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Capítulo XVIII. La Cruz del Arhat

1- El fuego de tu rosa ígnea, situada en la laringe del cuerpo mental, chisporrotea abrasadoramente entre las llamas ardientes del Universo.

2- Ahora entras, ¡oh ARHAT!, en las tres cámaras altas de la torre de vuestro templo.

3- El Kundalini de tu cuerpo mental, abre la primera cámara del cerebelo.

4- ¿Sabes lo que esto significa, hijo mío?

5- ¡Ay de ti, oh ARHAT!

6- Recibe la cuarta CRUZ, para que crucifiques tu cuerpo mental.

7- ¿Sabes lo que esto significa, hermano mío?

8- ¿Sabes tú lo que significa la mente?

9- Ahora te has hecho digno de piedad, ¡oh ARHAT!

10- Tendréis que trabajar en la gran obra del PADRE.

11- Seréis un CORDERO inmolado sobre el ara del sacrificio.

12- Trabajaréis incesantemente por la humanidad.

13- Haréis obras geniales en favor del mundo, pero no aguardes laureles, ¡hijo mío!...

14- Acuérdate que tienes que sacrificar tu mente...

15- La humanidad se burlará de tus obras; te escarnecerán y te darán a beber hiel...

16- Tus obras de mérito serán recibidas con carcajadas estruendosas, y todos tus sacrificios la humanidad te los pagará con el más profundo de sus desprecios.

17- Sois digno de compasión, ¡oh ARHAT!

18- La Cruz del cuerpo mental es muy grande y muy pesada.

19- Tus enemigos serán los mismos hermanos espirituales.

20- Ellos te escarmentarán y se burlarán de ti, ¡oh ARHAT!

21- Los espiritualistas de todas las denominaciones, te calificarán de malvado y te escarnecerán, ¡oh ARHAT!

22- Seréis calumniado, difamado y odiado por todo el mundo; así crucificarás tu mente, ¡oh ARHAT!

23- Apolonio de Tyana pasó sus últimos años encerrado en una prisión. Paracelso fue calificado amigo de gitanos y verdugos, por su mismo "Judas". Todos los pedantes de la época odiaron de muerte al insigne Teofrasto Bombasto de Hohenheim (Aureolo Paracelso)[1].

24- Este gran sabio entregó a la humanidad la sabiduría médica, que solo en la nueva era Acuaria será aceptada y comprendida por la especie humana.

25- Agripa[2], aborrecido por los hombres, vagaba de ciudad en ciudad, y todo el mundo lo miraba con desconfianza, calificándolo de brujo.

26- Todos los santos de Jerusalem, todos los mártires de la humanidad, fueron odiados y perseguidos.

27- La cruz de tu cuerpo mental pesa mucho, ¡oh ARHAT!

28- Ahora eres un personaje enigmático, ¡oh hijo mío!, y todos los hermanos espiritualistas te califican de malvado, de intolerante, de tenebroso, sencillamente porque no te comprenden. Tú lo sabes.

29- Benditos quienes nos aman, porque nos comprenden, y benditos quienes nos odian, porque no nos comprenden.

  1. Así viene escrito, castellanizado, el nombre de Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim (Debus, A. G., 1993) o segúnn otros: Theophrastus Bombast von Hohenheim (Amador Schüller Pérez, 2004 e Isaac Asimov) conocido como Paracelso o Teofrasto Paracelso (nació en Zúrich, en la Teufelsbrücke, Einsiedeln, 17 de diciembre de 1493 – y murió -ante la sociedad- en Salzburgo, el 24 de septiembre de 1541), fue un alquimista, médico y astrólogo suizo, conocido porque había logrado la transmutación del plomo en oro mediante procedimientos alquimistas y por haberle dado al zinc su nombre, llamándolo zincum. El nombre Paracelso (Paracelsus, en latín), que escogió para sí mismo y para los profanos, es generalmente conocido que significa: «igual o mejor que Celso», (refiriéndose a Aulo Cornelio Celso, en latín: Aulus Cornelius Celsus (25 a. C. - 50 d. C.) médico y enciclopedista romano del siglo I, (no confundir con el filósofo homónimo del siglo II autor de un excepcional documento llamado: “verdadero discurso contra los cristianos”, en el que un intelectual desconocedor del gran arcano no logra explicarse el fenómeno del cristianismo y plantea sus naturales dudas y desconcierto ante el hecho de que los cristianos -en aquel tiempo gnósticos- no entren a debatir con él (no podían porque entonces el arcano era secreto -y siempre lo fue por este motivo- debido a que siendo él la llave de todos los poderes y la clave de todos los imperios, el monopolio del poder exigía terminar con quienes lo divulgaban, hoy ya como toda la humanidad está finiquitada y condenada, todo eso da poco más o menos igual, pero aún así no le faltan enemigos a quien osa predicar el gran arcano). Digo que es excepcional el discurso de Celso, porque encierra memoria -deformada lógicamente- de la paternidad de Jeshua Ben Pandira o Yeshua Ben Panthera, memoria que luego de ser borrados dos siglos de historia para hacer del catolicismo “una iglesia eterna como la misma Roma” -como quería el gallego Dámaso-, tan sólo los templarios, en su contacto con las sectas juanistas de jerusalem pudieron rescatar, y que pasó al ocultismo europeo por maestros como Eliphas Levi. En fin..., volviendo a Paracelso, hay que decir que lo de Aureola Paracelso -no Aureolo como viene en el original impreso- es más bien de su tumba, pues algunas versiones de la inscripción que el ejecutor testamentario de Paracelso (Miguel Setznagel) hizo esculpir sobre una lápida de marmol rojo que es lo que el mundo profano tiene por su tumba, se refieren a él con este nombre de Aureola Paracelso. En realidad, dejando a un lado esa supuesta seriedad del vano intelectualismo, el traslucido me dice que Aureolo Paracelso -esta vez sí Aureolo pues no estoy citando lo que dicen otros, sino reivindicando lo que dice este libro- es el nombre su íntimo, del real ser de este maestro del rayo de la medicina, al que tanto yo mismo como algunos amigos hemos suplicado curaciones deacuerdo al rito gnóstico de escribir una carta al templo de la medicina de Alden, habiendo obtenido sorprendente resultado. Seguiré citando a Wikipedia: Se trata de una de las figuras más contradictorias e interesantes de la historia de la medicina. Su incesante búsqueda de lo nuevo y su oposición a la tradición y los remedios heredados de tiempos antiguos le postulan como un médico moderno, adelantado a sus contemporáneos. En cambio, en su concepción del misticismo y la astrología se podría decir que mantuvo una postura inmovilista sobre los conceptos más arcaicos. Nació y fue criado en Einsiedeln (Suiza), hijo del médico y alquimista suabo Wilhelm Bombast von Hohenheim y de madre suiza. Suya es la frase: «Lo que se forja con el fuego es alquimia, ya sea en un horno o en la estufa de la cocina». En su juventud trabajó en las minas como analista. Comenzó sus estudios a los 16 años en la Universidad de Basilea, y más tarde en Viena. Se doctoró en la Universidad de Ferrara. Discrepaba con la idea que entonces tenían los médicos de que la cirugía era una actividad marginal relegada a los barberos. Sus investigaciones se volcaron sobre todo en el campo de la mineralogía. Viajó bastante, en busca del conocimiento de la alquimia. Produjo remedios o medicamentos con la ayuda de los minerales para destinarlos a la lucha del cuerpo contra la enfermedad. Otro aporte a la medicina moderna fue la introducción del término sinovial; de allí el líquido sinovial, que lubrica las articulaciones. Además estudió y descubrió las características de muchas enfermedades (sífilis y bocio entre otras), y para combatirlas se sirvió del azufre y el mercurio. Fue además el primero en identificar una enfermedad producida por el trabajo. «Has salvado a Frobenius, que es la mitad de mi vida, del mundo de las sombras.» (Desiderio Erasmo en carta a Paracelso, al enterarse de que éste había salvado, en 1527, la vida de Johann Frobenius, impresor protestante y humanista que padecía una grave infección en una pierna, que podría haber sido amputada). El orden cósmico era lo que le interesaba a Paracelso en primera instancia y lo halló en la tradición astrológica. La doctrina del Astrum in corpore es su idea capital y más querida. Fiel a la concepción del hombre como microcosmos, puso el firmamento en el cuerpo del hombre y lo designó como Astrum o Sydus (en español, astro o constelación). Fue para él un cielo endosomático cuyo curso estelar no coincide con el cielo astronómico, sino con la constelación individual que comienza con el «Ascendente» u horóscopo. Se le atribuye la paternidad del término Espagiria (medicina mágica). Uno de los principios de Paracelso fue: «Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico»; para él, la medicina tenía cuatro pilares: astronomía, ciencias naturales, química y amor. Introdujo el uso del láudano. Su principal libro para el mundo profano fue “La gran cirugía” (Die Grosse Wundartzney). A pesar de que se ganó bastantes enemigos y obtuvo fama de mago, contribuyó en gran manera a que la medicina siguiera un camino más científico y se alejase de las teorías de los escolásticos. También aportó datos alquímicos. A Paracelso se le atribuye la idea de que los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) pertenecían a criaturas que existían antes del mundo. Así pues, la tierra pertenecería a los gnomos, el agua a las nereidas (ninfas acuáticas), el aire a los silfos (espíritus del viento) y el fuego a las salamandras (hadas de fuego). Igualmente, Paracelso aceptó los temperamentos galénicos y los asoció a los cuatro sabores fundamentales. Esta asociación tuvo tal difusión en su época que aún hoy en día, en lenguaje coloquial, nos referimos a un carácter dulce (tranquilo, flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo, dicharachero) y el carácter ácido pertenecería al temperamento melancólico”. Bien, he puesto esta cita un tanto profana porque aporta diversos datos que puede ser útil entresacar de ella. En realidad la verdad es mucho más compleja, pero sólo figura en el cuerpo de doctrina gnóstico someramente, una mayor inquietud requiere de investigaciones esotéricas personales.

  2. De los tres célebres discípulos de Tritemio (el abad Tritemius), Aureola Paracelso, Johanes Faust (Fausto) y Cornelio Agrippa, nos cuenta el maestro Samael que sólo los dos primeros se autorrealizaron a fondo, el tercero (Agrippa), perdió su tiempo razonando, razonando y razonando.