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Capítulo X. Industria Pesada

6. "Hacer las gestiones ante quien corresponda por todos los medios que están a nuestro alcance, para que se instale en nuestro país la denominada INDUSTRIA PESADA, con el objeto que México, no se clasifique como país subdesarrollado y alcanzando su industrialización en gran escala hasta donde sea posible" (ALEJANDRO SALAS LINARES). Todos los países LATINO-AMERICANOS deben INDUSTRIALIZARSE; todos los países de la AMÉRICA LATINA deben tener INDUSTRIA PESADA si es que de verdad quieren realmente ser INDEPENDIENTES en el sentido COMPLETO de la palabra. La INDEPENDENCIA ABSOLUTA de cualquier país resulta imposible mientras no sea capaz de producir lo que consume. Todo tipo de DEPENDENCIA es esclavitud. Cuando los países LATINO-AMERICANOS tengan INDUSTRIA PESADA y puedan producir todo lo que consumen y algo más, serán INDEPENDIENTES. Tras los Gobiernos Nominales se esconden los Gobiernos reales compuestos por LAS SOCIEDADES ANÓNIMAS, TRUST, MONOPOLIOS EXTRANJEROS, etc. etc., etc. Muchos Gobiernos controlados por el ENEMIGO SECRETO[1] firmaron en el pasado ciertos tratados por medio de los cuales se comprometieron a NO instalar en sus respectivos territorios Nacionales por cierta cantidad de tiempo, lo que podemos llamar INDUSTRIA PESADA[2]. Quienes firmaron esa clase de TRATADOS pusieron sobre el cuello de las masas trabajadoras y oprimidas, la cadena infame de la esclavitud. Quienes firmaron esa clase de tratados apuñalaron el corazón de la PATRIA y pisotearon la bandera nacional. Ningún país SUBDESARROLLADO es realmente INDEPENDIENTE; sólo mediante el desarrollo industrial se logra la independencia total. De nada sirve tirarle piedras al vecino cuando tenemos casa de cristal. Resulta tonto insultar al TÍO SAM si tenemos que "hacerle la barba" y cepillarle el saco para que nos venda sus avioncitos, sus buques, su maquinaria agrícola, sus carros modernos, etc., etc., etc. Cuando los países LATINO-AMERICANOS puedan producir maquinaria pesada y mercancías de toda especie, entonces nos libertaremos de la BOTA OPROBIOSA del TÍO SAM y los YANKIS tendrán que tratarnos de igual a igual[3]. NO es el camino del ODIO el que pueda libertarnos de la BOTA YANKI; si los países LATINO-AMERICANOS quieren ser libres de VERDAD, deben INDUSTRIALIZARSE. ES necesario tener el valor de romper esos tratados que impiden la INDUSTRIALIZACIÓN. ¡ABAJO CADENAS! ¡Que viva la libertad! Cuando un país posee suficiente capacidad para producir y exportar, es porque está totalmente INDUSTRIALIZADO. En la AMÉRICA LATINA se exportan materias primas que están sujetas a grandes fluctuaciones de precios. Los AMOS DEL CAPITAL NORTEAMERICANO regresan esas materias primas a los países que las exportaron, pero ya convertidas en mercancías y a precios equivalentes a su valor NORTEAMERICANO como si todos los países de la AMÉRICA LATINA fuesen territorio NORTEAMERICANO. La dependencia de uno o de pocos productos de exportación causa como es natural, gran inestabilidad de los ingresos de divisas, y también, de las finanzas públicas cuyas entradas se basan en gran parte sobre tales exportaciones. Los actuales países DESARROLLADOS muestran una elasticidad de importación de materias primas relativamente bajas, mientras que la elasticidad de importación de las regiones menos desarrolladas es muy alta. Cuando un país posee INDUSTRIA PESADA, cuando está totalmente DESARROLLADO, es claro que se basta a sí mismo; aparte de MATERIAS PRIMAS es relativamente muy poco lo que necesita comprar al EXTRANJERO, su elasticidad de importación de materias primas es relativamente baja. Los países SUBDESARROLLADOS tienen mayor capacidad de elasticidad en materia de importación, mayores necesidades, más dependencia del extranjero, más esclavitud, menos libertad.

  1. Hoy en día prácticamente todos los gobiernos, en mayor medida los que tienen un banco central con sistema de reserva fraccionaria y control sobre la emisión de moneda al estilo del banco de Inglaterra y la reserva federal.

  2. Esta cuestión está estudiada en artículos de investigación como el aparecido en el boletín nº 221 (enero/abril 2007) de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM (revista_cya@correo.fca.unam.mx Circuito Exterior, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, México, Distrito Federal, MX, 04510, (52-55) 5622-8494), titulado: «Los tratados de libre comercio impulsados por Estados Unidos en América Latina y la profundización del subdesarrollo» (por Arturo Huerta González, Profesor investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Correo electrónico: ahuerta@servidor.unam.mx). En el resumen del mismo se dice: "Este trabajo analiza la política comercial seguida por Estados Unidos (EUA) hacia América Latina y el Caribe ante el estancamiento generado en las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), así como la aceptación de la mayoría de los países del área a las directrices fijadas por los EUA. Asimismo, se estudia la posición asumida sobre todo por Brasil y Argentina en contra del ALCA, además de la situación actual del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la pérdida de competitividad que enfrenta México con China en el mercado estadounidense. A pesar de que la teoría predominante prioriza el libre comercio y el crecimiento hacia fuera como estrategia de crecimiento para los países del área, este trabajo se encamina a demostrar que dicha estrategia no representa la alternativa de crecimiento que estos países requieren debido a que no cuentan con las condiciones productivas y financieras para salir exitosos en dicho proceso". Dicho en pocas palabras, lo que viene a analizar el citado artículo es que el libre comercio es sólo conveniente para las grandes corporaciones de Estados Unidos. Que estos tratados condicionan algunas ayudas y subvenciones de las que se beneficia sobre todo el político de turno a la no proliferación de lo que el maestro llama industria pesada no se dice en forma sucinta pero sí se reconoce en forma tácita al mostrar que la idea de que el TLC beneficia al país latinoamericano es falsa. En la página 13 del citado artículo se reflexiona que jamás los TLC pueden ser buenos para otro país que el fuerte: "La mayoría de los países de América Latina han firmado y están negociando tratados de libre comercio con Estados Unidos y otorgando concesiones al capital internacional, sobre todo para crear condiciones de confianza, rentabilidad y estabilidad a dicho capital, así como asegurar –a través de estos acuerdos comerciales– la irreversibilidad de la apertura económica y las concesiones otorgadas con el fin de estimular flujos de capital hacia tales países, esperando con ello desarrollar la industria, generar empleo e impulsar la dinámica económica. Con los TLC con EUA, los países latinoamericanos pretenden no tanto allegarse del mercado estadounidense –pues éste siempre ha estado ahí y su acceso se ha tenido en forma limitada, lo cual se ha determinado por la baja capacidad productiva y competitiva existente–, sino buscan principalmente incentivar flujos de inversión a nuestros países y con ello poder incrementar la capacidad productiva; además, para financiar el pago del servicio de la deuda externa y evitar obstáculos externos al crecimiento. Indudablemente, es la carencia de recursos financieros por parte de los países de América Latina para cubrir sus obligaciones financieras externas, como para impulsar su dinámica económica, lo que los lleva a promover TLC con Estados Unidos para, así, atraer flujos de capital y hacer frente a sus carencias. De igual manera, creen que las ventajas comparativas que cuentan en escasas ramas productivas, sobre todo en el sector primario, junto a las ventajas de localización podrán promover inversión extranjera directa (IED) para dinamizar sus economías e incrementar sus exportaciones y alcanzar una inserción dinámica en el mercado mundial. A través del TLC con Estados Unidos, los países latinoamericanos esperan absorber los empleos que perdería dicho país al trasladar empresas hacia América Latina ante las posiciones competitivas que éstas ofrecen por los menores costos de mano de obra y de ciertos insumos productivos. Asimismo, consideran que la liberalización del comercio permite importar insumos productivos para abaratar costos de producción y, en consecuencia, para producir internamente bienes finales altamente competitivos en lugar de importarlos, mejorar la competitividad en la producción final y de esta manera incrementar las exportaciones, así como el desarrollo industrial. La mayoría de los países ha negociado o está negociando un tratado de libre comercio con Estados Unidos porque creen que es mejor participar en el proceso de globalización que no estar en él; consideran que los beneficios del libre comercio son mayores a los costos que se derivan de ello; tales gobiernos ven en los TLC con Estados Unidos una oportunidad para el crecimiento de sus países. Por ello, señalan que no se le puede dar la espalda a la globalización debido a que parten de la posición de que dichos tratados comerciales ofrecen grandes oportunidades que se tienen que aprovechar, como si contasen con los niveles productivos y financieros necesarios para salir airosos de los procesos altamente competitivos que se configuran; además, los que actualmente están negociando TLC con Estados Unidos, como es la Comunidad Andina, ni siquiera estiman las consecuencias que estas políticas han originado en aquellos países como México, donde ya tiene once años de operar el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Hay una divergencia de intereses detrás de los TLC, mientras EUA desea ampliar mercados a sus productos y a su inversión, los países del área pretenden con ello incrementar sus exportaciones al mercado estadounidense para dinamizar su industria, aminorar las presiones sobre el sector externo, así como promover inversiones para incrementar la productividad y alcanzar una mejor posición competitiva en el mercado internacional. Por su parte, México ha venido abanderando la estrategia de liberalización económica en toda América Latina, impulsando los tratados de libre comercio y el ALCA. El gobierno mexicano difunde en todos los foros que el TLCAN ha sido exitoso, dado que ha incrementado las exportaciones de manufactura del país y ha promovido grandes flujos de capital y señalan que ésta debe ser la estrategia para el resto de los países de América Latina. Tal postura es más ideológica y de subordinación a los intereses de Estados Unidos, que al beneficio de los nacionales debido a que las mayores exportaciones y la mayor inversión extranjera que se ha propiciado como consecuencia de dicho TLC no se ha traducido en mayor desarrollo industrial, ni en mayor generación de empleo productivo, ni en crecimiento económico sostenido, sino –por el contrario– la economía mexicana hoy presenta mayores problemas productivos y financieros que antes de las políticas de apertura económica, lo que la ha colocado en un contexto de bajo crecimiento y de alta vulnerabilidad económica (véase CEPAL, 2004). 3. Los TLC restringen la función de regulación y de promoción del Estado en la economía A través de los TLC, Estados Unidos impone reglas, leyes y políticas a su favor anulando el poder soberano de los gobiernos latinoamericanos para determinar y decidir sus políticas a favor de los productores nacionales para su desarrollo y para encarar el proceso de competencia que configura la economía abierta y la reducción de aranceles que establecen los TLC; EUA no otorga derechos especiales a los países latinoamericanos. Se parte del postulado teórico de que al dejar las economías a las libres fuerzas del mercado con apertura externa, con la menor participación e intromisión estatal posible, se podrá alcanzar una mejor asignación de recursos a favor de la productividad para salir airosos del contexto competitivo configurado. Las concesiones que otorga EUA a los países del área son principalmente en sectores donde no representan peligro debido a su superioridad competitiva frente a sus adversarios. Las exportaciones manufactureras que América Latina destina a EUA son básicamente de alto componente importado con insumos de origen de dicho país; no obstante que el país norteamericano limita a los gobiernos latinoamericanos a que otorguen subsidios a los productores agrícolas e instrumenten políticas a favor de sus sectores productivos nacionales; por su parte, EUA mantiene políticas de subsidios a sus productores agrícolas y políticas proteccionistas en los sectores donde tiene productividad y competitividad menor que los países latinoamericanos, por lo que las perspectivas de ganar en dichos acuerdos no existen para estos últimos. En el caso de la agricultura, a los países en desarrollo que cuentan con menores niveles de productividad que EUA, se les da más plazos para eliminar subsidios, como si en realidad pudiesen en el plazo otorgado alcanzar la homologación de la productividad y competitividad para salir airosos del proceso competitivo. Asimismo, las tarifas más altas que colocan los países latinoamericanos para compensar los diferenciales de productividad no los pone en una situación de protección frente a los productos agrícolas subsidiados provenientes de EUA, puesto que el producto importado sigue siendo más barato; con esto se evidencia el hecho de que las tarifas son insuficientes para estimular la producción nacional, la cual resulta insuficiente en la mayoría de los países del área para satisfacer el mercado interno". Con lo citado hasta aquí el lector puede hacerse una idea.

  3. Esto ha ocurrido precisamente en la China comunista. No me detengo a analizar las razones, pero en pocas palabras al férreo control de la masa obrera por el estado propio del comunismo se le ha combinado un capitalismo típico a nivel empresarial, el resultado: tecnología punta y alta competitividad reforzada por salarios bajos, jornadas largas y ausencia de huelgas.