 1945 experimentos en los que se inyectó uranio y plutonio –sin su conocimiento– a pacientes del Hospital Strong Memorial, cuyo edificio se había comunicado mediante un túnel con El anexo Manhattan. Su recompensa por tales servicios, incluida la ocultación en 1943 de los resultados que demostraban la enorme toxicidad del flúor evitando el desastre a las compañías relacionadas con el Proyecto Manhattan, fue su elección como presidente del Comité de Toxicología del Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos. Convirtiéndose gracias a ello ¡en el principal promotor de la fluoración del agua en su país!. EL FRAUDE SE PONE EN MARCHA: Debemos decir que precisamente en 1943 se presentó la primera demanda contra esas compañías y la iniciaron agricultores de la zona más fértil de Estados Unidos, junto al río Delaware, al sur de Nueva Jersey. Sus cosechas de duraznos se habían quemado y había mucho ganado muerto así como numerosas vacas y caballos enfermos. Además los trabajadores que habían comido parte de lo cosechado vomitaron. Obviamente nadie se explicaba la causa hasta que un químico de Filadelfia, Philip Sadtler, encontró en la sangre de los granjeros intoxicados hasta 310 ppm de fluoruro. El problema es que aquella demanda no sólo era una amenaza para los industriales implicados sino también para los militares porque podía afectar a la fabricación de la bomba atómica así que el propio general Groves se reunió en secreto en Washington con científicos y oficiales del Proyecto Manhattan, del Departamento de Defensa, del Departamento de Agricultura, del Departamento de Justicia, de la FDA y –en el colmo de la desvergüenza– con miembros del Comité de abogados del flúor. Fue cuando se decidió enviar a Hodge a estudiar cómo controlar la situación y éste tuvo la idea de hacer una campaña de propaganda para convencer a la gente de la bondad del flúor ¡para prevenir las caries! La idea era contrarrestar el miedo al flúor haciendo que el público lo identificase ¡como algo bueno para la salud! Para lo cual se contrataron ponentes que dictaran conferencias convenciendo a los oyentes de que el flúor previene la caries y es inocuo a bajas dosis ¡a pesar de no disponer de un sola evidencia científica que apoyara tal aserto. Paralelamente, el enorme poder del complejo militar e industrial conseguiría que los granjeros aceptasen unas simples compensaciones económicas y que las compañías no tuviesen que admitir responsabilidad alguna. Cuando uno de los documentos hoy desclasificados demuestra que durante la II Guerra Mundial sólo la planta de DuPont emitía mensualmente sobre las tierras de alrededor unos 13.600 kilos de ácido fluorídrico (en algunos casos hasta 75.000 kilos). Controlados los medios de comunicación la idea de Hodge dio pronto fruto y la campaña para convencer a la población de las virtudes del flúor fue un éxito. Así que en Estados Unidos primero y en otros países después –España incluida– se comenzó a fluorar las aguas de consumo humano ¡para prevenir las caries! Incluso Henry Trudley Dean, investigador del Servicio de Salud Pública que tras estudiar la relación entre el flúor y la caries se había pronunciado en contra de fluorar las aguas cambió repentinamente de opinión impulsando la decisión. Al lector no le extrañará ya saber que poco después se convertía en director del Instituto Nacional de Investigación Dental y que luego se le ofrecería un puesto relevante en la Asociación Dental Americana. Con lo que la campaña manipuladora se intensificaría en las décadas de los cincuenta y sesenta. Es más, según denunció el ya citado periodista de la BBC Bryson Christopher el Servicio de Salud Pública, la Asociación Dental Americana y la Asociación Americana de Obras Hidráulicas operaban como oficinas de investigación encubiertas recopilando expedientes sobre los médicos que se oponían al fluoruro y haciendo circular información denigrante. Se creó incluso una agencia especial para esta campaña difamatoria: el Servicio Nacional de Información sobre Fluoración, entidad dependiente de la División de Salud Dental. Y hasta se dictó en el Código Deontológico de los dentistas que los profesionales que se opusiesen a la fluoración cometerían una grave negligencia pudiendo ser amonestados y hasta perder la licencia. Y es que entre 1957 y 1974 el uso del ácido fluorídrico en la industria pasó de 123.000 toneladas a 375.000. Todo un negocio. Solo que a finales de los sesenta la industria lanzaba ya al aire 150.000 toneladas de fluoruros. Pero todo estaba "controlado". De hecho la Agencia de Protección Medioambiental decidió no incluirlo en la lista de contaminantes de la atmósfera peligrosos para la salud cuando sí incluyeron el dióxido de azufre que es mucho menos tóxico. A fin de situar adecuadamente al lector sobre la irregular e intolerable decisión de esa agencia debe saberse que el plomo posee un índice de toxicidad moderadamente tóxico y el fluoruro en cambio es muy tóxico. Sin embargo la agencia fijó el nivel máximo admisible de contenido de plomo en 0,015 ppm y el del flúor en 4 ppm; es decir, ¡266 veces más! Un epílogo histórico: en la década de los noventa se creó durante la presidencia de Bill Clinton un comité presidencial para investigar los experimentos con uranio y plutonio inyectados a pacientes del Strong Memorial secretamente financiados por la CIA utilizando como pantalla la Fundación Geschickter de Investigación Médica. Pues bien, un investigador de ese comité, el abogado Dan Guttman, explicaría la ocultación y destrucción de informes por parte de la citada universidad y del Departamento de Defensa con estas palabras que podían aplicarse igualmente al fraude del flúor: “Cuando el comité inició su trabajo la gente pensaba que el Gobierno tenía mucho secretos pero que era así por razones de seguridad nacional. Y lo que descubrimos fue que existe una cámara subterránea para guardar secretos en la que aquellos que en ella trabajan saben que esos no son casos de seguridad nacional –y que por tanto no podían esgrimirse razones de seguridad nacional para ocultar dicha información– sino que encajaban en una categoría completamente distinta: ocultan decisiones gubernamentales vergonzosas, daños a los programas y casos en los que se podía pedir responsabilidades legales al Gobierno y a sus contratistas”. POR QUÉ DEBERÍAMOS DESTERRAR EL FLÚOR DE NUESTRAS VIDAS: Desveladas las razones históricas que llevaron en realidad a utilizar el flúor como presunto preventivo de las caries retomemos ahora la cuestión de fondo: ¿se justifica fluorar las aguas y agregar compuestos de flúor en la alimentación y el medio ambiente? Pues debemos decir que no existe evidencia científica alguna que apoye tales acciones. No hay un solo estudio concluyente que demuestre que el flúor previene las caries. Ni siquiera de que el flúor sea necesario para el metabolismo humano. De hecho precisamente por esa falta de evidencia científica la FDA ¡no ha aprobado nunca la fluoración del agua! Por consiguiente, fluorar el agua para consumo humano implica imponer la ingesta de un producto químico a cientos de millones de personas cuando sus supuestos beneficios jamás se han demostrado y sin embargo se sabe que es peligroso para la salud; puede pues decirse que se está efectuando un experimento a gran escala sin consentimiento de los implicados. Y eso cuando los compuestos utilizados para fluorar las aguas contienen altas concentraciones de toxinas, metales pesados, arsénico, plomo y cromo. Y añadiremos, por si al lector le quedan aún dudas, que en muchos países se ha decidido ya prohibir la fluoración de las aguas. Es más, numerosos científicos –incluidos catorce premios Nobel–, instituciones, asociaciones profesionales y revistas científicas se han pronunciado ya en contra. AGUAS FLUORADAS EN EL MUNDO: Según un informe de 2012 de la British Fluoridation Society (Sociedad británica de fluorización) actualmente son 27 los países que fluorizan artificialmente las aguas de consumo humano. Luego se calcula que en el mundo consumen agua fluorada unos ¡370 millones de personas! –la cifra concreta facilitada es de 369.656.000 personas– de las que aproximadamente la mitad son estadounidenses (respecto a nuestro país diremos que los datos de 2005 indican que beben agua fluorada 4.250.000 españoles). Si añadimos que se estima en otros cincuenta millones las personas que consumen agua con altos índices de fluoración natural el total de personas fluoradas cotidianamente asciende a 420 millones en el mundo. PAÍS: HABITANTES: PORCENTAJE: Estados Unidos 185.767.000 64% Canadá 14.260.000 44% Guatemala 1.800.000 15% Panamá 510.000 18% Guayana 45.000 32% Chile 11.000.000 65% Perú 500.000 2% Brasil 73.200.000 41% Paraguay 350.000 6% Argentina 3.100.000 21% Reino Unido 5.797.000 10% Irlanda 3.250.000 73% España* 4.250.000 11% Polonia 80.000 1% Serbia 300.000 3% Australia 17.600.000 80% Nueva Zelanda 2.330.000 61% Zona de Hong Kong 6.000.000 100% Singapur 5.000.000 100% Vietnam 3.500.000 4% Malasia 20.000.000 75% Israel 5.000.000 70% Corea 2.800.000 6% * La fluorización en España se concentra en las principales ciudades del País Vasco, Andalucía (Sevilla, Córdoba y Linares), Murcia (Puerto Lumbreras, Lorca, Águila y otros 22 pueblos cercanos), Badajoz y Gerona. FUENTE: One in a Million: the facts about water fluoridation (Una parte por millón: los hechos sobre la fluorización del agua). Editado por la British Fluoridation Society en marzo de 2012 (www.bfsweb.org/onemillion/onemillion2012.html). ¿Qué aguas embotelladas españolas contienen flúor?: www.­aguainfant.­com/­AGUAS-­ESP/­excel-­datos/­Espana-­fluor.­htm CIENTÍFICOS, ASOCIACIONES PROFESIONALES, INSTITUCIONES Y REVISTAS CIENTÍFICAS RECHAZAN EL FLÚOR: -Dr. Flanagan, Asistente de Dirección de Salud Medioambiental de la American Medical Association (Asociación Médica Americana): "La AMA no está en condiciones de afirmar que la fluoración de las aguas no pueda causar daños a alguien". -Dr. Robert Carlton, científico que trabajó para la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Medioambiental): "Basándonos en la información de la Academia Nacional de Ciencias debemos decir que el agua potable a la que se ha agregado fluoruro puede causar artritis en una parte importante de la población". -Afirmación publicada en el Journal of American Medical Association (JAMA) el 18 de septiembre de 1943: "Los fluoruros son venenos protoplásmicos, probablemente a causa de su capacidad para modificar el metabolismo de las células cambiando la permeabilidad de la membrana celular e inhibiendo ciertas enzimas". -Informe del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos (ATSDR TP-91/17, página 112, Sección 2.7, Abril 1993): "Ciertos segmentos de la población son inusualmente susceptibles a los efectos tóxicos del fluoruro, incluyendo mujeres en la menopausia, ancianos, mujeres embarazadas y sus fetos, personas con deficiencia de calcio, magnesio y vitamina C, y personas con problemas cardiovasculares y de riñón". -Declaración de Greater Boston Physicians for Social Responsibility (Médicos para una responsabilidad social, Boston) efectuada en mayo de 2000: "El nivel de fluoruro al que se halla sometida una parte significativa de la población al fluorarse las aguas puede tener impacto adverso en el desarrollo del cerebro". -Dr. Simon Beisler, Jefe de Urología del Hospital Roosvelt y antiguo presidente de la American Urological Association (Asociación Americana de Urología): "Ha quedado claro que el fluoruro es una sustancia potencialmente peligrosa cuando se halla presente en el agua de beber; en cualquier proporción". -Dr. Ludgwig Grosse, Jefe de Investigación sobre Cáncer de la Administración de Veteranos de Estados Unidos: "Que el fluoruro es un veneno peligroso, tóxico y de efectos acumulativos –incluso ingerido en cantidades mínimas– es algo constatado y no va a variarlo el hecho de que se repita una y otra vez que la fluoración del agua es segura". -Dr. Charles Gordon Heyd, ex presidente de la American Medical Association (Asociación Médica Americana): "Me horroriza la idea de utilizar agua fluorada en los medicamentos. Se trata de un veneno corrosivo que producirá serios efectos a largo plazo". -Dr. Hardy Limeback, exasesor de la Canadian Dental Association (Asociación Dental Canadiense): "El fluoruro puede estar destruyendo nuestros huesos, nuestra dentadura y nuestra salud en general. No es necesario añadirlo a nuestras aguas y de hecho estamos corriendo riesgos innecesarios al hacerlo". -Afirmación aparecida en el Australian and New Zealand Journal of Public Health (volumen 21, nº 24, 1997): "Desde 1990 cuatro grandes estudios epidemiológicos efectuados en tres países –Estados Unidos, Reino Unido y Francia– han mostrado un alto índice de fracturas de cadera en regiones fluoradas". -Dato aparecido en un artículo publicado en Journal of the American Medical Association (JAMA) en agosto de 1992: "(...) aumenta de manera significativa el riesgo de fracturas de cadera –tanto en hombres como en mujeres– cuando se está expuesto a una fluoración artificial del agua de 1ppm". -Declaración del presidente del Comité de Recursos Medioambientales de la Cámara de Representantes de Pensilvania (EEUU) en junio de 1999: "No hay evidencia científica o médica sólida que indique que la fluoración aporte algún beneficio para la salud pública, la seguridad o el bienestar". -Dr. Kennedy, ex Presidente de la International Academy of Oral Medicine and Toxicology (Academia Internacional de Medicina Oral y Toxicología): "Todas las organizaciones que promueven la fluoración de aguas están de acuerdo en que la fluorosis dental –que es el primer signo visible de envenenamiento sistemático– se incrementa con agua fluorada". EL FLÚOR, IG FARBEN Y EL MK-ULTRA: ¿Es el flúor un arma para domesticar a la población? Al finalizar la II Guerra Mundial Charles Elliott Perkins –investigador en Química, Fisiología y Patología– fue enviado a Alemania por el Gobierno estadounidense para hacerse cargo de las plantas químicas de IG Farben cuyos principales directivos estaban siendo juzgados por crímenes contra la humanidad por utilizar prisioneros como esclavos en sus fábricas y como conejillos de indias en sus laboratorios. Bueno, pues Perkins contaría que los químicos alemanes le explicaron su estrategia para controlar a la población de determinadas áreas: añadían flúor en cantidades ínfimas al agua potable. De hecho planeaban hacerlo también en los países ocupados porque habían descubierto que el fluoruro daña partes específicas del cerebro haciendo más dóciles a las personas. Es preciso asimismo tener en cuenta que antes, durante y después de la II Guerra Mundial existieron alianzas entre las más poderosas familias industriales y banqueras estadounidenses y alemanas: DuPont y Standard Oil –de los Rockefeller– trabajaban junto a IG Farben que tenía en Estados Unidos una filial llamada precisamente American IG Farben cuyo Consejo de Dirección estaba formado por Edsel Ford –Presidente de la Ford Motor Company–, Chas. E. Mitchell –Presidente del Rockefeller’s National City Bank de Nueva York–, Walter Teagle –Presidente de Standard Oil en Nueva York–, Paul Warburg –Director de la Reserva Federal de Estados Unidos– y Herman Metz –un Director del Bank of Manhattan controlado por la familia Warburg. Pues bien, en 1979 el periodista John Marks publicó un libro titulado «La búsqueda del candidato de Manchuria» a partir de numerosos documentos que había conseguido en Estados Unidos merced a la Ley de Libertad de Información y en él describe los experimentos realizados por la CIA en el marco de un "programa de investigación" denominado en clave MK-Ultra en el que había colaborado Harold Hodge, el principal promotor de la fluoración de aguas de consumo humano. Y aunque muchos documentos del MK-Ultra fueron destruidos Marks pudo averiguar que el objetivo de ese programa era "encontrar sustancias que selectivamente afecten al sistema nervioso central" de manera que se pudiera influir en la conducta de cualquier persona. Un memorando fechado el 16 de marzo de 1966 demuestra además que la CIA estaba estudiando el uso del fluoruro –junto al LSD y otras drogas– para controlar a la gente; su título era Material para el control de la conducta e investigación avanzada y en él se incluyen informes de los efectos paralizantes de los derivados dinitro-fluorados del ácido acético que estaban ya "siendo analizados clínicamente"". Hasta aquí el interesante reportaje de Discovery Salud escrito por Jesús García Blanca. Si bien aquí se habla de una sola substancia, todo lo que trata el artículo da idea de los intereses económicos y de poder que se mueven tras este tema. Pero los aditivos potencialmente peligrosos son miles, de hecho, de los 4 millones de sustancias que la química nos proporciona unas 700000 suelen usarse como aditivos alimentarios sin que se sepa nada acerca de sus efectos a largo plazo. Y lo peor está por hacerse notar. Como quiera que muchos países tienen leyes que previenen y persiguen el uso de los aditivos considerados tóxicos o peligrosos, la todopoderosa industria se las ha ingeniado para elevar una norma mundial de facto sobre todas las naciones. Esto se ha hecho a instancias de la organización mundial de comercio, a la que prácticamente pertenece el mundo entero, y que puede sancionar a las naciones que se resistan a esta regulación absurda –como no sea para exterminar a la especie humana– que establece el diabólico CODEX ALIMENTARIUS. De nuevo y para evitar fuentes dudosas o desinformación deliberada, voy a exponer la cuestión mediante otro artículo de la revista DSALUD publicado en su número 161 (Junio de 2013): "¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DEL CODEX ALIMENTARIUS? El Codex Alimentarius se presenta en su propia página web como una institución creada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con el fin de establecer criterios internacionales que regulen la producción y comercialización de alimentos con vistas a velar por la salud de los consumidores. Pero, ¿es eso cierto? Porque son numerosas las evidencias que apuntan a que más bien se trata de un instrumento de poder en manos de las mismas familias que crearon el imperio de la industria farmacéutica y actualmente controlan también la industria alimentaria y la biotecnológica ejerciendo una influencia destructiva determinante en la salud del planeta y sus habitantes. "La industria alimentaria es una mafia criminal" (Carlo Petrini, presidente y fundador de Slow Food). En esta revista hemos denunciado ya que unas pocas multinacionales están acaparando el mercado de los alimentos y creando un conglomerado tan poderoso, influyente y pernicioso como el Big Pharma con el que tienen lazos e intereses comunes. Pues bien, un instrumento clave para ejercer ese dominio es el Codex Alimentarius, y precisamente por eso nos parece importante dar a conocer en qué consiste, cómo funciona y a quién sirve en realidad. Así que hemos empezado entrando en su web comprobando que la misma abre con estas grandilocuentes palabras: "El Codex Alimentarius trata sobre alimentos seguros y de calidad para todos en todas partes". Se presenta pues como un organismo creado al servicio de los ciudadanos cuya labor debemos no ya agradecer sino considerar crucial para nuestra salud y bienestar. Pero veamos qué se esconde realmente tras esa –ya lo adelantamos– cínica declaración de intenciones. Entre 1897 y 1911 existió con el nombre latino de Codex Alimentarius Austriacus un conjunto de normas estándar y de descripción de alimentos que servía de criterio legal en el Imperio Austro-Húngaro. Posteriormente, entre 1954 y 1958, Austria impulsaría la creación de un Codex Alimentarius Europaeus pero tras la primera conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la propuesta saltó al plano internacional concretándose en una decisión conjunta de este organismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que se aprobaría en 1961. Dos años después se creaba oficialmente la Comisión del Codex Alimentarius declarando que su objetivo sería velar por la “seguridad alimentaria de los consumidores” elaborando con “independencia y transparencia” guías y directrices sobre seguridad y calidad basadas “en criterios científicos reconocidos internacionalmente” que luego cada país podría incorporar voluntariamente a su legislación. Nada aparentemente que objetar pero como vamos a ver la verdad es que la estructura y el funcionamiento interno del Codex así como diversas decisiones claves tomadas en los años siguientes demuestran todo lo contrario. CÓMO FUNCIONA EL CODEX: El Codex Alimentarius tiene actualmente 186 miembros –185 estados más la Unión Europea– y 219 observadores –50 organizaciones intergubernamentales, 153 no gubernamentales y 16 organismos de las Naciones Unidas–. Y además del Comité Ejecutivo –compuesto por un director, tres vicedirectores, siete representantes regionales y seis coordinadores regionales– mantiene en activo diez comités generales, cinco comités sobre productos, un grupo de acción intergubernamental sobre alimentos animales y seis comités regionales de coordinación (véase el Recuadro 2 para más detalles). En cuando al procedimiento para aprobar una determinada directriz o estándar hay siete pasos: 1. La Comisión decide elaborar una directriz y encarga el trabajo al Comité correspondiente. 2. La Secretaría elabora un borrador. 3. El borrador se envía a gobiernos y organizaciones internacionales para que aporten sus comentarios. 4. La Secretaría recibe los comentarios y se los reenvía al Comité. 5. El Comité incorpora los comentarios al borrador y envía todo de nuevo a la Comisión así como a los gobiernos y organizaciones por si tienen algo más que decir. 6. Los nuevos comentarios son recibidos por la Secretaría que se los remite al Comité. 7. Incorporados los nuevos comentarios al borrador el Comité pasa éste a la Secretaría que envía de nuevo el mismo a la Comisión para su aprobación. Parece obvio pues que se buscaba –o se quería dar esa impresión– trasparencia y participación abierta. Lo cierto sin embargo es que todas esas idas y venidas de los documentos no son más que una pantomima burocrática que oculta una realidad muy distinta. Para empezar, tanto la Comisión como los comités pueden devolver el texto al paso previo asegurándose así de que sólo siguen su ruta hacia la aprobación los que dicen lo que tienen que decir y no dicen lo que no tienen que decir. Y en segundo lugar, los delegados que asisten a las reuniones de los comités son burócratas sin contacto alguno con los consumidores y suelen ser fácil “presa” de la industria y de sus innumerables grupos de presión (lobbys). Una de las cosas más llamativas del Codex es que “presume” de no realizar votaciones y toma las decisiones por consenso. Una singular declaración de principios que no se corresponde con la realidad ya que el "consenso" lo consigue simplemente silenciando a los opositores, no tramitando sus sugerencias o comentarios y por tanto no dándolos a conocer, no concediéndoles la palabra en los debates y si es necesario hasta dejándoles sin micrófono para impedir su intervención. Un ejemplo de esta táctica "facilitadora del consenso" se conoce gracias al testimonio de Ingrid Frazon quien encabeza la delegación de la National Health Federation (Federación Nacional de Salud), organización sin ánimo de lucro que viene asistiendo a las reuniones del Codex desde que en el 2000 consiguió la autorización pertinente. Entre otras cosas Frazon cuenta que durante un debate sobre los niveles adecuados de ácido araquidónico en las leches de fórmula para bebés hubo una confrontación entre la delegación japonesa y la estadounidense en el Comité sobre nutrición y alimentos para usos dietéticos especiales hasta que en un momento determinado su presidente, el Dr. Rolf Glossklaus, consideró unilateralmente que “se había llegado a un consenso" y cerró el micrófono al delegado japonés mientras éste gritaba: "¡No, no, no, no!". ¿Algo anecdótico? Basta revisar algunos de los documentos aprobados por "consenso" en los distintos comités del Codex para ver que no es así. Como otros documentos dejan claro a quién sirve realmente ese organismo. Veámoslo: -Las Directrices Generales sobre Declaraciones –documento que regula las afirmaciones que pueden hacerse sobre las propiedades de un determinado producto– prohíbe expresamente a los fabricantes tanto declarar que un determinado alimento es una adecuada fuente de nutrientes esenciales como que pueda prevenir, aliviar, tratar o curar cualquier enfermedad o condición psicológica. El documento data de 1979 –aunque fue revisado en 1991 y 2009– y en la práctica sirve en realidad para asegurar a las corporaciones farmacéuticas la exclusividad del negocio de la enfermedad ya que reserva únicamente a los fármacos patentados por ellas tales alegaciones. -En esa misma línea y con el mismo objetivo las Directrices sobre Suplementos Alimentarios aprobada en 2005 establece límites máximos –manifiestamente bajísimos– de las dosis de vitaminas y minerales que pueden consumirse a diario creando deliberadamente así la impresión de que una ingesta superior puede ser tóxica. E igualmente prohíbe afirmar que las vitaminas y minerales permiten prevenir, tratar o curar enfermedades. -En 2003 el Codex decidió apoyar los organismos genéticamente modificados. Y de hecho aprobaría en los años siguientes guías y documentos que sirvieron para aprobar su experimentación y comercialización. De hecho existen hoy indicios de que en breve podrían aprobar las semillas Terminator (la Tecnología Terminator es el nombre coloquial con que se conoce los métodos propuestos para la restricción del uso de vegetales genéticamente modificados, por medio de obtener que la segunda generación de semillas devenga estéril) y más adelante animales genéticamente modificados para alimentación humana. -Desde 1965 existe un comité específico del Codex para regular el etiquetado de alimentos. Sin embargo, como quiera que no reconoce el papel que la nutrición tiene en la salud sus recomendaciones serán de poca o ninguna utilidad para los consumidores. -El Codex tiene un comité especialmente dedicado a los aditivos alimentarios que ha elaborado una lista de unos 300 aditivos naturales y sintéticos cuyo uso está permitido en alimentos pero no advierten que si bien algunos aditivos sintéticos quizás sean seguros utilizados de forma aislada pueden ser peligrosos si se combinan con otros o se consumen de modo continuado. -El Codex se ocupa desde hace años de los productos orgánicos a través de su comité sobre etiquetado y la tónica habitual de éste ha sido la de ocultar ingredientes no orgánicos en el etiquetado, permitir en ellos el uso de la irradiación –la irradiación es un método criminal de alargar la vida comercial de los alimentos a costa de disminuir el poder nutritivo de estos, y más bien se creó como camuflaje o excusa para el tráfico de materiales radioactivos, pero gracias a codex ahora proliferan empresas dedicadas a irradiar alimentos– y aprobar el uso de sustancias tóxicas en la comida orgánica (como el dióxido de azufre, los nitritos y nitratos de sodio, el etileno...). ¿Y por qué permite utilizar productos peligrosos en el proceso de producción de alimentos orgánicos? Por una parte, como ya explicamos en otro reportaje (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com –el artículo que con el título "Alimentarse de forma sana empieza a ser imposible" apareció en el nº 154), porque unas pocas multinacionales de la alimentación y los agroquímicos se están apoderando hoy también del mercado de la comida orgánica o ecológica e imponen sus condiciones sobre precios, fabricación, distribución, etc, incluyendo la aprobación de sustancias polémicas que permiten abaratar costes, ganar tiempo o facilitar su transporte. Y por otra, como está en juego el negocio de la enfermedad y todo lo que contribuya a mejorar la salud pone en peligro o reduce ese mercado, es obvio que las farmacéuticas no están interesadas en que los consumidores dispongamos realmente de comida sana. -En 1966 el Codex creó el Comité sobre residuos de pesticidas con el objetivo de establecer límites máximos de los mismos para los alimentos o grupos de alimentos pero –como en el caso de los aditivos– los expertos del comité analizan hoy los productos aisladamente sin tener en cuenta combinaciones con otros residuos ni efectos a largo plazo. Lo que le ha llevado a permitir cantidades significativas de residuos en 3.275 pesticidas, incluyendo algunos que son potencialmente carcinógenos o constatados disruptores endocrinos; como el ácido 2,4-diclorofenoxiacético, la atrazina o el bromuro de metilo. Y no olvidemos que el incremento de pesticidas está ligado a los cultivos transgénicos y, por tanto, a las poderosas empresas que los producen y comercializan (con Monsanto a la cabeza). En conclusión, el Codex obstaculiza el uso de alimentos y suplementos dietéticos y al mismo tiempo facilita el uso de organismos genéticamente modificados, aditivos y pesticidas peligrosos. Y encima ignora la gran cantidad de evidencias científicas que demuestran que la nutrición en un elemento fundamental de la salud. Contribuye pues a ocultar información a los consumidores. EL PAPEL DE LA OMC: Y el engranaje en el que está atrapada la alimentación mundial tiene otras piezas. Es el caso del papel protagonista que juega otro organismo internacional creado por los dirigentes de las grandes corporaciones y entidades financieras y que se caracteriza por su total falta de transparencia: la Organización Mundial de Comercio (OMC) en cuyo Acuerdo sobre Aplicación de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias firmado en 1994 –que entraría en vigor el 1 de enero de 1995– se establece: "Para armonizar medidas sanitarias y fitosanitarias sobre una base lo más amplia posible los miembros basarán sus medidas en estándares, directrices y recomendaciones internacionales"; concretando en su Anexo A.3 a qué organizaciones se refiere: "Estándares, directrices y recomendaciones internacionales: (a) para seguridad alimentaria las establecidas por la Comisión del Codex Alimentarius relativas a aditivos, fármacos veterinarios, residuos de pesticidas, contaminantes, métodos de análisis, muestras y códigos y directrices de prácticas higiénicas". Dicho de otro modo: la OMC hizo suyas desde el mismo momento de su fundación las directrices del Codex lo que en la práctica significa que pasan a ser obligatorias para sus miembros que a 2 de marzo de 2013 –última actualización de su web en el momento de escribirse este artículo– incluye a 159 países –entre ellos, por supuesto, España– lo que supone la práctica totalidad de la población mundial. Un ejemplo de cómo puede afectar a un país o una región el incumplimiento de estas directrices lo tenemos en el caso de las hormonas de crecimiento bovino como ya explicamos en el artículo que con el título "Adulteración y contaminación intencionada de los alimentos" apareció el pasado mes. El uso de esas hormonas está aún permitido en Estados Unidos y Canadá –y, por supuesto, en las directrices del Codex– pero fueron prohibidas en la Unión Europea en enero de 1989 a raíz de la llamada "enfermedad de las vacas locas". Y como quiera que la carne procedente de vacas tratadas con esas hormonas constituye la mitad del mercado de exportación de esos dos países la prohibición de la Unión Europea tuvo un importante impacto negativo en sus beneficios por lo que plantearon una denuncia a través de la OMC que daría lugar a un largo y complejo conjunto de sentencias, apelaciones y nuevas sentencias de las que interesa destacar algo insólito y aberrante: la Unión Europea fue finalmente condenada a compensar las millonarias pérdidas de los dos países con cientos de millones de dólares durante varios años. En definitiva, las decisiones del Codex no son ni independientes, ni abiertas, ni transparentes. Y no velan por la salud de los ciudadanos sino por los intereses del mercado. No están basadas en criterios científicos y no son voluntarias sino de obligado cumplimiento so pena de graves y costosas repercusiones por lo cual los países que aún no lo habían hecho están ya adaptando su legislación interna a las normas del Codex/OMC. Es más, en la Unión Europea se ha ido más lejos aprobándose directrices aún mucho más restrictivas o, lo que es lo mismo, más favorables al negocio de la enfermedad. En Estados Unidos por ejemplo la Food Safety Modernization Act (HR 2751) –es decir, la Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria firmada por el presidente Barak Obama el 4 de enero de 2011– viene a adoptar los estándares del Codex en las políticas de la FDA relacionadas con alimentos en algunos casos calcando párrafos de las recomendaciones del Codex y utilizando tácticas retorcidas como la de exigir análisis de "trazabilidad"; es decir, la posibilidad de hacer el seguimiento de un producto en la cadena de suministros, desde su origen hasta su estado final como producto de consumo. Análisis que exigen tal gasto económico y recursos burocráticos que resultan imposibles para los pequeños productores porque sólo las grandes corporaciones pueden costearlos. En otras palabras, se quiere echar del mercado a los pequeños y medianos productores de alimentos para dejar todo en manos de unas cuantas multinacionales imponiéndoles una norma innecesaria cuyo coste no podrán asumir. Se les aboca pues al cierre injustificado. Por su parte, la Directiva 2004/27/EC del Parlamento Europeo define "medicamento" de esta forma: "Cualquier sustancia o combinación de sustancias que pueda ser utilizada en o administrada a seres humanos, bien con vistas a restaurar, corregir o modificar funciones fisiológicas ejerciendo una acción farmacológica, inmunológica o metabólica, bien para realizar un diagnóstico médico". Lo que impide que cualquier alimento o complemento dietético, nutricional, fitoterapéutico u ortomolecular pueda alegar propiedades para la salud. En otras palabras, no se puede vender vitamina C diciendo en el prospecto que previene el escorbuto o cápsulas de ajo diciendo que son cardiosaludables… aunque se sepa que es verdad y esté científicamente constatado. Eso sólo lo pueden alegar los “medicamentos” que son, paradójicamente, los que ni previenen ni curan nada y tienen efectos secundarios enormemente negativos; a veces brutales e injustificados. Por si fuera poco la directiva europea sobre suplementos alimentarios (2002/26/EC) incluye una lista positiva de aquellos que están autorizados… lo que implica que el resto están prohibidos. Y aunque teóricamente la lista puede ampliarse mediante la pertinente solicitud en la práctica las dificultades para llevar a cabo el procedimiento son tan grandes que resulta casi imposible conseguir que se incluya en ella algún nuevo producto. De hecho hay solo 250 autorizados habiéndose rechazado miles en los últimos años. Claro que las autorizaciones requieren una evaluación previa por parte de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés: European Food Safety Authority), entidad que como ya explicamos en el artículo antes citado aparecido el mes pasado mantiene estrechísimos lazos con la industria farmacéutica y la corrupción preside su funcionamiento. QUIÉN SE BENEFICIA: Llegados a este punto conviene recapitular preguntándonos quién se beneficia de las actuaciones que venimos relatando. En primer lugar, las “recomendaciones” del Codex –teóricamente voluntarias pero transformadas en mandatos irrevocables por la OMC– aseguran que el negocio de la enfermedad sea hoy terreno casi exclusivo de las corporaciones farmacéuticas porque solo sus productos tienen ya legalmente la posibilidad de alegar propiedades terapéuticas; aunque la palabra “curar” esté desterrada incluso para los fármacos, sin duda porque quienes los fabrican saben bien que no lo hacen. Un negocio que va en aumento porque la mayoría de la población consume hoy productos insanos atiborrados de tóxicos. Productos que quienes dirigen todo esto no consumen. En segundo lugar, las directrices del dúo Codex/OMC benefician al modelo médico dominante reforzando sus dogmas y criminalizando las terapias naturales y tradicionales y, en definitiva, no aprobadas por quienes dirigen y dominan ese modelo e intentan eliminar la competencia. Además éstas dejan en evidencia a la medicina moderna –absolutamente dependiente de las farmacéuticas– porque son más eficaces y eso no pueden consentirlo. El otro grupo de empresas que saca tajada de la labor del Codex es obviamente el formado por las empresas de biotecnología y los fabricantes de agroquímicos así como aquellas que están acaparando los beneficios producidos por toda la cadena alimentaria, desde las producciones agrícolas industriales hasta la distribución a los consumidores. ¿Son pues las empresas que se benefician de lo que dictan el Codex y la OMC las que están detrás de todo esto? Podría ser pero no está de más tirar aún un poco del hilo… QUIÉN ESTÁ DETRÁS DEL CODEX: Como antes señalamos la propia web del Codex dice que fue creado por iniciativa de la FAO y menciona de hecho una serie de encuentros en los que se hicieron las propuestas y se aprobaron las resoluciones que oficializaron su creación pero, sin embargo, investigaciones recientes apuntan que su origen está en dos de los principales asesores que dieron finalmente lugar a su creación: Fritz Ter Meer y Hermann Schmitz. Hablamos de dos altos ejecutivos del conglomerado farmacéutico IG Farben que fueron condenados en Nüremberg como criminales de guerra. El primero fue miembro del Comité Ejecutivo de IGF entre 1926 y 1945 y responsable durante la Segunda Guerra Mundial de la factoría Farben en el campo de Auschwiz. En cuanto a Schmitz era miembro del partido nazi y también perteneció al Ejecutivo de IGF entre 1926 y 1935, año en el que pasó a ser el responsable de finanzas. Y sí, ambos fueron condenados en 1948… pero Schmitz fue liberado ¡en 1950! y Ter Meer ¡apenas dos años después! Es más, pronto volverían los dos a ocupar cargos de gran responsabilidad en grandes bancos y corporaciones industriales, entre ellas la Bayer. Pues bien, aunque algunas organizaciones han preguntado expresamente a la Comisión del Codex por la participación de esos dos personajes en su creación y nunca ha habido una respuesta clara. En todo caso e independientemente de ese detalle concreto lo que sí puede establecerse es la conexión del dúo Codex/OMC con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el primero a través de la FAO y el segundo a través del Banco Mundial y sus organizaciones aledañas: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT, por sus siglas en inglés) y el Tratado de Maastrich, todos ellos organizaciones y acuerdos creados e implantados para mantener las actuales relaciones de poder. No se olvide que el edificio que alberga la sede de la ONU fue construido en terrenos cedidos por Rockefeller y las directrices para su constitución fueron elaboradas por miembros del Consejo de Relaciones Exteriores que junto al Club Bilderberg y la Comisión Trilateral reúne hoy a una élite internacional de banqueros, políticos, responsables de medios de comunicación, familias reales y dueños de corporaciones industriales y financieras; entre las que destaca el archiconocido clan de los Rockefeller cuyos tentáculos se extienden por todo el planeta y cuya relación con el movimiento eugenista podría aportar –según afirman algunos– una clave importante para entender la agresión a gran escala que suponen las directrices del Codex implementadas por otros organismos públicos y organizaciones internacionales. De hecho la Fundación Rockefeller creó su propia organización eugenésica –el Population Council– y financió la Sociedad Americana de Eugenesia y otras instituciones afines –como el Instituto Kaiser Guillermo de Psiquatría, el IKG de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia o la Liga Americana de Control de la Natalidad de Margaret Sanger, personaje éste que llegó a proponer en un departamento del Congreso estadounidense que ese país "mantenga cerradas las puertas a fin de evitar la entrada de ciertos extranjeros cuya condición se sabe es perjudicial para la raza; como los débiles de mente, los idiotas, los retrasados, los locos, los sifilíticos, los epilépticos, los criminales, las prostitutas profesionales y otras de esa clase". Sin comentarios". En este punto, dado que el articulista de DSALUD no ha podido evitar la tentación de mencionar el oscuro papel de la IG Farben pese a que ha evitado meterse en ese jardín ofreciendo en todo momento información contrastable y marcando las distancias con las páginas de Internet que tratan mal el tema, me veo en la necesidad de intervenir: La fuente que vincula al ex nazi Hermann Schmitz con el Codex es la doctora Rima Laibow, director médico de la Natural Solutions Foundation (NSF), una asociación profesional británica dedicada a la medicina natural que lucha contra la mafia farmacéutica y sus bien pagados pontífices de la medicina oficial. El problema con este relato es que se carece de pruebas bien dirimidas que lo avalen, pero es lo bastante interesante para darlo a conocer aquí. El ex nazi Hermann Schmitz (01/01/1881 - 08/10/1960) fue presidente de IG Farben 1935-1945, condenado a cuatro años de prisión en Nurenberg. En 1914 fue obligado a servir en el ejército. Fue herido durante la Primera Guerra Mundial y, después de recuperarse de sus lesiones, fue nombrado supervisor del Reich para la producción de productos químicos en el departamento de pertrechos (1915). En 1919, como un experto en fertilizantes y sales nítricas, participó en la asamblea que negoció el Tratado de Versalles. Allí conoció a Carl Bosch, un químico de fama en todo el mundo. En julio de 1919 Schmitz fue contratado para BASF por Bosch como su asesor financiero. Fue ascendido a administrador del departamento exterior de BASF, cargo que mantuvo después de la compañía se convirtió en parte de IG Farben. De acuerdo con sus requisitos de trabajo mantuvo contactos con las grandes empresas, como la Standard Oil, con la que participó en las negociaciones, siempre contando con el apoyo de los gobiernos de esa era en interés de la IG Farben. En 1933, fue elegido para el Reichstag bajo la administración del Partido Nacional Socialista y después de dos años, sucedió a Carl Duisberg cuando murió como director ejecutivo de IG Farben. En 1938, se convirtió en administrador de economía de guerra (Wehrwirtschaftsführer). En 1941, Hitler le dio un retrato de él con su autógrafo como regalo por su dedicación a los objetivos de la Alemania nazi. Schmitz regió IG Farben hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. IGF fue la mayor empresa de fabricación de productos químicos del mundo, y ha tenido un extraordinario poder político y económico e influencia en el estado nazi hitleriano. IG Farbenindustrie AG (versión corta de Interessen-Gemeinschaft Farbenindustrie AG, "grupo de empresas de la industria colorante", también llamado I.G. Farbenfabriken) fue un conglomerado alemán de compañías químicas. Fundado el 25 de diciembre de 1925 como una fusión de las compañias BASF, Bayer, Hoechst (incluyendo Cassella y Chemische Fabrik Kalle), Agfa, Chemische Fabrik Griesheim-Elektron y Chemische Fabrik vorm. Weiler Ter Meer, aunque las compañías más importantes que lo formaron habían estado trabajando juntas desde la Primera Guerra Mundial. La compañía fue fundada por Carl Duisberg y Hermann Hummel. El edificio IG Farben, oficina central del conglomerado en Fráncfort del Meno, Alemania, fue completado en 1931. Inicialmente, muchas de estas compañías producían colorantes, pero pronto comenzaron a investigar otras áreas de la química, manteniendo un cuasi monopolio sobre la producción química. Durante la Alemania Nazi, comenzaron a producir el gas Zyklon B, veneno que era comúnmente usado en la época para espulgar. Durante el Holocausto, este gas fue usado como agente letal en las cámaras de gas de los campos de exterminio. Formalmente, el conglomerado fue disuelto después de la Segunda Guerra Mundial por decisión de los Aliados debido al trabajo esclavo utilizado en los procesos de fabricación y a la severidad de los crímenes de guerra cometidos por IG Farben durante la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética se incautó de la mayor parte de los activos de IG Farben localizados en la zona de ocupación soviética como parte de sus reparaciones de guerra, en línea con el Plan Morgenthau. Los Aliados Occidentales sin embargo, en 1951, dividieron la empresa en sus empresas originales constituyentes. Las cuatro más grandes, BASF, Bayer, Hoechst y Agfa, compraron rápidamente a las más pequeñas. En realidad IG Farben nunca se terminó de disolver y se mantuvo gracias a sus posesiones en inmuebles. En 2001 IG Farben anunció que terminaría de ser liquidada en 2003. La empresa no se termina de liquidar por los juicios pendientes con sus antiguos trabajadores esclavos, que exigen ser compensados. Desde 2012 todavía existe como una corporación "en liquidación", queriendo decir que el objetivo de la existencia continuada de la corporación está siendo terminado y disuelto de una manera ordenada. De los 24 directivos de IG Farben acusados en el denominado Juicio a la IG Farben (1947-1948) ante un tribunal militar norteamericano en los subsecuentes Juicios de Núremberg, 13 fueron sentenciados a entre uno y ocho años de prisión. Algunos de aquellos acusados en este juicio se convirtieron en líderes de las compañías de posguerra que se formaron al separarse IG Farben, incluyendo aquellos que fueron sentenciados en Núremberg. Las principales empresas sucesoras de IG Farben en la actualidad son AGFA, Bayer, BASF y Hoechst (ahora parte de Sanofi-Aventis) y Pelikan (que además suministraba la tinta con la que se tatuaba a los prisioneros), las que heredaron el total de las propiedades de IG Farben, pero no así las responsabilidades penales. Detenido y juzgado en el caso IG Farben, Hermann Schmitz fue condenado a cuatro años de prisión, pero fue liberado en el final de 1950 y se convirtió en miembro del consejo de administradores de Deutsche Bank en Berlín, y fue nombrado presidente honorífico de "Rheinische Stahlwerke AG". Más allá de estos datos existe una oscura historia que prefiero tratar de contar tal como yo la entiendo y no como habitualmente la encuentro contada por los "gurús" de las teorías conspiratorias. Estos "gurús" son suspicaces, pero bajo mi punto de vista no lo entienden todo. La guía fundamental de los "locos de las conspiraciones" es la percepción de una organización en la élite de tipo superior a la que se da en ningún gobierno. Esta élite ha creado la "agenda para la esclavitud global" dada a conocer al mundo mediante los famosos "protocolos de los sabios de Sión". Esto es una tremenda realidad: Las dos guerras mundiales resultan demasiado caras y no se podrían haber realizado sin promoción financiera, y esa financiación habría sido imposible si los "amos del dinero" no tuvieran la posibilidad de inventarse todo el dinero que quieran mediante el sistema de reserva fraccionaria (ver notas sobre esto en «el cristo social»). Así, en este contexto, la historia del ex nazi Hermann Schmitz adquiere su verdadera dimensión: De haber ganado los nazis el resultado sería el mismo. Las élites buscan el control total sobre la voluntad ajena. Hermann Schmitz puso a los vencedores al día de los descubrimientos del efecto del fluor en la conducta, como previamente había hecho para los vencidos, esto se conocía por un experimento del que sólo sé que relacionaba la ingesta de fluor en menores de dos años con el recorte drástico de sus capacidades intelectuales (lobotomización química). El resultado del experimento era un tipo de sujeto susceptible de ser manipulado y proclive a cumplir las leyes sin que exista en él la capacidad –ni por tanto la voluntad– de cuestionarlas. Eh ahí el sentido oculto de la fluoración del suministro de agua potable (actualmente, el implante de un dispositivo capaz de liberar un cóctel químico que permita el control total de la voluntad sustituye a este viejo método). En cuanto al Codex y su atentando contra el suministro de alimentos, es la antesala de la implementación de "Metrópolis" (la sociedad en castas perfecta, donde el pueblo sometido tiene las mismas posibilidades de rebelarse que las que tiene una oveja de subvertir el poder de los humanos). Sin embargo la agenda exige la muerte de muchos millones de nosotros y el actual Codex es un arma más para lograr este objetivo. Naturalmente estas son opiniones personales y el lector exige pruebas. El Codex en sí mismo es suficiente prueba del egoísmo humano manifestado como el egoísmo de las corporaciones multinacionales. Estas y su obsesión por el beneficio a cualquier precio son una prueba de la locura egocentrista, pero el ciudadano que deambula por las calles recelando de todo desconocido y odiando a su vecino es otra prueba de lo mismo: todo eso son efectos del hecho de tener yoes-demonios y visión egocéntrica. Hitler, dentro de su fantasía de dormido, hizo la guerra para garantizar el Lebersraum donde la humanidad –la raza Aria– estuviese a salvo de la amenaza de la agenda, pero en vez de lograrse el espacio vital alemán la guerra culminó con la creación del estado de israel: es decir derrota total, materialización de un objetivo antagónico merced al cual se guerreó. Aquellos que creían que el trabajo y el decoro en todos los órdenes nos harían superiores, aquellos que creían en la regeneración humana, aquellos que concibieron el más grandioso plan para la regeneración humana sin tener en cuenta la disolución del yo –y por lo tanto condenado al fracaso– perdieron la guerra y fueron difamados por la propaganda, en cambio, aquellos siempre dispuestos a ser el parásito de los demás reinaron incontestables: esa es la herencia dolorosa de la segunda guerra mundial (en verdad, ni unos ni otros habrían hecho nada, porque el dormido nada puede hacer aunque crea que hace: lo que tenemos es el exacto resultado de nuestra condición egóica). Para terminar, voy a retomar el artículo donde lo dejé: "Fórmese el lector su propia opinión a partir de los datos que aquí le proporcionamos y que puede ampliar con las investigaciones de las organizaciones que mencionamos, pero lo que es innegable es que las actuaciones de la Comisión del Codex parecen un complemento perfecto del creciente proceso de concentración económica en unas pocas manos, la constante privatización de los servicios públicos, los recortes sociales y laborales justificados mediante la creación de "crisis" periódicas y la destrucción del ecosistema del planeta y del medio interno de sus habitantes provocando la mayor crisis de salud jamás conocida" (por Jesús García Blanca). CRONOLOGÍA DE CÓMO EL CODEX ALIMENTARIUS Y LA OMC CONTROLARON EL MERCADO DE LA ALIMENTACIÓN: 1945. Fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés). 1948. Fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 1950. Primera sesión del Comité de Expertos sobre Nutrición de FAO/OMS en la que se señala que la falta de una regulación conjunta sobre alimentos es un obstáculo para el negocio. 1955. Cuarta sesión del Comité en la que se insiste en el tema: "El uso creciente y a veces insuficientemente controlado de aditivos alimentarios se ha convertido en un asunto de interés público y administrativo... la existencia de medidas de control tan distintas pueden convertirse en un obstáculo indeseable para el negocio internacional". Primera conferencia conjunta FAO/OMS sobre aditivos: un Comité de Expertos en Aditivos inicia sus trabajos redactando unos principios generales para el uso de aditivos en alimentos. 1960. La Primera Conferencia de la FAO para Europa reconoce que un acuerdo internacional para estandarizar cuestiones relacionadas con alimentación servirá para "proteger la salud del consumidor, asegurar la calidad y reducir las barreras comerciales, particularmente en el mercado europeo". 1961. La decimoprimera sesión de la FAO aprueba la resolución por la cual se establece la Comisión del Codex Alimentarius. 1963. Primera sesión de la Comisión del Codex en Roma. 1979. Aprobación de las Directrices Generales sobre Declaraciones que prohíbe declarar que un alimento provee de nutrientes esenciales así como que la alimentación puede prevenir, tratar o curar enfermedades y dolencias. Revisadas en 1991 y 2009. 1995. Los estándares, guías y códigos de prácticas del Codex se convierten en referencia para la seguridad alimentaria en la Organización Mundial de Comercio (OMC). 2002. La FAO y la OMS llevan a cabo una evaluación del trabajo del Codex y lo consideran un componente vital en la promoción de sistemas de control de alimentación diseñados para proteger la salud del consumidor, incluyendo los temas relacionados con el comercio internacional y los acuerdos de la OMC. 2005. Aprobación de las Directrices sobre suplementos alimentarios que establece límites máximos en vitaminas y minerales (que estarán garantizados por el proceso de irradiación de alimentos) y prohíbe afirmar que puedan utilizarse para prevenir, tratar o curar enfermedades. 2013. Composición actual del Codex: 186 miembros: 185 Estados y 1 organización (la Unión Europea). 219 observadores: 50 organizaciones intergubernamentales, 153 organizaciones no gubernamentales y 16 organismos de las Naciones Unidas. Miembros actuales de la OMC: 159 países.

  2. El fraude en la carne que menciona el maestro me trae a la memoria el fraude del etiquetado de carne de caballo vendida como carne de vaca (agencia EFE. 16/04/2013 - 13:43h: "Casi el 5 % de los productos cárnicos etiquetados como vacuno en la Unión Europea (UE) contienen ADN de caballo, según los primeros resultados de los controles realizados por los Estados miembros, anunciados por fuentes comunitarias. Los resultados de estos análisis, que serán publicados con más detalle durante este martes por el Ejecutivo comunitario, también indican que aproximadamente el 0,6 % de las muestras de carne equina analizadas en mataderos europeos contenían fenilbutazona, un antiinflamatorio prohibido en la cadena alimentaria"), pero para encontrar el tráfico de carne humana –hecha pasar en el mercado por carne de cerdo ya que por lo visto el sabor es similar– es difícil documentarlo en terreno cercano por la censura oficial, pero se sabe por ejemplo de casos en Korea del norte en que por hambre extremo algunas personas han llegado a exhumar cadáveres para hervir y comer su carne o el caso de un hombre que asesinó a su hija de 8 años para no verla hambrienta –aprovechando la ausencia de la madre– y para de paso alimentarse con su carne (según la noticia fue denunciado por su esposa a la que ofreció la carne al volver y mató a otro hijo de 6 años porque vio todo, el hombre fue detenido y fusilado), y también de Korea del norte vienen noticias de gente que asesina personas para extraer su carne y venderla en los mercados como carne de cerdo. Lo curioso del caso es que la ley no castiga al que consume esta carne, sino al que la vende o "produce", de modo que la gente puede comprarla una vez llega al mercado y en realidad algunos saben lo que están comiendo. ¿Similares cosas ocurrirán en España, Europa o América? Sólo puedo decir que de ocurrir no es de esperar que se den por televisión o se vean noticias en prensa (en España ni tan siquiera sale en la prensa cuantas personas se suicidan al año cuando se sabe que desde 2007 muere más gente por suicidio que en accidente de tráfico (R. S. Agencias / Madrid / Sevilla (diariosevilla.es) 16/11/2009 - 20:51: "En España muere más gente por suicidio que en accidentes de tráfico, 3.263 personas en 2007 frente a las 2.741 que perdieron la vida en la carretera ese mismo año. En el conjunto del mundo se estima que un millón de personas se quita la vida, lo que representa un suicidio cada 40 segundos, una cifra que supera las defunciones registradas en algunos conflictos bélicos"). En realidad no vale la pena extenderse en documentar todo eso cuando Codex Alimentarius ha sistematizado ya el fraude con sus normas sobre el etiquetado que impiden saber los aditivos añadidos a un alimento, su carácter transgénico o hasta si ha sido o no irradiado (con materias radioactivas, aunque se hace bajo el engañoso nombre de pasteurización fría o pasteurización electrónica). El golpe mortal de Codex se inició en realidad con su plena aplicación a nivel mundial el 31 de diciembre de 2009 (justo después de hacer la modificación más criminal al texto ese mismo diciembre de 2009, por la cual: "se prohíbe el uso de vitaminas, minerales y nutrientes (zinc, magnesio, glucosamina, vitaminas A, B, C, D, etc) en alimentos de consumo masivo", y ni una palabra se ha hablado en los principales medios de comunicación acerca de esta amenaza para la humanidad. Sin embargo, existen proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que predicen que un mínimo de 3000 millones de personas morirán gracias al mandato del Codex de vitaminas y minerales solamente. Es necesario saber que la forma que tienen los "adulteradores de alimentos" de garantizar ese bajo o nulo contenido en nutrientes esenciales es la irradiación de alimentos. Cuando hace ya años escuché hablar de la irradiación de alimentos se presentaba este método como el último golpe de la industria nuclear, ya que de forma análoga a como se hace con los fluoruros, permite que residuos nucleares peligrosos sean usados nada menos que para irradiar alimentos, hoy ya se le ha lavado la cara al asunto y por ahora se tiene silenciado el catastrófico efecto de la irradiación. pero la verdad es que los alimentos no irradiados son buenos para la salud y los irradiados son malos para la salud porque la destrucción de la radiación no se limita a los organismos naturalmente presentes en el alimento, sino a toda la masa biológica, y esa irradiación no es el fruto de ningún esfuerzo altruista de investigación sino que nos ha sido impuesta por los dictadores con ánimo de lucro de la Organización Mundial de Comercio. Para que el lector se convenza de quienes son estos que ponen estas normas, basta mencionar la siguiente información contrastable: "A continuación, los niveles máximos de contaminación natural permitidos por la Agencia de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), pues según afirma es “económicamente impracticable cultivar, cosechar y procesar alimentos que estén completamente libres de este tipo de incidencias”. Y, además, aunque dé mucho repelús, no parece revestir ningún riesgo para nuestra salud. (Los límites de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), si bien no ofrece datos tan explícitos, hemos de suponer que establece unos límites similares). Coged aire. Chocolate: cada 100 gramos podemos encontrar 60 fragmentos de insectos y un pelo de roedor sin que podamos denunciar al fabricante. Tomate en lata: 10 huevos de mosca cada 500 g y 30 cada 100 g en salsa. Espinaca congelada: 50 larvas de ciempiés cada 100 g. Zumo de frutas cítricas en lata: 5 huevos de mosca cada 250 ml. Espárragos en frasco o lata: huevos de escarabajos e insectos, 6 huevos cada 10% del producto. Patatas fritas: el 6% pueden estar putrefactas. Maíz dulce: larvas de insectos menores que 2 o 3 mm. Palomitas de maíz: 1 excremento o pelo de rodeor por envase. Piña en lata: el promedio de moho es del 20%. Macarrones y Espaguetis: 225 fragmentos de insectos cada 25 g. Hoja de laurel: 5 % de moho y 1 mg de excrementos de mamíferos cada 500 g. Brécol congelado: 60 áfidos, crías de gusano o larvas cada 100 g." (fuente: Sergio Parra, Editor en Xatakaciencia)).

  3. Con los sulfitos, cualquier cosa se puede hacer pasar por vino de uva.

  4. Lo peor de todo es que ese vino falso imita el olor y el color y parece vino de verdad (hasta que se bebe).

  5. Es increíble que en 1965 el maestro conociese todas estas cosas. Y aún más increíble que las diga en toda su crudeza (había personas en 1965 que conocían esto, pero jamás se habrían atrevido a hablar en esta forma tan rotunda ni con pruebas que les avalasen). Cuando empezó a surgir lo que ahora llamamos industria alimentaria, se conocía a esta como "adulteradores de alimentos", pero poco a poco la propaganda les lavó la imagen, el ambiente social se hizo más idiotizante, y estas calamidades dejaron de estar presentes para todos (los pedantes salían en los medios de comunicación de masas a golpe de talonario anunciando que todos esos alimentos son seguros, estipendiados por la industria, los estudiantes de medicina ahora recibían cursos sobre nutrición patrocinados por grupos de empresas lácteas. La verdad sobre el procesado del pan, de la leche, etc., quedó borrada de la faz de la tierra para los infelices pobres. A pesar de todo nuestro cuerpo está demostrando saber adaptarse muy bien a la toxicidad de los aditivos alimentarios.

  6. La locura actual es tal que los gobernantes son asalariados de los amos del dinero y son de hecho también víctimas: su ignorancia es necesaria para que el pueblo vea que no hay de qué preocuparse. Ellos son privilegiados pero el verdadero poder los sacrifica de todos modos mientras ellos, como nosotros, prefieren no ver.

  7. Hoy, empezando el año 2015, cuanto ya todo está perdido, existen algunas iniciativas para devolver la cordura a nuestras vidas, como el movimiento llamado permancultura, desgraciadamente, como la humanidad ha llegado a una inconsciencia sin precedentes en la historia, cualquier movimiento de estos se desvirtúa enseguida y de tan cuesta arriba que se hace ir contra la corriente se vuelve inviable. A efectos prácticos, en lo personal he visto que el trueque entre los pequeños a espalda de los grandes, de productos naturales de cosecha propia, es lo más efectivo para escapar al envenenamiento masivo. No hay que perder de vista que ahora sobramos todos: el poder en la sombra exige que muramos en masa para lograr un número de nosotros en torno a 500 millones en todo el planeta. Pero no va a declarar sus fines o a matarnos de un modo notorio: eso sería demasiado honrado y a ellos lo que les va es el sigilo: que seamos nosotros mismos los que hagamos cola para comprar nuestra perdición. Quien quiera sobrevivir no debe olvidar este hecho. A veces, con ocasión de estas anotaciones, me llegan llamadas de atención de personas en desacuerdo con estas funestas declaraciones, pero debe ver el lector que no voy en realidad más allá de lo que el mismo maestro dice, simplemente trato de documentar en la escasa medida de mis posibilidades sus mismas afirmaciones. Desgraciadamente una cosa es documentar que tal o cual aditivo es un veneno, y otra muy diferente conseguir que a la masa dormida no le de exactamente lo mismo saberlo que no. Vivir en el ahora sin dar por sentado que el gobierno vela por nosotros creo que es la actitud inteligente que puede llevar a cada uno a mejorar drásticamente su vida con respecto a lo que para él han planeado nuestros tenebrosos gobernantes.