"¿MARTE? ¡ESO ES ALLÍ NO MÁS!"
Cierto día logré ponerme en contacto directo con tripulantes de una nave cósmica. Esa aterrizó en el Desierto de los Leones, aquí en México. Me dirigí, naturalmente, al lugar del bosque donde aterrizó y tuve la suerte de haberla visto. Al acercarme puede evidenciar con asombro, que estaba posada sobre un trípode maravilloso, era una nave formidable, redonda, extraordinaria.
Se abrió una portezuela y descendió el capitán seguido de toda la tripulación. No tuve ningún inconveniente en dirigirme al capitán de la nave y le dije: "Yo desearía que usted me llevara al planeta Marte, mi Mónada Divina es el regente de ese mundo, sin embargo, yo no he sido llevado allí personalmente, físicamente".
El capitán guardó silencio. Después continuó lo mejor: La tripulación se sentó en el suelo, en el pasto. Al Bosque de los Leones le decimos "desierto", porque hay poca gente, pero de todo tiene, menos de desierto, es un bosque.
Dos damas estaban entre la tripulación... Continué diciéndole al capitán: "Soy un escritor, tengo la misión de ayudar a la humanidad, si yo pido que se me lleve a otros mundos, no es por mí, sino por la humanidad. Yo quiero que se me lleve al planeta Marte".
"¿Marte? ¡Eso es allí no más!", dijo el capitán, como si se tratara de una ida a Xochimilco. Para él fue una petición de muy poca sabiduría...
Continuando seguí diciéndole: "Es que como soy escritor, quiero traer de esos otros mundos su cultura y su civilización y escribir para ayudar a la humanidad. La petición que hago no es por mí, sino por ellos. No soy un animal intelectual, soy un Hombre, y lo hago con la responsabilidad con que un Hombre puede hacer una solicitud. No como la haría un humanoide, sino como la hace un hombre, que es diferente". Guardó silencio...
Una de las damas tomó en ese momento la palabra y dijo: "Si colocamos una planta que no es aromática junto a una que sí lo es, es claro que la que no es aromática se impregnará con el aroma de la que sí es aromática, ¿verdad?". Yo le dije: "Sí, eso es cierto, eso es verdad".
Me dijo: "Lo mismo sucede con los mundos del espacio: mundos que en el pasado andaban muy mal, poco a poco se fueron impregnando con las vibraciones de los mundos vecinos, entonces, humanidades que iban extraviadas se transformaron y hoy marchan a tono con las que van muy bien. Pero nosotros hemos acabado de llegar a este planeta Tierra y vemos que aquí no sucede lo mismo. ¿Qué es lo que está pasando con este planeta?" Fue la pregunta que me hicieron.
Entonces mi respuesta fue: "Este planeta es una equivocación de los dioses". Pero reflexionando acabé de redondear mi respuesta en esta forma y le dije: "Este es el Karma de los mundos". Claro, aquellas dos damas asintieron. El capitán de la nave también. Todos estuvieron de acuerdo.
Aquellos hombres y damas pues, eran verdaderos dioses con cuerpos de hombres, que no son profanos comunes y corrientes, ni tampoco humanoides; son dioses, repito. Las mismas damas son grandes seres dioses con cuerpos femeninos, con cuerpos de verdaderos seres humanos, altamente científicos, gentes con conocimientos muy profundos.
Volví a insistir en mi petición al capitán y le dije: "¡Yo quiero que me lleven ya!" Y hasta me cogí del trípode sobre el que estaba a nave plantada, dispuesto a salir; era de mañana; yo estaba dispuesto a irme, pero el capitán me dio una respuesta que fue definitiva, me dijo: "En el camino iremos viendo"...
Yo entendí la respuesta. Y sé a qué camino se refería: Al Camino Esotérico; supe muy bien su significado, comprendí que se estaba aguardando, en estos momentos, lo que llamamos nosotros "La Resurrección". Una vez conseguida la Resurrección por la cual debe pasar todo Maestro de la Blanca Hermandad, cosa que ya está para sucederse, entonces ingresaré a ese grupo.
También supe yo que esa nave era inter-galáctica y que ellos son viajeros inter- galácticos. Cuando les hice la solicitud de Marte, la consideraron como una pretensión muy pobre de mi parte. Entendí que son Hombres Perfectos, criaturas inmensamente superiores a los humanoides que pueblan la faz de la Tierra. Es claro que la humanidad racional juzga mal a semejante clase de seres. No está debidamente preparada como para comprenderlos.
El capitán se dirigió a la nave muy satisfecho de la respuesta. Subió con su tripulación a la esfera voladora. Me retiré a alguna distancia, para no recibir perjuicios por la radiación. La nave se elevó del centro de aquel bosque hacia el infinito.
Aquellos hombres son cobrizos, de estatura de cuerpo mediana, delgada. No vienen a causarles ningún daño a las gentes, sino, sencillamente, ellos están estudiando al planeta Tierra y se proponen ayudar a la humanidad.
Yo sé que voy a entrar a ese grupo, y será para traer aquí a la Tierra pruebas sobre la existencia de vida en otros mundos: elementos minerales, vegetales y hasta organismos vivos, que serán puestos sobre la mesa de los científicos. Escribiremos textos que haremos conocer públicamente, pero además entregaremos las pruebas sobre aquello que escribiremos, entonces la mentalidad de las gentes se dirigirá a esos otros mundos del espacio. La gente lanzará su mente hacia esos otros mundos y atraerá en forma magnética las radiaciones de esos otros mundos y así esa radiación impregnará a este planeta. Es necesario que nuestra Tierra se impregne con la vibración de otros mundos. Atando pues cabos, esa es la conclusión de lo que ellos hablaron y de lo que yo hablé; esto se une para formar un todo único. Así será como este planeta recibirá un gran beneficio. Claro, de todas maneras, los cataclismos serán los cataclismos, pero la vibración quedará en la Tierra para formar un mundo mejor.