Capítulo XIV. Cámara Ocho
1. — Habéis entrado, ¡OH, BUDDHA!, en la Cámara ocho de la Columna Espinal del cuerpo de la Voluntad.
2. — Este es el Arcano ocho del TAROT: LA JUSTICIA.
3. — Hay que saber perdonar a nuestros acusadores.
4. — Hay que saber perdonar a aquellos que nos traicionan.
5. — Hay que someterse pacientemente a la Ley y a la Justicia.
6. — La Prueba de Justicia es terrible, y muy pocos son los que la pasan.
7. — Aquel que proteste ante sus jueces y acusadores, fracasa en la prueba de Justicia.
8. — Aquellos que se desesperen ante sus jueces y acusadores, fracasan en la prueba de Justicia.
9. — Hay que permanecer indiferentes ante la alabanza y el vituperio, ante el triunfo y la derrota.
10. — "Yo no soy más porque me alaben, ni menos porque me vituperen, porque yo siempre soy lo que soy" (Kempis[1]).
11. — EL FUEGO ha entrado en tu Cámara OCHO.
12. — Entra, ¡OH, BUDDHA!, en esta Cámara para celebrar tu fiesta.
13. — EL FUEGO va Cristificando completamente tu Voluntad.
14. — La Voluntad Humana se va convirtiendo en Voluntad-Cristo.
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Se refiere a una antigua existencia suya: Tomás de Kempis (Kempen, 1380 - Zwolle, 30 de agosto de 1471) fue un canónigo agustino del siglo XV, autor de: «la Imitación de Cristo», una de las obras de devoción cristiana más conocida desde entonces, redactada para la vida espiritual de los monjes y frailes, que ha tenido una amplia difusión entre los miembros de la Iglesia católica. El bodhisattva o alma humana del maestro Samael, cuyo nombre es Aun Weor, estuvo incorporado en la persona de Tomás de Kempis. La frase expresada es en realidad una síntesis de esto, que es lo que aparece en la obra de Kempis: “Fácilmente estará contento y sosegado el que tiene la conciencia limpia. No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Lo que eres, eso eres; y por más que te estimen los hombres, no puedes ser, ante Dios, más grande de lo que eres. Si miras lo que eres dentro de ti, no tendrás cuidado de lo que de ti hablen los hombres. El hombre ve lo de fuera, mas Dios el corazón. El hombre considera las obras, y Dios pesa las intenciones. Hacer siempre bien, y tenerse en poco, señal es de un alma humilde. No querer consolación de criatura alguna, señal de gran pureza y de cordial confianza”. ↩