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CAPÍTULO XXXII — LA LLAMA SOLAR
Cuando evocamos la fuerza solar y la enviamos al sistema central, inunda cada centro al atravesarlo con su poder. Entonces queda bajo nuestro dominio; lo cual nos pone dentro de nuestra administración una especie de universidad, que representa un período definido de nuestra evocación. Cada centro tiene tal experiencia acumulada para nuestro uso, y nos lleva a su período, sea pasado o futuro; porque la historia del mundo, vista interiormente, representa sólo un momento. Cada centro representa un período de experiencia; esto significa una serie de encarnaciones para un propósito determinado.
Cada centro tiene siete puertas, y cada puerta nos une con uno de los siete atributos del Íntimo.
Con el tiempo, el hombre se dará plena cuenta del significado de nuestras grandes religiones, en lo que respecta a nuestras esferas internas del ser.
El hombre externo se puede comparar muy bien a un ingeniero, trabajando para producir un potente átomo que desarrollará la sabiduría de su propia creación. Una característica de esta nueva Era será mostrar al hombre el otro lado de su carácter; el de su naturaleza secundaria.
Al despertar nuestra fuerza solar, impregna cada átomo y cada célula de nuestro cuerpo a medida que se eleva. Esto trae nueva vida y vitalidad a todo. En el misticismo cristiano, éste es el significado del descenso de la conciencia crística al hombre. Los yoguis invierten el término, y dicen que nosotros debemos elevarnos a ella.
Los místicos primitivos hablan constantemente de haber tenido grandes iluminaciones; así daban a entender que tenían momentos en que cuanto les rodeaba irradiaba luz y amor. Uno puede hacer a los místicos muchas preguntas; pero rara vez obtiene mucha información. Ellos pueden alcanzar estados momentáneos de bienaventuranza, en los cuales el yogui permanece durante horas; esto les estimula a rogar por este estado visionario. San Agustín afirma que lo alcanzó tres veces.
Así como se enseña al estudiante qué es lo que debe esperar al entrar en la conciencia de su sistema secundario, también se le ha de enseñar qué ha de esperar, cuando entre en su sistema central; porque la energía solar tiene su propia envoltura, lo mismo que la de otros varios sistemas solares y lunares, y es necesario ponerse en contacto con sus inteligencias. Esto es así porque el estudiante debe analizar las sutilezas de sus vibraciones y sumergirse en sus atmósferas.
No llegamos a perfeccionar una sustancia capaz de vibrar en armonía con la conciencia del Íntimo, hasta que hemos desarrollado un instrumento capaz de registrarla y relacionar esa conciencia con nuestro plano objetivo. Porque, cuando entramos en nuestro sistema central, sólo podemos ponernos en contacto con su división más baja y despertar nuestros centros inferiores; no el más elevado, llamado el "Loto de Mil Pétalos" por los yoguis orientales. Cuando, mediante el empleo de la fuerza solar, podemos evocar los átomos del Íntimo, podemos alcanzar la conciencia del mismo.
Mediante el empleo erróneo de invocaciones sonoras, y durante los despertamientos religiosos de carácter emocional, las gentes llegan, inconscientemente, a evocar respuesta de varias clases de energía atómica en el sistema seminal; especialmente en los ritos Vudú, sabemos de gente que habla en muchos idiomas. Aún entre las más sofísticas comunidades de los Shakers de Nueva Inglaterra, hay miembros que, en sus éxtasis religiosos, simulan a los pieles rojas y hablan el idioma de éstos. Esto es, a veces, una especie de obsesión, aunque no siempre; hemos presenciado cosas parecidas en médiums en trance; pero hay una línea divisoria entre expresarse en diferentes lenguas y la obsesión.
Entre los ocultistas se desarrolla, con frecuencia, este poder, llamado Don de Lenguas; aunque, al principio parece ser subconsciente. Un gran Iniciado puede hacer que este poder nazca en sus discípulos; está latente en el sistema seminal y actúa sobre los órganos de la palabra.
Los distinguidos miembros de la gran cadena atlante de mentes iluminadas poseen este don, y pueden hablar con cualquiera sin la menor vacilación. Pero nosotros no tenemos la conciencia para recordar nuestros días e idiomas pasados, aunque se nos dice que, cuando hayamos desarrollado este don, volverá a ser nuestro. Por eso, el estudiante debe relacionarse con estas estructuras atómicas que poseen el don de devolverle estas posesiones ocultas; el don de la palabra será esencial para el estudiante, al pasar por las diferentes etapas de su desenvolvimiento.
La Naturaleza tiene un lenguaje común hablado por los iniciados y, con el tiempo, toda la humanidad volverá a emplearlo. Cuando ya no construyamos nuestras torres de Babel, sino que tratemos de recuperar la respuesta de la Naturaleza, hablaremos su lenguaje y, como Apolonio, conversaremos con los animales. El mago de los planos sutiles emplea una nota que resuena como un rugido terrorífico, como si el universo entero vibrara. El estrépito cesa, entonces, y él juega con esta nota, acentuando ciertas vocales y, en el silencio, resuena un sonido metálico. Esto nos demuestra que la Naturaleza responde de manera audible al mago; pero si la nota no se entona correctamente, la Naturaleza no responde.
Estos magos nos enseñan cómo orar con poder, y podemos ver cómo un pensamiento o una palabra se forman en un cuerpo compuesto, y cómo emiten su nota, su color y su vibración. De esta manera, aprendemos que un pensamiento enviado es como una semilla, que germina y atrae a su alrededor a otros pensamientos de su mismo carácter. Si podemos impedir que esta imagen se desintegre, nos devolverá la substancia de inteligencia que nuestro pensamiento ha expresado. De esta manera, reciben contestación a sus preguntas las grandes mentes aspirantes, como la del profesor Einstein y otros. Ningún hombre sin un elevado ideal espiritual puede recibir información de valor para la humanidad, capaz de estimular a otras mentes.
Cuanto más se acerca uno a su Íntimo, mayor es la expresión de la enseñanza de éste para el hombre. Emerson y Carlyle, a quienes mencionamos de nuevo, fueron de los pocos que trabajaron desde los planos internos y, con frecuencia, llevaron la antorcha de divinidad a otras mentes. Pero hoy, los átomos del Enemigo Secreto son tan poderosos, que pocas mentes son lo suficientemente fuertes para pensar; porque sus pensamientos son desintegrados inmediatamente por esta atmósfera exterior. Quien pueda conseguir la virtud de un pensamiento, lo sitúa en su sistema secundario; de esta manera, escapa de la ilusión de este mundo. Adonde las gentes miran, allí sitúan sus mentes; como ordinariamente sus ojos están en este mundo objetivo, sus pensamientos son fácilmente perturbados.
En nuestras escuelas internas nos damos cuenta del por qué se representa a la Justicia con una venda en los ojos. Se nos dice que, en un remoto futuro, nuestros jueces serán hombres que nacieron ciegos.
En el Testamento Atlante del Saber, aprendemos: "A medida que ares, te vendrá el deber de sembrar para quienes no pueden trabajar ni arar la tierra".
Los átomos en el fluido seminal son de tipos diferentes, y representan evoluciones o desenvolvimientos distintos del mundo. En épocas pasadas evolucionamos a través de otros períodos solares; estas otras energías se agregan a la energía compuesta del fuego solar, la cual, una vez despertada y libertada, también despierta estos muy diferentes períodos solares y lunares, que ahora están fuera del alcance de la conciencia normal. Cuando, por medio de nuestra práctica, nos unimos a las vibraciones de esos períodos, dirigimos su poder al conducto seminal y, de éste, a nuestro sistema espinal central; al hacer esto nos sentimos dominados por el gozo, porque hemos puesto en libertad a los átomos solares aprisionados para que puedan volver a su propia fuente.
Cuando podemos llevar el elemento de fuego a la atmósfera de los obreros del átomo Nous que nos han servido fielmente, elevamos la conciencia de los mismos. Hay en el sistema seminal un guardián atómico que registra nuestros pensamientos dirigidos al Íntimo. Cuando el Enemigo Secreto trata de verter por sus intersticios un fluido argentado colectivo, que nos hace conscientes de su actividad maligna, el guardián nos protege contra la contaminación de los sirvientes de este poder maligno. Él también utiliza esta energía para abrir la puerta que conduce a nuestro sistema central. Esta energía es la contraparte superior o destilación de nuestro poder seminal de crear; es, también, la energía que, con su atmósfera, protege a la Serpiente Durmiente. Esta evita que sea dirigida por el Enemigo Secreto; aunque este guardián atómico obedecerá al estudiante, sea que lo dirija al bien o al mal.
Todo esto ha de hacerse bajo la guía de un instructor y no con fines egoístas, pues tal energía hará del estudiante una bestia, en vez de un hombre divinamente iluminado, salvo que aspire a lo más elevado. Nuestro sistema seminal, posee tanto nuestros átomos más sagrados como los átomos de naturaleza más degradada y destructiva. De ahí, el antiguo dicho hermético: «Donde la luz es más brillante, encontrarás las honduras más profundas de la sombra».
La inteligencia más baja en el sistema seminal posee la sabiduría más inmunda que la ingenuidad humana pueda concebir; si se desarrolla, engendrará en nosotros sus pasiones y deseos, dado que podemos heredar la inmundicia de nuestros viejos días cuando éramos ignorantes y toscos y más bajos que el reino animal presente. Por tanto, lo que hemos de despertar es el lado superior de esta energía. Una vez conseguido esto, podemos imponernos al lado inferior de nuestra inteligencia y sabiduría, lo mismo que a un período de conciencia en que, como ángeles desprovistos de todo sentido moral, subsistíamos en el universo sideral y no estábamos sujetos a encarnación. Estos fueron los ángeles mencionados en la Biblia, los cuales vinieron a esta tierra y fueron conscientes de sus hermosas mujeres. Esto no quiere decir que fuéramos los seres luciferinos que rigieron sobre los reinos inferiores; sino ángeles llevados a observar las condiciones de la tierra y ayudarla. Estos se casaron con las hijas de hombres, y enseñaron las artes al hombre; porque había gigantes en aquellos tiempos.
Antes de que podamos utilizar, correctamente, nuestra energía solar, debemos pasar por un curso preparatorio de Yoga, acerca del cual ya hemos escrito. Hemos de volver a experimentar los méritos y desméritos de nuestras vidas pasadas. A medida que aspiramos, este guardián nos ayuda reuniendo en su atmósfera átomos de la naturaleza más elevada; éstos liberan en nuestro interior el poder de entrar en un estado de beatitud, en el cual obtenemos la sagrada visión.
Los signos zodiacales de Cáncer y Capricornio representan la primera manifestación de nuestro universo material, antes de que evolucionáramos por el mundo del aliento, luego, por el mundo de la forma, y después, por el mundo físico. Aspiramos a poseer estos átomos puros con el fin de retornar a la primera manifestación de nuestro universo, pues ellos, finalmente, nos ayudarán a volver a entrar en el mundo de nuestro Íntimo o mundo del aliento.
Mediante la práctica del Yoga podemos realizarlo y hacer nacer en nosotros las substancias atómicas que, debido al fracaso, nos fueron retiradas al desarrollar nuestro cuerpo sexual. Esto está representado por el signo más bajo del zodíaco. Al entrar en el mundo de aliento del Íntimo nos encontramos sin forma, más allá de la vida tal como la entendemos, sin un cuerpo sexual: solos en medio de un vapor de fuego y de radiación aunque, sin embargo, no estemos realmente en soledad. Este estado de beatitud está más allá de toda comprensión humana. En este estado, el estudiante alcanza la comprensión de su Íntimo. A esto se lo llama: "El vuelo del Solitario al Solitario".
En este sistema seminal, los átomos avanzados emigran a la corriente sanguínea y son captados en el Escudo de Plata. Como estos átomos poseen la atmósfera del Íntimo, pueden, en respuesta a su inteligencia, formar un canal por medio del cual nuestro átomo Arquitecto nos da a conocer su plan. Podemos alcanzar la unión con nuestro Íntimo por medio de nuestra energía solar; pero, para conseguir esto, hemos de proveer los medios. Esto se hace elevando nuestra energía oculta a su verdadero tono y, al dirigirla hacia arriba, se le da energía adicional a medida que atraviesa cada centro y libera sus propiedades latentes. De esta manera, su voltaje aumenta de centro a centro, produciendo, para nosotros, una sutil energía oculta no igualada por todo cuanto los científicos han descubierto. Esta es la energía del Íntimo, que, más tarde, tratamos de unir a la conciencia cósmica de la Realidad. Quienes han llegado a ser uno con esta conciencia superior, o sea la conciencia crística en la Naturaleza, son los grandes Iniciados.
Si llegamos a ser uno con la energía determinativa de la Naturaleza, podemos, entonces, determinar la actividad del pensamiento. Los pensamientos son cosas que podemos emplear para relacionarnos con nuestro Íntimo. La Naturaleza tiene sus soberanos que nos obedecerán. En efecto, cuando aspiramos a nuestros propios reinos en la Naturaleza, descubrimos que podemos mandar a grandes administradores cuya función consiste en obedecernos. Si los empleamos según lo requiere la Ley, podemos utilizar ciertos poderes; si nuestros pensamientos van precedidos por la energía determinativa de la Naturaleza, se convertirán en entidades poderosas y vitales; porque los hemos protegido con un escudo elemental, y la oposición será incapaz de desintegrarlos e impedir que alcancen su finalidad. Esto se conoce como pensamiento determinativo.
La energía cósmica que, en la actualidad, penetra en el mundo, posee este elemento determinativo. Este lo tratamos de conseguir para convertirnos en su instrumento, lo mismo que harán las generaciones futuras. La energía determinativa que precede a un pensamiento es la corriente que da al mismo su apariencia objetiva, la cual un estudiante desarrollado puede ver y analizar. Tal pensamiento sólo se puede ver cuando esta energía le precede.
Los pensamientos se desintegran rápidamente si no están mantenidos juntos por el poder positivo del pensador; mucha gente desconoce sus poderes; ignoran que poseen esta fuerza determinativa; que sus pensamientos pueden penetrar en nuestro mundo de ilusión e implantar una imagen mental en nuestro sistema seminal. Este pensamiento es entonces analizado y enviado a nuestras células cerebrales, y podemos verlo tal como nos ha sido enviado; porque, en la envoltura de la atmósfera, queda su impresión elemental, y los átomos del Enemigo Secreto y la oposición de la atmósfera del mundo no pueden impedir que tal onda mental haga resonar su característica, y expresarse en alguna caja sonora, a tono con su vibración. De manera que tenemos el poder de revestir el pensamiento con una energía que no puede ser desintegrada por la oposición de este mundo. Hasta que no hayamos construido nuestro Escudo de Plata, carecemos de instrumento transmisor para relacionar el pensamiento determinativo de la Naturaleza con el cerebro; por consiguiente, los átomos transformadores de nuestro conducto seminal registran sus vibraciones en el cerebro. Pero cuando el Escudo de Plata está construido, abrimos una estación receptora que puede registrar la inteligencia de la Naturaleza.
De esto se concluye que, cuando el sistema seminal está obstruido o enfermo por átomos de naturaleza animal, o que hemos infectado el conducto con enfermedades venéreas, la enfermedad es llevada del conducto seminal a las fibras cerebrales. (El científico japonés Noguchi fue quien descubrió este hecho particular). Tales enfermedades aparecen casi simultáneamente en el cerebro y en los órganos sexuales. De ahí la necesidad de mantener pura la corriente sanguínea, por medio de la limpieza, y atrayendo átomos de vibración más elevada. Evocando la energía solar del hombre nos limpiamos de estas enfermedades, porque su fuego penetra en cada elemento de nuestros cuerpos y mantiene pura la sangre.
Hay porciones en nuestro cuerpo interior que no necesitan encarnar para adquirir sabiduría terrena y experiencia; ellas ya las han alcanzado, y el estudiante ha de penetrar en la conciencia de las mismas. Para conseguir este conocimiento, quedamos sujetos a la llama encerrada en nuestro interior y al padre de la misma; o sea, el Sol tras el Sol. En nuestro interior hay varios soles similares a nuestro propio Sol y, una vez éstos se unen, dan nacimiento al Sol maestro, la cumbre de nuestro plan cósmico.
Hasta ahora nos hemos desarrollado bajo dos fuerzas: la del Átomo Nous y las del átomo Maestro de la mente. Ambos átomos nos han llevado a nuestros mundos internos y, con la ayuda de los mismos, hemos evocado la energía de nuestra propia fuerza solar, que nos une a nuestro sistema central de inteligencia. Las fuerzas del sol y de la luna corren ahora paralelas y, si hemos equilibrado estas energías, podemos entrar en nuestra corriente interior, la cual despierta cuando estas dos energías se unen.
Existen dos nervios a cada lado de la columna vertebral: uno lleva la fuerza solar, el otro la fuerza lunar. Ambos son de naturaleza física. Estas corrientes son eléctricas y, una vez unidas, dan nacimiento a una tercera energía en nuestra conciencia que nos vincula con nuestro sistema central. Normalmente, está en estado semilatente en nuestro cuerpo físico; pero las fuerzas positiva y negativa la despiertan. Estas energías se unen en el ápice de la espina dorsal, y allí es donde nace la tercera corriente. Estas tres fuerzas nos dan el poder de evocar la llama solar.
Esta ciencia podrá ser nueva para el mundo occidental, pero es una ciencia muy antigua conocida por los iniciados.
Cuando nos sintonizamos con esta energía solar, nos elevamos muy por encima de lo que el mundo llama pensamiento; porque allí el Escudo de Plata se hace radiante con esta energía, y su conciencia atómica se eleva al nivel del átomo Maestro, dentro del mismo.
Cuando un iniciado aparece como "revestido con el sol", quiere decir que su Escudo de Plata irradia esta luz interior. El estudiante se acerca así a la cumbre de su mundo interno, el cual posee la energía estática de la fuerza súper-solar, que atrae de sus órganos de generación. Porque en nuestro conducto seminal se encuentran semillas de poder y de nobleza, que poseen la naturaleza de nuestro Creador. Estas semillas son la energía conservada de la irradiación del sol, y han sido colocadas en nuestro cuerpo físico, donde pueden crear o destruir.
Restringiendo y conservando esta fuerza como potente energía, ennoblecerá al estudiante. Cuando se extrae, evoca, en su cuerpo, a la Serpiente Dormida, acerca de la cual hemos escrito.
Cuando esta fuerza sale del cuerpo por una abertura en la cumbre de la cabeza, el hombre deja de ser prisionero de este mundo de ilusión, y queda unido a su propio universo central, en el que descubre que no es más que un fragmento de la energía del sistema solar.
Es difícil describir esta conciencia. En ella, no nos comunicamos por medio de la palabra hablada, sino que se nos enseña por medio de sonidos, poseedores de pensamiento, color y emoción. Por ejemplo, si damos una rosa a un ciego él la conocerá como tal por el perfume, y éste llevará a su mente el color y la imagen de la rosa. En esos planos, lo primero que se ve es el alma de una cosa; luego se la reviste de forma, color e inteligencia.
Hay en el semen una esencia distintiva; la cual, al abandonar su envoltura, es como luz solar vaporosa. Esta es la energía del conducto seminal, que queda libre al morir el cuerpo; sus átomos transformadores tienen la apariencia de un tridente, similar al cetro de Neptuno. Nos hemos ocupado de esto en otra parte.
Este emblema es el símbolo de vida, según se la conoce en otras esferas; porque simboliza la destrucción de la materia y la eliminación de la ilusión de la mente; simboliza también la energía solar del hombre, que éste emplea para vitalizar sus propios poderes de creación. Estos átomos pueden libertarlo de este mundo de ilusión. Este vapor de los átomos transformadores, en conjunción con los de la misma clase atraídos al campo magnético de los órganos nasales, producen una combinación de atributos físicos y mentales en el semen, y nos proveen de un nutrimiento diferente al que recibimos del alimento. Es gracias a estos átomos transformadores y a una tercera clase que atraemos a nuestro sistema, que el Yogui es capaz de ayunar y subsistir, con muy poco alimento. Este producto del sistema seminal es el que da a la mente sus poderes de iluminación; porque extraemos del mismo el sostenimiento y estímulo mental, aparte de otras funciones que nos dan energía y sostén.
El agotamiento excesivo del sistema seminal debilita la mente. La vida cambiará grandemente cuando aprendamos a vivir a base de esta potente fuerza. Los grandes Iniciados han declarado que, con el tiempo, el hombre subsistirá sin tomar alimento animal ni de cereales, y que, cuando desee nutrimento, lo extraerá del Escudo de Plata.
El Occidente nunca ha seguido al Oriente con respecto a los conceptos sobre la vida. Cuando uno visita a esos Yoguis fuera del cuerpo, siente su potente vitalidad. Ellos subsisten gracias a la energía oculta que estimula sus órganos; se mantienen alerta y activos y no consumen en una semana lo que una persona normal consume en una comida. He visitado con frecuencia a tales ascetas y he visto sus auras cargadas de vitalidad atómica, la cual hasta puede impedir que uno llegue a su presencia, si ellos no lo invitan.
Hay muchos lugares en la tierra por descubrir; ciudades en las que pocos extranjeros han entrado; con frecuencia, están bajo tierra, cubiertas de selvas y guardadas por las atmósferas de esos Yoguis.
Uno no puede entrar en esos lugares, mientras está fuera del cuerpo a no ser que descubra el método. Hay en Sudamérica una ciudad oculta que sólo los grandes adeptos que viven en Asia Central la dan a conocer, y uno ha de conseguir permiso antes de que lo dejen pasar los guardianes en Sudamérica.
Tales retiros se mantienen en constante comunicación con varios centros de América, Yucatán y Sur de México. Una vez que el mundo esté preparado para que se le hable de estos lugares subterráneos, quedará sorprendido ante lo que se le ha ocultado a su conocimiento.
Los que viven del trabajo de otros, los que tienen intereses comerciales en esos países, lucharían como Cortés y Pizarro para conseguir esos tesoros si les fueran revelados. Los registros secretos de los atlantes están guardados allí; son registros de gente que ha recorrido el suelo americano y ha desaparecido desde mucho antes de que se iniciara la historia americana. Nos dice el gran Atlante que: "Durante el reinado de la justicia, esos registros serán revelados".
En tales lugares tienen un medio muy interesante para comunicarse. En el Sur de California tienen un método para enviar mensajes a través de la tierra. Cuando los hombres de ciencia descubran este secreto, desaparecerán los postes de telégrafos de nuestros países.
En nuestra práctica hacemos nuevos descubrimientos constantemente. Rara vez nos damos cuenta de que dependemos, en gran medida, de fuerzas invisibles y no sentidas de dentro de nuestro Escudo de Plata y de nuestro físico; cosas que no agitan nuestro cerebro, ni nos llevan a la región de este mundo objetivo.
Al principio sabemos muy poco acerca de nuestros centinelas silenciosos que trabajan para que retornemos a nuestro sistema central. Estos estados internos tienen átomos que nos vigilan y tratan de librarnos de nuestras ilusiones objetivas; estas grandes inteligencias ajustan su conciencia a la nuestra, con objeto de reconstruirnos en su mundo. Estos centinelas están impregnados con la conciencia del Íntimo; pero estamos tan por debajo de ellos, en conciencia, que es muy raro que nos pongamos en contacto con los mismos. Pero si somos aceptados por tan elevados átomos, necesitaremos mucha energía, a la vez que paciencia, para conseguir que nos respeten. Aunque por medio del Yoga aprendemos a armonizarnos con ellos, hemos de aprender a transmitir sus pensamientos a nuestro sistema seminal, que se refleja, entonces, en nuestro cerebro. Porque los átomos más elevados de nuestro sistema seminal responden a la dirección del Íntimo, lo mismo que responden los átomos Centinelas. De esta manera, más adelante en nuestra práctica de escuchar a nuestros centros atómicos, llegamos a ser conscientes de la conciencia atómica de nuestro sistema central, que es la contraparte superior de nuestro sistema secundario. Y aquí hablaremos de la substancia atómica aún más sutil que todos poseemos, pero con la cual rara vez establecemos contacto.
En nuestro sistema seminal, moran esos sagrados átomos que pueden relacionarnos con nuestro sistema central, poniendo al estudiante en contacto con sus polos de instrucción. Estos son grandes centros alrededor de la corriente de la médula espinal, los cuales nos instruyen valiéndose de los átomos solares del sistema seminal.
La instrucción que el estudiante recibe de ellos es similar a la que imparte un gran Iniciado y, cuando el estudiante establece contacto con este primer centro, encuentra que está pasando por una iniciación similar a la del plano físico. Una iniciación significa que uno recibe la aprobación de una inteligencia solar. También significa la consecución de otra conciencia, hasta entonces desconocida, con la cual el estudiante puede siempre establecer contacto. Sin embargo, una iniciación por medio de una ceremonia no siempre significa la consecución o renacimiento de otra conciencia.
Estos átomos solares nos ennoblecen con su mero contacto. Hemos sido aceptados y nos sentimos exaltados y fuertes; porque ello significa que hemos sido observados por una gran conciencia atómica dentro de nuestro universo central. Es el Instructor más grande con el cual el estudiante ha tenido contacto hasta entonces, y éste siente que se le devuelve la reverencia y el respeto que él ha enviado a ese Instructor. Esto se hace para entrenar al estudiante y construir un puente entre ambos, el cual es cada vez más fuerte.
Estos átomos solares conservan los registros de nuestra sabiduría, adquirida en instrucciones anteriores; pues algunos estudiantes, en vidas pasadas, fueron admitidos en su universo interior y así encuentran la sabiduría que acumularon, reducida a su más fina esencia. Los hombres que han alcanzado esta sabiduría son llamados Hombres Sabios, y caminan hoy en la tierra como lo hicieron ayer.
El retorno del estudiante a su sabiduría depende del poder de su Íntimo para manifestarse en esta densa atmósfera de materia. Esto quiere decir que hay estudiantes de mucho y de poco desarrollo, según sea la respuesta de su Íntimo a Su Realidad.
Las corrientes de la Naturaleza no son continuas, y nuestros centros reaccionan alternativamente, según que su voltaje aumente o disminuya. Así estamos sujetos a diferentes actividades de las cuales no nos damos cuenta. Ciertas secciones se abren y trabajan sólo durante varios segundos. Esto ocurre también en los otros planos. En nuestra práctica obtenemos información de estas corrientes, de la misma manera que obtenemos instrucción por radio, cuando sintonizamos con las diferentes estaciones.
Hemos pasado por las divisiones de la Naturaleza, simbolizadas por la mitad inferior del Zodíaco. Al pasar a sus esferas superiores, encontramos que hemos nacido para mandar a la Naturaleza, y aprendemos cuál ha sido nuestro desenvolvimiento dentro del área de la misma.
En ciertas divisiones de nuestro sistema secundario, encontramos átomos que nos han precedido en nuestro desenvolvimiento objetivo. Estos iluminan al estudiante, en lo que respecta a sus períodos, y le proporcionan alimento para transmitir a quienes le siguen. Ellos deciden también la clase de instrucción que el estudiante desea recibir, para utilizarla en su vida cotidiana.
Con el fin de alcanzar receptividad interna, debemos acostumbrar al cuerpo a un voltaje más alto. Si no utilizamos este proceso de condensación, estos voltajes más altos nos destruirán. Las corrientes de la Naturaleza tienen voltajes que los científicos no han podido registrar todavía. Cuando se nos dice que un pensamiento sólo tarda tres segundos para llegar al planeta Venus, nos damos cuenta de los grandes poderes que duermen en nuestro interior. Ignoramos cómo el cuerpo se ajusta a las tremendas corrientes de energía que la Naturaleza vierte en nosotros; de la misma manera que tampoco pensamos en la presión atmosférica. Si tratáramos de obstruir esas ondas de energía, nos matarían en el acto; pero como la Naturaleza nos ajusta al medio ambiente, tales fuerzas pasan a través de nosotros sin resistencia más allá de nuestro límite de receptividad normal.
El Yoga nos enseña cómo adquirir un voltaje más elevado y cómo resistirlo y dejar atrás nuestra antigua longitud de onda, a medida que nos acostumbramos al nuevo. Esto nos hace más potentes, y genera en nosotros la protección del Escudo de Plata: la caja sonora que irradia la inteligencia de esta nueva energía, conocida como átomo Transformador. Estos derraman en nuestro sistema nervioso un poder que no reconocíamos hasta entonces. Estos procesos de resistir a esas poderosas corrientes despiertan, con el tiempo, la fuerza solar. Nuestra respuesta a una vibración, crecientemente más alta, pone al cuerpo objetivo a tono con nuestros sistemas secundario y nervioso, centrales. Esto quiere decir que nuestros mundos internos se manifestarán, poco a poco, por medio del cuerpo físico, y cuanto mayor sea nuestra resistencia a esta vibración, mayor será la respuesta de nuestro Íntimo. Los hombres de ciencia saben muy bien que pueden pasar por el cuerpo, sin dañarlo, tremendos voltajes eléctricos; sin embargo, en el instante que el sujeto toque algo que lo conecte con la tierra, queda aniquilado inmediatamente; porque entonces pone resistencia.
Existe una sabia inteligencia en nosotros, que no permite que el yogui resista este voltaje más allá de ciertos límites, y si pide guía será protegido. Cuando estos elevados voltajes desplazan a viejas condiciones, las corrientes solares y lunares de nuestro sistema secundario se combinan para producir una tercera; ésta es una combinación de las cualidades de ambas; el pararrayos que recibe una energía latente, la cual tenemos que evocar, una vez hemos puesto a tono nuestro cuerpo con el voltaje más elevado. El no poner el cuerpo a tono con estas corrientes nos traerá desastre y desgracia.