Prólogo: "A mil Llegamos, pero a dos mil, no"
Está para terminar el milenio. Durante casi dos mil años los Santos Sacerdotes de todas las religiones y sectas no han hecho más que predicar a su Dios a la altura de su evolución y de sus propias conveniencias.
La situación moral, espiritual, económica y social de los moradores del planeta es dolorosa. Una parte sufre porque no puede llenar el vacío de sus insaciables ambiciones; mientras que la otra sufre porque sabe que tiene que perecer por su ignorancia bajo la presión del mas fuerte. Prácticamente estamos viendo que las profecías del Divino Rabí de Galilea se están cumpliendo; ya no hay hijos para padres, ni padres para hijos, hoy por hoy un cualquiera es un señor y un señor es un cualquiera.
Los encargados de mandar se confunden y los mandados desobedecen, todo es confusión, incomprensión, desesperación, angustia y dolor.
Algo grave está pasando:
El desacato moral es tal, que a menudo vemos a muchos padres de familia con tres, cinco, ocho y diez hijos, ganando un miserable sueldo de hambre que no les alcanza para la tercera parte de sus gastos reducidos y luego de haber recibido su pago al final de la semana, se presentan el Domingo o Lunes ante la presencia de sus desnutridos hijos y esposa echando la puerta por la ventana, guapos, iracundos y furiosos. Cuando la falta es cometida por un gran cualquiera, con frecuencia se oye decir: ¡Ah, el Señor está entusiasmado!, pero, cuando se trata de un infeliz parroquiano, se dice: ¡Ese hombre está borracho!... Tal es la incomprensión y la ignorancia en que vivimos.
Todos los días oímos y vemos a grandes títulos en la prensa hablada y escrita la propaganda de los mejores cigarros y cigarrillos, los mejores whiskies, rones y cervezas, paquitos, estupefacientes que envenenan el alma y la moral de los niños, películas vulgares, rifas sin respaldos económico y moral, loterías sin cuento, y las mejores cantinas y establecimientos de prostitución; todo mediante el visto bueno de las autoridades.
Esa cosecha que así sembramos, la recogemos en la siguiente forma: desnudez, peste, hambre y miseria en general, creada por los propagandistas de los vicios, en resumen: DESGRACIA TOTAL. Los manicomios, los hospitales y cárceles están repletos de seres humanos, unos buenos y otros malos. En las inspecciones de Policía y juzgados casi no hay cupo, debido a la mucha clientela, arreglando casos de odio, de sangre, de venganza ocasionada por los vicios propagados por los que no tienen temor a DIOS.
Todo este desconcierto moral y fatal se debe a la falta de Religión, necesitamos Religarnos, volver a DIOS. El hombre en su calidad de hijo Pródigo necesita volver en sí y decir: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!, me levantaré e iré a mi Padre y le diré: "Padre, he pecado contar el cielo y contra Ti; ya no soy digno de ser llamado Tu Hijo; hazme como a uno de tus jornaleros"” (SAN LUCAS, Cap. 15; Vers. 17, 18 y 19).
Mientras el hombre no se arrepienta de sus maldades, mientras el hombre esté ausente de su Padre DIOS, y se considere superior a ÉL, lleno de egoísmo, soberbia y Vanidad, creyendo que con sus inventos bélicos y destructores de lo que no ha creado, puede superarle al Gran ARQUITECTO UNIVERSAL, ¡Vanidad de Vanidades!, mientras que no se humille reverente al ETERNO CREADOR y cumpla rigurosamente los Santos Diez Mandamientos de la Ley de Dios, las Obras de Misericordia y respete sinceramente los Santos Sacramentos de las demás Religiones, está convertido en un vehículo al servicio del demonio, el mundo y la carne.
La hora es decisiva:
No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague, tenemos, que pagar muy caro ante la JUSTICIA CÓSMICA DIVINA; nuestras propias deudas. Tenemos que pagar con lágrimas de sangre el desconocimiento de los Misterios de la Vida y de la Muerte.
Por eso es que los Santos, los Grandes Maestros y los Dioses no tendrán por que sufrir en la catástrofe que nosotros esperemos, porque ellos se sacrificaron, se Cristificaron y se convirtieron en Dioses delante de DIOS.
Dícenos JESÚS, "YO soy la resurrección y la vida: el que cree en MI, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente". (SAN JUAN, Cap. 11; Vers. 25 y 26).
* * *
Por el hecho de haber sido pecadores, no es que no tengamos derecho a salvarnos, podemos salvarnos siempre y cuando que pongamos en práctica la Santa Doctrina de NUESTRO SEÑOR EL CRISTO, preparando nuestros Templos Corazones, con verdadera pureza en pensamiento, palabra y obra, para levantar en nosotros mismos el Sagrado Trono del Altísimo, del Dios Viviente para que pueda sentarse en la Cátedra de Moisés a predicar el Sermón de la Montaña.
* * *
JESÚS El Divino Rabí de Galilea que era DIOS, nos dejó su Santa Doctrina para que la pusiéramos en práctica, para que nosotros también como ÉL, engendráramos en nuestros corazones al CRISTO Cósmico y celebráramos en nuestros corazones esa bendita fiesta; la Navidad del Corazón en nosotros mismos con el advenimiento del Niño de Oro de la ALKIMIA DIVINA SEXUAL.
Pedro Antonio Rey R.