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Capítulo XXIII. Empleados de Confianza
16. "Conseguir que los empleados denominados de confianza de todas clases, gocen de las ventajas de los demás trabajadores, pues, actualmente se encuentran casi abandonados por la Ley Federal del trabajo, y los Patronos o empresas con quienes prestan sus servicios abusan de ellos, además una vez que están viejos o sin motivo alguno les quitan el trabajo, sin darles ninguna prestación, a que tienen derecho por sus servicios, quedando desamparados. Otras veces sin estar viejos se les despide del trabajo sin remuneración alguna" (ALEJANDRO SALAS LINARES). Los CAPITALISTAS han inventado un truco maravilloso para robarse la fuerza de trabajo de los trabajadores. Aquello de "LOS EMPLEADOS DE CONFIANZA" es el cebo para atrapar incautos, muchos trabajadores se sienten seguros con este "TITULO" y hasta presumen con sus compañeros diciendo: "SOY UN EMPLEADO DE CONFIANZA". EL TRUCO CAPITALISTA de los "EMPLEADOS DE CONFIANZA", resulta muy caro para los trabajadores. Millares de "EMPLEADOS DE CONFIANZA" en toda la AMÉRICA LATINA, son despedidos de la noche a la mañana de su trabajo por el "DELITO" de ser viejos o porque le vino en gana al patrón. Existe un dicho vulgar que dice: "O todos hijos o todos entenados". No es justo que algunos trabajadores tengan prestaciones y otros no tengan nada, la Ley debe ser para todos porque nadie es más que nadie, todos somos humanos y tenemos los mismos derechos. Esto del TRUCO conocido como "EMPLEADO DE CONFIANZA", es un HALAGO, una caricia falsa para los engañados trabajadores. Los "TRABAJADORES DE CONFIANZA" se sienten halagados con este título falso sin saber que se están poniendo la soga al cuello; la cruda realidad los viene a despertar cuando sin motivo alguno, el PATRÓN los pone de patitas en la calle. Halago, como si dijéramos FALAGO, viene del Latín FALLO, FEFELLI, FALSUM, lo mismo que FALSÍA, FALSEDAD, y FALACIA. El pobre halaga al rico, el favorito halaga al tirano, eso es la cruda realidad de la existencia. Los cesantes[1] en los países MARXISTAS-LENINISTAS son más numerosos que en los países capitalistas, pero es claro que los COMUNISTAS ocultan este espinoso asunto, para crear la impresión de que en el "PARAÍSO SOVIÉTICO" todo marcha muy bien. Cuando un país cualquiera cae en las garras del DIABLO ROJO, las empresas dedicadas a fabricar artículos de consumo general desaparecen por ser "inútiles" en la "sociedad" Comunista y los pobres trabajadores van para la calle, sin recibir prestación social de ninguna especie. Sin embargo esto no es todo, lo más grave viene después, como esos pobres trabajadores no pueden encontrar empleo en otras industrias, quedan a DISPOSICIÓN del ESTADO y después de calificárseles como vagabundos, van a engrosar las filas de los esclavos condenados a trabajos forzados de por vida. EL CAPITAL del ESTADO y el CAPITAL PRIVADO se roban miserablemente la fuerza de trabajo de los trabajadores. Nosotros debemos luchar por conseguir prestaciones sociales justas y verdaderas para los trabajadores cesados o despedidos por vejez u otros motivos, mas si los obreros se dejan engañar por la propaganda ROJA y el telón de acero[2] cae sobre sus países, detrás de él les espera la más criminal esclavitud de cuantas han existido en el mundo, la esclavitud sistemática impuesta por el enemigo secreto[3]. EL PARTIDO SOCIALISTA CRISTIANO LATINO-AMERICANO debe acabar para siempre con el TRUCO aquel de los "EMPLEADOS DE CONFIANZA" y conseguir garantías para todos los trabajadores sin excepción alguna.
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Cesantes son parados o desempleados. ↩
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"La Cortina de Hierro (en Hispanoamérica) o Telón de Acero (en España) es un término histórico que proviene de las expresiones alemana Eiserner Vorhang e inglesa Iron Curtain. Hace referencia a la frontera política, ideológica, y en algunos casos también física, entre la Europa Occidental (Bloque Capitalista) y Europa Oriental (Bloque Comunista), tras la Segunda Guerra Mundial. En alemán, fue usada por Joseph Goebbels,1 ministro de Propaganda nazi, y Lutz Schwerin von Krosigk, último canciller de Alemania antes de establecerse la Comisión Aliada de Control en mayo de 1945. A su vez, Winston Churchill utilizó su versión inglesa en un discurso. El ex Primer Ministro británico la usó para referirse a la frontera, no solo física sino también ideológica, que dividió a Europa en dos bloques después de la Segunda Guerra Mundial. Churchill popularizó el término en una conferencia en Estados Unidos en 1946, cuando dijo: "Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente (Europa) una cortina de hierro" (Winston Churchill1). La frontera de la que hablaba Churchill dividía a los Estados socialistas, encabezados política, económica y militarmente por la Unión Soviética, y los Estados capitalistas, alineados con los Estados Unidos. El término había sido de hecho ideado o utilizado antes por el Ministro de Propaganda de la Alemania nazi Joseph Goebbels, quien declaró el 25 de febrero de 1945 en un artículo titulado «El Año 2000», en el periódico semanal Das Reich: "Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán todo el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Un telón de acero (ein eiserner Vorhang) caerá sobre este enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás de la cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York seguirá aplaudiendo probablemente" (Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del Tercer Reich). La división también se hizo patente en dos sistemas militares contrapuestos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (1949) y el Pacto de Varsovia (1955), así como en las alianzas económicas, el Plan Marshall por un lado y el Consejo de Ayuda Mutua Económica por otro. Esta división en dos bloques enfrentados en sus concepciones políticas, militares y económicas dio lugar a la situación conocida como Guerra Fría (la cual se prolongaría hasta fines de la década de 1980). De hecho, la mayoría de los países al este de la Cortina de Hierro se resignaron a ser satélites de la Unión Soviética, después de que, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, ésta avanzase sobre los restos de la Europa hasta entonces ocupada por los nazis. Esta soberanía limitada o tutelada quedó confirmada por el sofocamiento del levantamiento germano-oriental de 1953, por la fallida revolución húngara de 1956 (que llevó al fusilamiento del líder reformista Imre Nagy en 1958) y por la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968 (Primavera de Praga). En particular, después de producida esta última, el gobierno de Leonid Brézhnev elaboró la denominada doctrina que lleva su apellido, según la cual como lo “que afecta a un país socialista afecta al socialismo como un todo”, la URSS se arrogaba el derecho de invadir militarmente cualquier país de su área de influencia en la Europa Oriental. El surgimiento del combativo sindicato polaco Solidarność (“Solidaridad”) en 1980 tendió a confirmar el estado de tensión ideológica interna que se vivía detrás de la también denominada “Telón de Acero” (El "Muro de Berlín" es el símbolo más famoso de la Cortina de Hierro). Únicamente la Yugoslavia del mariscal Josip Broz “Tito” y la Albania de Enver Hoxha lograrían, aún teniendo sendos gobiernos marxistas, mantener una relativa independencia de la URSS. Ya en 1948, tan sólo tres años después de finalizar la guerra, Tito rompió con el régimen de Iósif Stalin. A pesar de haber proclamado su neutralidad frente a ambos bloques, el líder yugoslavo mantuvo una forma de gobierno socialista, argumentando que su “marxismo-leninismo era más puro que el soviético”. Por su parte, el estalinista Hoxha lo hizo a partir de la década de 1960, después de que el por entonces nuevo premier soviético Nikita Jrushchov, a partir de su posteriormente famoso discurso secreto del 25 de febrero de 1956, comenzase a denunciar públicamente los excesos y crímenes cometidos en vida por Stalin. Ante esa nueva situación internacional, después de producido el cisma ideológico chino-soviético, el líder albanés decidió romper con la URSS y tomar partido por la China del entonces dirigente Mao Zedong. Al oeste de la Cortina de Hierro, Finlandia y Austria mantenían también una política de relativa neutralidad respecto a los bloques, buscando mantener relaciones cordiales con la Unión Soviética. En los medios de comunicación de algunos países occidentales, se acuñó el término de finlandización para describir, en sentido negativo, una política exterior que según dichos medios se acomodaba para servir a los intereses soviéticos. El 19 de agosto de 1989 se celebró el Picnic Paneuropeo por iniciativa de Hungría, siendo el primer paso para la caída del Telón de Acero. En este evento los húngaros y austríacos obviaron las fronteras soviéticas y se reunieron simbólicamente. ORIGEN DE LA LOCUCIÓN IRON CURTAIN: La locución Iron curtain utilizada metafóricamente por Winston Churchill en 1946 se emplea en inglés para designar una cortina o telón metálico que, en caso de incendio, se usa como cortafuegos en los teatros. Tiene el mismo significado que la locución Eiserner Vorhang (cortina o telón de hierro) en alemán, usada por Goebbels en 1945. El diccionario de la RAE solo recogía hasta su vigesimosegunda edición la expresión «telón de acero». ↩
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Hoy en día, el enemigo secreto concentra en sus manos mucho más poder del que puede obtenerse mediante guardias armados ("un policía en cada esquina" fue una definición popular del comunismo) o aquel otro de "una televisión en cada hogar" (capitalismo) gracias a la tecnología informática. Esto plantea un escenario tan diferente de lo que se pensaba cuando la imposición del comunismo fue urdida, que realmente considero que el comunismo como la peste social de dictadura sin sentido que es ya no es una prioridad para esos pocos que lo controlan todo, al fin y al cabo el enemigo secreto tiene un objetivo, una meta, poco importa los medios que tenga que emplear para llegar a ella, lo que importa es llegar. El futuro del mundo podría ser el simple exterminio de los que "sobramos", un sistema de vida en el que el ciudadano es un desposeído de todo tan preocupado de su propia miseria que ya no le interesen las verdaderas razones del estado lamentable de todas las cosas, o seguramente algo peor que ahora es imposible de imaginar. La cuestión aquí es ¿quien controla el mundo, Dios o el Diablo? Al nivel de la naturaleza y de la vida, la colectividad de los dioses a los que considerados en conjunto podemos llamar Dios evidentemente tiene la última palabra, pero con el yo pluralizado que cargamos tan fuerte y tan desarrollado, y nuestra esencia tan chica y tan descuidada en su desarrollo por escuelas y sistemas de pensamiento, es obvio que Satán controla el mundo, y no hay razón para esperar que esto cambie a corto o largo plazo. De modo que la simple verdad es que Dios consentirá a Satán hasta donde le sea posible, y en un punto definido (cuando levantemos la torre de Babel de la conquista de otros mundos –dice el maestro– o cuando la divinidad no pueda consentir más nuestra existencia sin hacerse cómplice del delito, la gran ley hará que esta raza termine y establecerá la futura edad de oro de la sexta raza que se llamará Koradi. Querer seguir ocultándole a nuestros hijos lo perdida que está la batalla por la humanidad actual me parece ya anticuado y totalmente inútil para evitar a las nuevas generaciones el tremendo disgusto de la verdad del asunto. Enseñarles cuan mal están las cosas en forma dogmática, sin motivos ni razones, sin mostrar evidencias, también lo encuentro inútil. Los maestros de compasión, cargados de su profundo conocimiento de la naturaleza humana no reprochan al humano sus muy humanos errores, todo lo que ellos esgrimen como justificante para alarmarnos con la necesidad del cambio es que pretenden ahorrarnos el paso por el infierno en forma mecánica. Yo le aconsejo al lector que no vaya por caminos trillados, que no desperdicie su vida en las causas vanas promovidas por los eslóganes de este sistema irremediablemente corrupto y vaya cada momento a por lo que importa: el reencuentro con su real ser. Nuestros cuerpos infectados por aditivos químicos y contaminantes no tanto como envenenados por el yo envejecen y mueren prematuramente. La vida del yo entronizado en humano cuerpo es, en el mejor de los casos, miseria. Hay que despertar como mejor uno pueda, cada uno a su ritmo y a su manera, cada uno a su entender, tratando de ver que no merece la pena todo lo que ansía el yo. La gnosis es la religión del sexo pero también la religión de la muerte. Aquellos bellos aspirantes al nirvana que nos miran a los gnósticos con lástima en realidad ignoran muy radicalmente que la paz y amor que sus bellas doctrinas les dan no puede conducirlos a cambios verdaderos (el yo no se va a perfeccionar). Ellos, los buenos chicos de todos los credos, nos tienen lástima, pero nosotros sabemos que en realidad ellos están adoptando ante el enemigo secreto la estrategia del avestruz (esconder la cabeza para no ver el peligro). Y las más de las veces no hay cómo quitarles esa tontería. Uno sólo puede dar a la humanidad su ejemplo. El maestro Samael dio su ejemplo y ya no volvió pese a que era su deseo, y viendo lo que ha quedado del movimiento gnóstico parece que hubiese "arado en el mar", pero es que siempre es así: cada maestro da su ejemplo y lo que queda aquí pronto se desfigura hasta quedar inservible, y luego los dormidos hacen muecas y suponen que están entendiendo y "salvando el alma", cuando ni tienen alma... Ahora mismo estamos en una guerra y tenemos que darnos cuenta de que morir vamos a morir de todos modos y de que lo importante es que decidamos cómo queremos morir. Samael sólo dijo que era mejor morir por la causa del Cristo que por la de Yahvéh. En el futuro próximo, "quien no tenga tierra no comerá". Necesitamos volver a los campos, a la vida autosuficiente, necesitamos enfrentarnos al hecho de que este mundo aparentemente avanzado puede desaparecer de un día para otro: aquí será una guerra, allá un desastre natural, acullá otras extrañas condiciones difíciles: sea como fuere es imposible a estas alturas que la mano del enemigo secreto no nos alcance, sus desmanes están por doquiera se mire. Él ha vencido y ahora sucumbirá justamente por el propio hecho de haber vencido: Haz querido lector lo posible para que no te arrastre en su caída. ↩