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Capítulo 21. Esclavitud Psicológica

LA ESCLAVITUD PSICOLÓGICA DESTRUYE LA CONVIVENCIA, depender Psicológicamente de alguien es esclavitud. Si nuestra manera de pensar, sentir y obrar depende de la manera de pensar, sentir y obrar de aquellas personas que conviven con nosotros, entonces estamos bien fritos. Constantemente recibimos cartas de muchas gentes deseosas de DISOLVER EL YO, pero se quejan de la mujer, de los hijos, del hermano, de la familia, del Marido, del Patrón etc., etc., etc. Esas gentes exigen condiciones para disolver el YO, quieren comodidades para aniquilar el YO, reclaman magnífica conducta de aquellos que con ellos conviven. Lo más chistoso de todo esto es que esas pobres gentes buscan evasivas, quieren huir, abandonar su hogar, su trabajo, etc., dizque para AUTO REALIZARSE a fondo. Pobres gentes... sus adorados tormentos son sus amos naturalmente, estas gentes no han aprendido a ser libres, su conducta depende de la conducta ajena. Si queremos seguir la senda de la castidad y aspiramos a que primero la mujer sea casta, entonces estamos fracasados. Si queremos dejar de ser borrachos pero nos apenamos cuando nos ofrecen la copa por aquello del qué dirán, o que nuestros amigos se enojen, entonces jamás dejaremos de ser borrachos. Si queremos dejar de ser corajudos, irascibles, iracundos, furiosos, pero como primera condición exigimos que aquellos que conviven con nosotros sean dulces y serenos y que no hagan nada que nos moleste, entonces si estamos bien fracasados porque ellos no son Santos y en cualquier momento acabarán con todas nuestras buenas intenciones. Si queremos disolver el YO necesitamos ser libres, quien depende de la conducta ajena, no podrá disolver el YO. Nuestra conducta debe ser propia y muy propia y no debe depender de nadie, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones deben fluir independientemente desde adentro hacia afuera[1]. Las peores dificultades nos ofrecen las mejores oportunidades, en el pasado existieron sabios rodeados de toda clase de comodidades y sin dificultades de ninguna especie. Esos sabios queriendo aniquilar el YO tuvieron que crearse a sí mismos situaciones difíciles. En las difíciles situaciones tenemos oportunidades formidables para estudiar nuestros impulsos internos y externos, nuestros pensamientos, sentimientos, acciones, nuestras reacciones, voliciones, etc., etc., etc. La Convivencia es un espejo de cuerpo entero donde podemos vernos tal como somos y no como aparentemente somos. Hemos conocido a muchas personas que dicen: "Yo ya no tengo ira", y a la menor provocación truenan y relampaguean. Otros dicen "yo ya no tengo celos", pero basta una sonrisa del cónyuge o la cónyuge a cualquier buen vecino, para que ya estén sus rostros bien verdes de celos. ¡Es una maravilla! La convivencia, si estamos bien atentos podemos descubrir a cada instante nuestros más secretos defectos, ellos afloran, saltan fuera cuando menos lo esperamos. Las gentes protestan por las dificultades que les ofrece la convivencia. No quieren darse cuenta las gentes que precisamente esas dificultades les están brindando todas las oportunidades necesarias para la disolución del YO. La Convivencia es una escuela formidable, el libro de esa escuela tiene muchos tomos, el libro de esa escuela es el YO. Necesitamos ser libres de Verdad si es que realmente queremos disolver el YO. No es libre quien depende de la conducta ajena. Solo aquel que se hace libre de verdad sabe lo que es AMOR, el esclavo no sabe lo que es el verdadero amor. EL AMOR no se puede adquirir o comprar como quien compra un caballo o un traje, el AMOR no existe en la mente, no se puede practicar, nace en forma muy natural, simple y sencilla. Si somos esclavos del pensar, sentir y hacer de los demás, jamás sabremos lo que es AMOR. EL AMOR NACE EN NOSOTROS cuando acabamos con la ESCLAVITUD PSICOLÓGICA. Necesitamos comprender muy profundamente y en todos los terrenos de la mente, todo ese complicado mecanismo de la ESCLAVITUD PSICOLÓGICA. Existen muchas formas de esclavitud Psicológica, es necesario estudiar todas esas formas si es que realmente queremos disolver el YO. Existe Esclavitud Psicológica no solo en lo interno sino también en lo externo. Existe la esclavitud íntima, la secreta, la oculta, la que no sospechamos ni siquiera remotamente, etc., etc., etc. El esclavo cree que ama cuando en verdad sólo está temiendo. El esclavo no sabe lo que es el verdadero amor. La mujer que teme a su marido, cree que lo adora cuando en verdad sólo le está temiendo. El marido que teme a su mujer, cree que la ama, cuando en realidad lo que sucede es que la teme, puede temer que se le vaya con otro, o que su carácter se torne agrio, o que se le niegue sexualmente, etc., etc., etc. El trabajador que teme al Patrón cree que le ama, que le respeta, que vela por sus intereses, etc., etc., etc. Ningún esclavo Psicológico sabe lo que es AMOR. La esclavitud Psicológica es incompatible con el AMOR. Existen dos géneros de conducta. Primera; La que viene de afuera hacia adentro. Segunda: La que va de adentro hacia afuera. La primera es el resultado de la Esclavitud Psicológica y se produce por reacción; nos pegan y pegamos, nos insultan y contestamos groserías, etc., etc., etc. El Segundo tipo de conducta es el mejor, el de aquel que ya no es esclavo, el de aquel que nada tiene que ver con el pensar, sentir y hacer de los demás, ese tipo de conducta es independiente, recto, justo, si nos pegan contestamos bendiciendo, si nos insultan guardamos silencio, si quieren emborracharnos, no bebemos aún cuando nuestros amigos se enojen, etc., etc., etc. Ahora comprenderán nuestros lectores por qué la Libertad Psicológica trae eso que se llama AMOR[2].

  1. No reaccionar mecánicamente, motivar la acción en nuestras profundas reflexiones, escuchar la voz del silencio (la intuición).

  2. La comprensión de esto no es obvia: si uno cultiva la libertad psicológica, termina por comprender que todos son esclavos y que es imposible para uno someterse a los caprichos y rigideces de los demás. Eso en principio nos hace aislarnos, pero más tarde, nos lleva a aceptar a los demás como son y ha entender que su profundo desconocimiento de sí mismos no les deja más alternativa que ser tan absurdos como son, pero en vez de despreciarles, nace en nosotros eso que se llama amor, un impulso muy superior que nos lleva a procurar tratarlos en forma consciente (no dándoles lo que quieren, ni lo que a nosotros nos gustaría, sino lo que sabemos que necesitan). ¿De dónde vino ese amor? Pues resulta que la sabiduría, en su summum, devino en amor: primero el dolor, al tener un sentido se transmutó en felicidad, el desprecio, al entender que los dormidos no pueden cambiar, se tornó en comprensión, por último el odio más que merecido por todos los infinitos males que el yo ha causado en el mundo, al saber que no podía ser otro el resultado, se transmutó en amor, y así terminamos por querer a todos como son. Más allá de esto, la negación de nosotros mismos nos lleva al mundo del cristo, a la cristalización total de la segunda fuerza, por medio de la cual un día cristalizará la primera fuerza y seremos uno con el uno, con la ley, con el padre.