Monografía Nº 9. Tepiu K´ocumtatz
Tepiu K´Ocumtatz[1] es entre los aztecas el Anciano de los Días. El Anciano de los Días es andrógino. Es decir, hombre y mujer al mismo tiempo. El Anciano de los Días es el Padre en nosotros. Así pues Tepiu K´Ocumtatz es el Ser de nuestro Ser. El Yo legítimo del Yo[2]. La primera y última síntesis de nuestro Ser. El Anciano de los Días es la primera emanación del Absoluto[3]. En el fondo de la Conciencia de cada hombre hay un Anciano de los Días. La cabellera del Anciano de los Días tiene 13 bucles; si sumamos entre sí esta cantidad tendremos 1 más 3 igual 4. 1 es el principio masculino fuego; 2 es el principio femenino agua; 3 es el Hijo de la creación universal. Esta creación más la unidad de la vida es igual a 4; 4 es el Santo Tetragrammaton. Este es el nombre del eterno Yod He Vau He. La barba del Anciano de los Días tiene trece mechones y representa al huracán, a los cuatro vientos, al soplo, a la palabra. Los cuatro vientos son el Iod He Vau He. El Anciano de los Días es la bondad de las bondades, lo oculto de lo oculto, la misericordia absoluta. El Mantram PANDER nos permite llegar hasta el Anciano de los Días. Esto es posible con la meditación profunda. En el mundo de Aziluth hay un templo maravilloso donde se nos enseña la majestuosa presencia del Anciano de los Días. Para realizar al Anciano de los Días en nosotros mismos tenemos que realizar totalmente dentro de nosotros al número 13. Necesitamos una muerte suprema y una suprema resurrección. <book_image path="books/40-magia-cristica-azteca/100000000000048D00000841315B135E.webp" alt="Ilustración" />
El Anciano de los Días mora en el mundo de Kether; el jefe supremo de ese mundo es el ángel Mitratón, ese ángel fue el profeta Enoch. Con su ayuda podemos entrar en el mundo de Kether durante la meditación muy profunda. El discípulo que quiera penetrar en Kether durante sus estados de meditación profunda, rogará al ángel Mitratón y será ayudado. La diosa azteca de la muerte, tiene una corona con 9 cráneos humanos; la corona es el símbolo del Anciano de los Días, el cráneo es la correspondencia microcósmica del Anciano de los Días en el hombre. Realmente, necesitamos de una muerte suprema de la personalidad humana; la personalidad humana debe morir. Necesitamos una suprema resurrección para realizar al Anciano de los Días en nosotros mismos. En el mundo de Kether comprendemos que la Gran Ley rige todo lo creado. Desde el mundo del Anciano de los Días vemos a las multitudes humanas como hojas arrastradas por el viento. El Gran Viento es la Ley terrible del Anciano de los Días, "Vox Populi Vox Dei". Una revuelta social contemplada desde el mundo del Anciano de los Días, es una ley en acción. Cada persona, las multitudes enteras, parecen hojas desprendidas de los árboles, arrasadas por el viento terrible del Anciano de los Días. Las gentes no saben de éstas cosas, las gentes sólo se preocupan por conseguir dinero y más dinero. Esa es la pobre humanidad doliente: míseras hojas arrastradas por el Gran Viento, míseras hojas llevadas por la Gran Ley. El Anciano de los Días es nuestro Yo auténtico en su raíz esencial. Es el Padre en nosotros. Es nuestro verdadero Ser. Nuestros discípulos deben ahora concentrarse y meditar muy hondo en el Anciano de los Días. Durante la meditación deben provocar el sueño voluntario. Así podrán llegar a la iluminación muy profunda. Que la paz reine en todos los corazones. No olvidemos que la paz es Luz. No olvidemos que la paz es una esencia emanada desde el Absoluto, es luz emanada desde el Absoluto, es la luz del Anciano de los Días. Cristo dijo: "Mi paz os dejo, mi paz os doy".
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En el original impreso dice: “Tepiu K Ocumtatz”, pero eso comparado con lo que voy a contar ahora es lo de menos (aunque dígase primero al respecto que simplemente he tomado la forma escrita más común y acorde a la ediciones modernas). Lo gordo, es otra cosa. Resulta que esta monografía 9 no es la original de este texto (si se fija el lector en la edición facsímil del original impreso, verá que el tipo de letra difiere del resto del libro en la monografía 9 ¿y por qué? Muy fácil: cuando estaba el libro en planchas, se recibió la orden de cambiar la monografía original por esta que ha quedado aquí). Es raro que en ella no existe el apartado de práctica, rompe de hecho con la armonía del conjunto, y todo esto conviene explicarlo bien. Muchos años antes de ser libro, esta colección de 22 monografías era como un curso completo de gnosis por correspondencia que el maestro enviaba (de ahí que tenga preguntas tipo examen, que el maestro pida que se le envíe correspondencia, etc.), cuando ya el movimiento se hizo más grande, de todos modos las 22 monografias circulaban entre los estudiantes en forma de hojas mecanografiadas que unos de otros copiaban a su vez. Muchos años más tarde llegó esta primera edición impresa, y los que la editaron, pues supongo que siguiendo instrucciones del maestro cambiaron la monografía 9 original por esta que aquí esta, y además cometieron un error previamente comentado notas arriba: se dejaron sin imprimir el final de la monografía 5 (es de esperar que los editores de modernas ediciones cuenten con la fuente mecanografiada de las monografías, de no ser así y depender de esta primera edición, esta se vería incompleta siempre). Como para mi quisiera si otro hiciese este trabajo, no puedo menos que poner a continuación la “verdadera” monografía 9, aunque hay que advertir que tras copiarse y copiarse el texto sin entenderlo cabalmente, este está lleno de imprecisiones surgidas de reinterpretar lo escrito sobre errores previos, eso por no mencionar que es por deseo expreso del mismo maestro Samael que se descartó este texto y fue sustituido por el que finalmente conforma esta monografía, todo lo cual no es óbice para que resulte interesante incluirlo aquí como anotación, pues esto tiene un fin didáctico: permite comprender que el maestro, lejos de la visión fantástica de los que quieren tanto mostrarle infalible (lo que resulta imposible sin volverlo incomprensible, y que hacen en el fondo porque son aduladores sin saberlo), en cambio la crónica fiel, el aborrecimiento de cualquier intento de hacer pasar la enseñanza por algo exento de todos los muchos y variopintos problemas que tuvo y tiene tanto para enseñárnosla el maestro como para nosotros comprenderla, nos pone cerca de la visión real de lo que fue, que es un privilegio tanto poder como saber conservar fielmente para estudiantes futuros. MONOGRAFÍA NÚMERO 9 EL ABSOLUTO. Ipalnemohuani (Aquél por quien vivimos). Dios invisible e impalpable. Porción del ser oculto en el espacio sin límite, más allá del universo donde no existe sino la sabiduría pura, y Ometecuhtli, Omecihuatl (Señor y Señora de la dualidad), Padre y Madre de los Dioses y los hombres encerrado en nubes de Turquesa color de pájaro azul. Señor del Faldellín luminoso de estrellas que hace brillar las cosas como jade desde cuando aún era de noche, que está más allá de todo tiempo, y que se piensa y se inventa a sí mismo. Principio vivificador de todo cuanto existe. A conocerlo enseñan los Tlamatinime en los Olmecas, donde se aprendía a modelarse a sí mismo un rostro y un corazón endiosado (que habla con Dios). Esta es la cosmovisión infinita que heredamos de nuestros antepasados Náhuas. Después de la conquista, en los años 155-56, en la cima del cerro de Tepeyac existen las ruinas de un templo donde los Náhuas veneraban a la madre de los Dioses y de los Hombres: Tonatzin (Emanación de Omacihuatl con parte de Ometecuhtli). “Y venía a ella de muy lejanas tierras de estas comarcas de México mucha gente trayendo muchas ofrendas”, dice fray Bernardino de Sahagún en su manscrito: “cantares de los mexicanos”. La escultura de Tonatzin (To, nuestro, nuestra; Natli, madre, madrecita), fue construida por españoles y en el lugar de su templo -una perencia pirámide- levantaron una capilla en honor de una imagen pintada por el indio Marcos, alegando que esta se parecía a la Virgen de Guadalupe que se venera en España. El historiador Serna en su “manual de Ministros Indios”, folio 90, dice: “En el cerro de Tepeyac donde hoy se encuentra el santuario de la Virgen de Guadalupe, tenían los indios un ídolo de una diosa llamada Ylamateuctli o Casamihauh, o por otro nombre, el más ordinario: Tonan, a quien celebran fiesta en el mes llamado tititl 17 de uno de sus calendarios y 16 de otro, y cuando van a la fiesta de la Virgen Santísima dicen que van a la fiesta de Tonatzin, y la intención es dirigida en los maliciosos a su Diosa y no a la Virgen Santísima”. Los Náhuas como los indistanos, conocían y veneraban el aspecto maternal de Dios. Ometecuhtli, Mecihuatl. no sólo es el Padre, sino también la Madre de los Dioses, de los hombres y de todo lo creado. En su libro “La madre Cósmica”, el maestro Yogananda dice: “Toda la naturaleza es el aspecto Madre de Dios. En ella encontramos belleza, ternura y bondad. Los ríos, los árboles, las flores, los pajarillos, todo nos habla del aspecto Madre de Dios, el instinto creativo, artístico de Él. Cuando vemos el amor de todas las criaturas por sus pequeñuelos, cuando vemos la abundancia de los frutos de la tierra, sentimos en nosotros la ternura y el amor maternal de Dios, y si a veces nos parecen crueles e inexplicables los designios de la Naturaleza, -en la India a este aspecto se la conoce por Kali-, también al pequeñuelo a veces le parecen crueles e inexplicables los métodos de protección de su madre”. “Cuando a solas contemplamos el azul del cielo desde una cima de una montaña, o caminamos sobre la arena a la orilla del mar, sentimos dentro de nosotros una ternura infinita, esta es nuestra reacción ante el aspecto madre de Dios, pero sólo pensamos en el espacio sin límites sentimos una vibración de pura sabiduría. Este es el aspecto Padre de Dios”. El doble círculo concéntrico del calendario Azteca que lo contiene todo: Estrellas, planetas, seres y cosas, este es el Padre. Entonces Dios es a la vez Padre y Madre. Los Náhuas son post-atlántes, descienden de una Arjuna quien desde la India vino a colonizar Patala-América -dice la epopeya del Mahabahrata. De los Khelkhas cuya civilización floreció en el desierto del Gobi procede el alfabeto ógnico de la lengua Náhualt que es numérica iniciática y que se deriva de la lengua de Oro que en los albores de la humanidad enseñaban a sus pueblos los reyes Divinos. Lengua madre del Sánscrito y abuela de todas las lenguas Indo-Europeas: El Zendo, el Caldeo, el Arameo, el Griego, el Latín, el viejo Alemán, el Inglés, etc. En “La Atlántida y la última Thule”, presentada por el Lic. Eustaquio Buelna ante el congreso internacional de americanistas celebrado en la ciudad de México D. F. en octubre de 1895, dice: “Atlántida es nombre de filiación Náhuatl son sólo la filiación griega”. En el Sancta Sanctorum de la conciencia de cada hombre mora la contraparte de Ometecuhtli, Omecihuatl. Él es la bondad de las bondades, la misericordia absoluta, pero también es la ley que todo lo gobierna. En los mundos internos hay un templo maravilloso deonde podemos contemplar la magestuosa presencia de la pareja divina. Pero antesmo que realizar en nosotros titalmente el número 13. El Arcano Mayor 13 de la kábala simboliza muerte. En el museo de Antropología e Historia de la ciudad de México, D. F., existe el monolito de una mujer de rodillas cuya túnica adornan lenguas de pedernal, símbolo del fuego, que bajan hacia el encuentro de otras que suben. Una calavera sobre el pecho y una mano a cada uno de los lados de la calavera con palmas y dedos existiendo hacia abajo, que con las de la mujer, existiendo hacia arribla, pero arqueadas y con los pulgares replegados, en conjunto simboliza la muerte del iniciado. La calavera que ostenta en su pecho Cihuamictlantecutli es el símbolo de la correspondencia microcósmica en el hombre de El Inefable Dios Viejo Huehueteotl morando en el hombre y la mujer a la vez el símbolo de la muerte de todas las cosas que atarán sobre la tierra a los iniciados antes de encontrar a su Dios. Cihuamictlantecutli se cubre con la máscara sagrada y una corona de nueve cráneos son el símbolo de las nueve iniciaciones mayores a través de las cuales solamente es posible que el hombre y la mujer realicen a su Dios interno. PRÁCTICA Siéntese cómodamente en una silla sin respaldo, cuyas patas no sean más altas que sus piernas de los talones a la parte posterior de sus rodillas. Pónga su columna vertebral recta, y sus manos sobre sus piernas, cerca de las rodillas. Sus dedos índices al meñique hacia abajo, pero por el interior de las piernas. Relaje todo su cuerpo y ponga la mente en blanco, y cuando lo haya conseguido comcéntrese en el chakra Muladhara. Vea que este es una fragua, la fragua de Vulcano, cuyo fuego corre por sus piernas hasta sus pies, véase todo usted despidiendo fuego por sus siete principales chakras de su cuerpo, y que el fuego de Muladhara sube hasta su chakra prostático a la vez por ambos lados de la médula espinal, por Idá y Pingalá. Este esjercicio debe hacerse por más de media hora diariamente. El maestro. Hasta aquí el texto original de la monografía 9 como a mi me ha llegado (se aprecian ciertos pasajes adulterados por el efecto de copiar y copiar lo que no se entiende). Como se aprecia en esta práctica, existe una progresión entre todos estos ejercicios. En la monografía 8 el fuego sagrado había llegado descendiendo hasta el chakra Muladhara, en esta versión original de la 9, el fuego sube por idá y pingalá hasta el chakra prostático, y como se verá en la práctica de la monografía 10, en ella sube del prostático al chakra del plexo solar, etc. ↩
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Esto lo explica así porque la redacción es verdaderamente temprana en la obra del maestro, más adelante en el tiempo explica él mismo que todo esto del yo divino es un tremendo error. aunque a efectos didácticos la frase estaría bien si dijese: “El YO SOY del YO SOY”, “El SER del SER”, etc. ↩
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Bueno, según posteriores explicaciones del mismo maestro Samael esto que afirma aquí de que: “el Anciano de los días es la primera emanación del absoluto” es y no es correcto y requiere cierta explicación, pues dependiendo de si entendemos al absoluto como una o como 3 emanaciones (y a efectos prácticos habría que entenderlo como 3), sería o no sería la primera emanación, porque del Ain, emana el Ain Soph y de este emana el Ain Soph Aur: “la estrella interior que siempre nos ha sonreído”. Chesed es el íntimo, es decir el ser, el prototipo divino nuestro, Chesed es ese íntimo que uno es cuando en el Samyasim se libera de todos los cuerpos, por tanto es el espíritu que somos, pero nuestra alma humana es una emanación de él, es su esencia, es como una proyección de él que puede unirse de nuevo a él o perderse (por eso alma se tiene), de modo que nosotros somos la pequeña esencia, y por eso el íntimo es, de pleno derecho: “NUESTRO PADRE QUE ESTÁ EN SECRETO”. Luego viene el tercer logos o Espíritu Santo, este es nuestro ser revestido de sus atributos de Archihierofante y Archimago, muerto en el caído y resucitado en el iniciado que alcanza la octaba iniciación venusta, ese es el que muere en cumplimiento del mandato del génesis bíblico: “el día que comiereis de este fruto moriréis”, luego está el propio Cristo, Salvador Salvandus, reucitador del rey Muerto, el hijo del hombre, que llama padre a Kether, que es la bondad de las bondades, (ese es el padre del que habla Cristo, es decir el anciano de los Días, que es el ser del íntimo y el padre del Cristo mismo), y por encima de él está eso que Jesucristo llamó Jeú, -"el padre de mi padre" que decia Jesús el Cristo-, el Ain Soph Aur, que es esa estrella interior de la que emanó el ser de nuestro ser. Pero aún por encima de esa estrella está la mónada, la porción del absoluto inmanifestado que sí se manifiesta emanando de sí todo el rayo de la creación. Esa Mónada es el Ain Soph, el absoluto mismo, pero individualizado (Samael le llama: “el átomo superdivino”). En este punto tengo que reconocer que puedo estar confundiendo al Ain Soph Aur con el Ain Soph (verdaderamente distinguir entre la estrella interior y el átomo superdivino me queda bastante grande), pero en todo caso, está claro en la doctrina que él mismo (el Ain Soph) emana del ATALA, del inmanifestado Sat, del aeón 13, y ese ATALA es el AIN, el oceano inconmensurable sin fondo ni orillas: Ese Ain sería el Absoluto o al menos esa puerta 13 que al golpearla nos perdemos en el seno del absoluto, porque ahí ya no somos uno sino todos. Aín Soph es más o menos el hermano del ser del ser, digo el hermano o semejante al anciano de los días porque en la mitología griega es “su hermano” quien encarga a Hércules su duodécimo trabajo (y a esas alturas Hércules ya ha encarnado al anciano de los días). Ain es como el inmanifestado del inmanifestado, y lo que está más allá de él pues es incomprensible porque es eso que Gurdjieff y el maestro Samael llamaban: “el eterno padre cósmico común” (digamos que ese es el ABSOLUTO en toda regla). Digamos que hay 3 niveles en el Absoluto, una triple corona o triángulo por encima de la corona sephirótica o triángulo logoico que es la trinidad (Kether, Chockmah y Binah, Padre, Hijo y Espíritu Santo), situada entre el padre cósmico común y nuestro anciano de los días, en esa corona empezamos siendo la estrella que surgió del átomo superdivino, pero retornando terminamos perdiéndonos en el todo (lógicamente todo esto es lo que logra entender con su pobre cerebro un pobre diablo que esto escribe después de muchos años de estudio de la doctrina gnóstica, de modo que es demasiado incipiente como para tomarlo muy en serio, pero lo quise decir porque así está descrito el camino en el libro: “las tres montañas”). ↩