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10. Por el camino negro

Estuvimos en la región contigua a los montes bighorn durante toda una luna, quizás algo más. mi padre me aseguró que los combates no habían servido de nada, porque los que no se mueven del fuerte estaban dispuestos a vender las black hills a los wasichus, y que llegarían más soldados para luchar contra nosotros. dijo que tres estrellas se hallaba junto al goose creek y que había muchos soldados agrupados al lado del yellowstone, y que se juntarían y nos pillarían en medio. [^212]

algunos de nuestro pueblo nos habían abandonado y se habían ido, en pequeños grupos, a vivir en las reservas preparadas por los wasichus. [^213] no obstante, quedábamos muchos, y fuimos alejándonos de los soldados con toda nuestra caballada. [^214]

viajábamos en línea larguísima a lo largo del rosebud y acampamos donde el río corre entre altos despeñaderos. fuimos después en dirección de la corriente al lugar donde habíamos celebrado la fatídica danza del sol antes de librarnos de pelo largo. los soldados habían pasado por allí y aquel lugar sagrado había sido hollado por cascos herrados y mancillado con excrementos de caballo. luego nos encaminamos en el sentido del agua hacia otro paraje sagrado, en el que hay un colosal promontorio rocoso junto al río, en lo alto del cual solían aparecer imágenes que anunciaban hechos importantes que sucederían de manera inminente. [^215] había entonces la imagen de muchos soldados colgados cabeza abajo, y la gente aseguró que había visto aquello con anterioridad a la muerte de pelo largo. yo no lo sé; no obstante, puedo decir que allí estaba, y que no parecía posible que alguien hubiera logrado encaramarse tan arriba para pintarla. [^216]

pasamos al río tongue y acampamos junto a él durante un tiempo. los exploradores anunciaron que una gran barca de fuego [^217] había llevado por el yellowstone un cargamento de maíz para los caballos de los soldados, y que estaba almacenado al otro lado del río. algunos jóvenes fueron a comprobarlo, y uno de ellos, camisa amarilla, murió tiroteado por los centinelas de la barca. [^218] pero los otros regresaron con maíz y nos dieron una parte. lo tostamos y era bueno.

más o menos por entonces, en la luna en que las cerezas oscurecen (agosto), empezó la dispersión de las gentes, pues nos enteramos de que los soldados volvían. cuchillo embotado y los shyelas se dirigieron al willow creek, en los montes bighorn. muchos lakotas, disgregados en pequeñas bandas, se fueron a las agencias. los demás, que éramos muchos, nos encaminamos hacia el este, perseguidos por tres estrellas. íbamos prendiéndole fuego a la hierba a medida que avanzábamos, y el humo detrás de nosotros era amplio como el día y la luz del incendio era amplia como la noche. lo hicimos con la intención de matar de hambre a los caballos de los wasichus.

luego rompió a llover, y la lluvia cayó sin tregua durante días mientras íbamos hacia el oriente. nuestros caballos se movían con dificultad en el lodazal, y los caballos de los soldados, sin pastos con que alimentarse, debieron de pasarlo mal. [^219]

toro sentado y agalla nos abandonaron y se fueron hacia la tierra de la gran madre (el canadá), [^220] y muchos otros hombres se separaron de nosotros, pero caballo loco no quería renunciar a unas tierras que nos pertenecían.

en la luna del ternero negro (septiembre) [^221] acampábamos cerca de las fuentes del río grand, cuando caballo americano y muchos de entre la gente de sus tipis libraron batalla contra los soldados de tres estrellas en slim buttes, junto al rabbit creek. [^222] lucharon con coraje bajo la lluvia, y los soldados mataron a caballo americano y expulsaron a las mujeres y niños de sus viviendas y se apoderaron de toda la papa (carne seca de bisonte) [^223] que habían preparado para aquel invierno. caballo loco, junto con una partida de nuestros guerreros, persiguió a los soldados bajo la lluvia y los obligó a huir en dirección sur, hacia las black hills. muchos de sus caballos perecieron en el espeso barro. estuvo acosándolos durante largo tiempo y los obligaba a hacerle frente mientras escapaban.

allá donde íbamos, aparecían los wasichus para matarnos, por todas aquellas tierras, que eran nuestras. ya eran nuestras tierras cuando los wasichus acordaron con nube roja que todo aquello nos pertenecería en tanto la hierba creciera y el agua corriera. así se había convenido solo ocho inviernos antes, y ahora nos acosaban porque nosotros recordábamos y ellos ya se habían olvidado. [^224]

volvimos de nuevo hacia el oeste, y no andábamos precisamente felices, pues muchos hombres de nuestro pueblo habían desatado las colas de sus caballos [^225] y se habían ido con los wasichus. volvimos a nuestra tierra, y estaba toda ennegrecida por el fuego, y los bisontes la habían abandonado. acampamos a orillas del río tongue, en sitios en que las alamedas brindaban comida a nuestros caballos. y el invierno llegó antes de tiempo, con toda su crudeza. nevó mucho; la caza escaseaba y fue una época en la que pasamos hambre. algunos caballos murieron y nos los comimos. murieron porque la nieve se helaba y no encontraban la hierba que quedaba en los valles, y no había bastantes álamos para alimentarlos a todos. aquel verano nos habíamos reunido miles de hombres, pero ahora no llegábamos a dos mil.

en la luna de las hojas que caen (noviembre) supimos que las black hills habían sido vendidas a los wasichus y también todas las tierras que había al oeste de ellas, que era donde nos encontrábamos en aquel momento. [^226] cuando me hice mayor supe que nuestro pueblo se resistía a hacerlo. los wasichus visitaron aisladamente a algunos jefes y los convencieron para que pusieran su firma en el tratado. tal vez algunos de ellos lo hicieron mientras enloquecían de tanto beber la minne wakan (agua sagrada, whisky ) [^227] que los wasichus les dieron. eso es lo que me contaron, yo no lo sé. solo hombres enloquecidos o muy necios venderían su madre tierra. pienso en ocasiones que habría sido preferible seguir juntos y que nos hubieran matado a todos.

cuchillo embotado estaba acampado con su partida de shyelas en el willow creek, al borde de los montes bighorn, y una mañana, muy temprano, a punto ya de que acabara la luna de las hojas que caen, llegaron allí los soldados para matarlos. [^228] todos dormían. la nieve era espesa y hacía mucho frío. cuando los soldados comenzaron a disparar contra los tipis, todo el mundo salió huyendo por la nieve, y muchos iban desnudos por salir de los lechos. los hombres lucharon en la nieve, ateridos, sin más indumentaria que las cananas, y fue un combate terrible porque los guerreros pensaban en todas las mujeres y los niños muertos de frío. no lograron derrotar a los soldados, pero los que no mataron ni murieron de frío huyeron y vinieron a nuestro campamento junto al tongue.

me acuerdo de cómo llegó cuchillo embotado con lo que quedaba de su gente, hambrienta y muerta de frío. no tenían casi de nada, y algunos habían muerto por el camino. muchos bebés murieron. les pudimos dar algo de ropa, pero no alimentar como hubiéramos deseado, pues nosotros mismos devorábamos nuestros caballos [^229] en cuanto fallecían. al fin nos abandonaron y se dirigieron hacia la ciudad de los soldados, en el río white, para rendirse a los wasichus; y así nos quedamos solos en aquellas tierras que eran nuestras y que nos habían robado. [^230]

a raíz de aquello la gente empezó a darse cuenta de que caballo loco se comportaba de una manera aún más extraña que de costumbre. apenas estaba en el campamento. la gente le encontraba solo, helado, a la intemperie, y le rogaban que volviera a la aldea con ellos. no accedía, pero a veces nos decía lo que debíamos hacer. llegamos a preguntarnos si siquiera comía. mi padre le encontró una vez a solas, y le dijo:

—tío, habrás notado cómo me comporto —le dijo a mi padre—. pero no te apures; hay cuevas y agujeros en los que puedo vivir, y aquí fuera los espíritus tal vez me ayuden. hago planes por el bien de mi pueblo.

siempre fue un hombre raro, pero aquel invierno estaba rarísimo. quizá había tenido la visión de su muerte inminente y reflexionaba en busca de la manera de ayudarnos cuando no estuviera con nosotros.

[^231]

el invierno fue horrendo y estábamos muy tristes. nos sobrevino otra desgracia. habíamos enviado exploradores para averiguar dónde estaban los soldados y supimos que acampaban en la desembocadura del tongue. [^232] al principio de la luna de escarcha en el tipi (enero), [^233] regresaron algunos exploradores con el aviso de que los soldados venían por el río para luchar contra nosotros, y que llevaban dos carros armados (cañones).

No podíamos trasladarnos a ningún lugar, así que nos preparamos para hacerles frente. Yo tenía miedo, porque mi padre me había confesado que la munición escaseaba. Mudamos la aldea aguas arriba, a cierta distancia del Tongue, y nuestros guerreros se hallaban apostados en un promontorio la mañana en que se presentaron los soldados de a pie con sus carros. [^234] Encendieron hogueras y desayunaron allí en el valle, mientras nuestro pueblo hambriento los observaba. Después nos atacaron con los carros armados que disparaban dos veces, pues las balas de hierro estallaban al dar contra el suelo. Algunas no reventaban y los muchachos recogimos una. [^235]

Los soldados de a pie empezaron a trepar por el promontorio, y comenzó a nevar y combatieron en medio de la ventisca. No podíamos contenerlos porque no teníamos suficiente munición. Los soldados tenían de todo. Aun así, nuestros hombres utilizaban lanzas y fusiles como mazas de guerra contra ellos, en lucha cuerpo a cuerpo, deteniendo a los soldados para que las mujeres pudieran levantar el campamento y alejarse con los niños y los caballos. Huimos en la ventisca hacia el sur, remontando el Tongue, en dirección al Little Powder. Los wasichus nos persiguieron durante un trecho, y tuvimos que pelear en la retaguardia. Nos escapamos, pero a costa de perder muchas cosas necesarias, y así, cuando acampamos junto al Little Powder, éramos casi tan pobres como las gentes de Cuchillo Embotado el día en que se refugiaron entre nosotros. Hacía tanto frío que el sol se repetía en el horizonte, [^236] y nos teníamos que comer a nuestros caballos ya agonizantes. [^237]

Avanzada la Luna del Ternero Purpúreo (febrero), o al iniciarse la Luna del Cegado por la Nieve (marzo), nos visitó el brule Cola Moteada [^238] con más hombres. Su hermana era la madre de Caballo Loco. Había sido gran jefe y gran guerrero antes de entregarse a los wasichus. Le vi y no me gustó. Él estaba gordo de tanta comida wasichu y nosotros estábamos escuálidos, famélicos. Mi padre me contó que vino para convencer a su sobrino de que se rindiera a los soldados, porque nuestro mismo pueblo se había vuelto contra nosotros, y en la primavera, al estar la hierba bastante alta para los caballos, muchos wasichus nos atacarían, y muchos shoshones y crows y hasta lakotas y nuestros antiguos amigos los shyelas combatirían contra nosotros. Yo no podía entenderlo y me dio mucho que pensar. ¿Cómo los hombres podían ponerse gordos siendo malos y morir de hambre siendo buenos? Pensé y pensé en mi visión, y me puse muy triste. A veces me preguntaba si acaso no sería todo solamente una pesadilla. [^239]

Así que me enteré de que iríamos todos a la Ciudad de los Soldados en cuanto la hierba despuntase, y que Caballo Loco había desatado la cola de su caballo y que no volvería a pelear.

En la Luna de la Aparición de la Hierba (abril), nuestra pequeña banda precedió a las otras hacia la Ciudad de los Soldados, [^240] y al empezar la Luna En Que los Caballos Mudan (mayo) llegó Caballo Loco con el resto del pueblo, y sus caballos no eran más que pellejos y huesos. Había filas de soldados y policías lakotas alrededor de él durante su rendición en la Ciudad de los Soldados. Le vi quitarse el penacho. No estaba lo suficientemente cerca para oír lo que dijo. Hablaba en voz baja y pronunció solo unas pocas palabras, y luego se sentó. [^241]

Yo tenía catorce años de edad. La comida abundaba y los muchachos podíamos jugar sin temor. Los soldados nos miraban, y a veces mi padre y mi madre hablaban de aquellos de los nuestros que se habían ido a la Tierra de la Gran Madre con Toro Sentado y Agalla, y ansiaban estar allí con ellos. Habíamos acampado cerca de la agencia de Nube Roja, que estaba cerca de la Ciudad de los Soldados. Lo que ocurrió aquel verano no es una leyenda. [^242]

Una noche, al principio de la Luna en que el Ternero Cría Pelo (septiembre), nos fuimos de la reserva de Nube Roja sin hacer ruido. Mi padre me dijo que íbamos al campamento de Cola Moteada, pero no me explicó la razón hasta más tarde. Viajamos durante casi toda la noche y acampamos. [^243]

Al día siguiente, durante la marcha, nos alcanzó una partida de la gente de Nube Roja y nos dijo que habría muchos problemas si no regresábamos inmediatamente. Algunos nos resignamos y nos volvimos; y los soldados devolvieron a los restantes algo después. Pero Caballo Loco siguió y se fue al campamento de su tío.

Mi padre me aclaró, después de todo lo que ocurrió, por qué lo había hecho. Caballo Loco temía que alguien iniciara alguna escaramuza donde estaban los soldados y, como nos habían desarmado, no podríamos hacer nada en tal caso. [^244] Los wasichus habían nombrado a Cola Moteada jefe de todos los lakotas porque los obedecía en todo, [^245] y Caballo Loco pensó que estaríamos más seguros cerca de su tío. Posteriormente, Los Que No Se Mueven del Fuerte afirmaron que Caballo Loco se disponía a atar de nuevo la cola de su caballo y a declarar la guerra a los wasichus. ¿Cómo lo hubiera llevado a cabo si carecíamos de armas y nos era imposible obtenerlas? Fue una invención de los wasichus, y dijeron aquello con lengua viperina. Los nuestros creyeron que lo trataron de aquel modo porque era un gran hombre y no podían matarle en las batallas y no quería convertirse en wasichu como Cola Moteada y los demás. Aquel verano, me contó mi padre, los wasichus pretendían que fuese a Washington con Nube Roja y Cola Moteada y varios más a hablar con el Gran Padre; pero se negó. Les contestó que no necesitaba ir en busca de su Gran Padre.

—Mi Padre está conmigo —dijo—, y no hay Gran Padre entre mí y el Gran Espíritu. [^246]

A la noche del día siguiente de nuestro regreso a la agencia de Nube Roja, aparecieron algunos soldados que traían a Caballo Loco. Cabalgaba solo, un poco por delante de ellos. Hicieron un breve alto y prosiguieron la marcha hacia la Ciudad de los Soldados, y mi padre y yo y muchos otros fuimos a averiguar qué iba a pasar.

Cuando llegamos nos fue imposible verle, ya que los wasichus y los policías lakotas le rodeaban, y había un gentío detrás de ellos.

Poco después pude sentir que ocurría algo muy malo, y todo el mundo se puso muy nervioso de repente, y había rumores de todo tipo. Escuché de pronto una voz que gritaba en nuestra lengua:

—¡No me toquéis! ¡Soy Caballo Loco!

Súbitamente algo azotó a la multitud, como un huracán que derribara muchos árboles a un mismo tiempo. Alguien chilló otras palabras. La muchedumbre preguntaba o explicaba lo que había sucedido, y me dijeron que Caballo Loco había muerto, que estaba enfermo, que estaba herido. Y me asusté porque todo era como en el día en que fuimos a matar junto al Greasy Grass, y parecía que fuésemos a combatir en aquel mismo instante.

Entonces volvió la quietud y todo el mundo parecía estar esperando algo. La gente se dispersó y cada uno se fue por su lado, y me contaron que Caballo Loco había enfermado y que se repondría pronto.

No pasó mucho tiempo antes de que supiéramos lo que había ocurrido, porque algunos lo vieron, y yo puedo contaros cómo fue.

Le prometieron a Caballo Loco que lo respetarían si iba a la Ciudad de los Soldados y hablaba con el jefe wasichu. Pero mintieron. No le llevaron a hablar con el jefe, sino a la pequeña prisión con barras de hierro en las ventanas, pues lo que pretendían era librarse de él. Y cuando vio lo que hacían, Caballo Loco se revolvió y sacó un cuchillo de debajo de su túnica y se lanzó contra todos los soldados. Pequeño Gran Hombre, que había sido su amigo y fue quien nos había felicitado —a nosotros, los más pequeños— por nuestro coraje en el primer combate, cuando atacamos los carros en el War Bonnet Creek, le agarró por la espalda e intentó arrebatarle el cuchillo. Y mientras peleaban, un soldado le clavó una bayoneta en un costado, por la espalda, y Caballo Loco se desplomó y empezó a morir. Entonces lo recogieron y lo llevaron a la oficina del jefe. Los soldados se desplegaron alrededor de ella y no dejaron entrar a nadie e hicieron que la gente se fuera. Mi padre y yo volvimos a nuestro campamento en la agencia de Nube Roja.

Aquella noche empecé a oír a gente llorar y lamentarse, y aquel lamento se propagó, hasta que era lo único que se oía por todo el campamento.

Caballo Loco había muerto. Era un hombre valiente y bueno y sagaz. No pretendió más que salvar a su pueblo y combatió a los wasichus solo cuando vinieron a matarnos en nuestra propia tierra. Únicamente tenía treinta años de edad. No pudieron matarle en combate. Hubieron de mentirle y asesinarle de aquella manera.

Lloré toda la noche, y mi padre también.

Ya de día, el padre y la madre de Caballo Loco trajeron su cadáver a nuestro campamento en un carro.

Lo metieron en una caja, y me dijeron que tuvieron que cortarlo en dos porque la caja no era bastante larga. La colocaron en una narria y se fueron solos hacia el este y el norte. Vi a los dos ancianos yendo solos con el cadáver de su hijo. Nadie los siguió. Se fueron solos, y aún puedo verlos, marchándose. El caballo que tiraba de la narria era rucio. El padre de Caballo Loco montaba un bayo cara blanca con las patas traseras blancas. Su madre iba en una yegua parda a la que acompañaba un potrillo bayo. [^247]

Aquellos ancianos jamás revelaron el lugar al que llevaron el cuerpo de su hijo. Nadie sabe hoy dónde reposa, pues sus padres también murieron. Mucho se ha hablado de dónde está, y algunos dicen que saben dónde es, aunque no quieran decirlo, y muchos otros creen que está en algún paraje situado junto al Bear Creek, en las Badlands. Yo sé que los ancianos fueron con el cadáver siguiendo el curso del Pepper Creek hacia abajo, hacia el sur, al otro lado de la colina en la que estamos. [^248] Dos hombres que cazaban junto a aquel riachuelo vieron a dos viejos con una narria, y cuando se lo contaron a mi padre, añadieron que un rucio tiraba de la narria en la que había una caja, y que el hombre montaba un bayo cara blanca de patas traseras blancas y la mujer iba en una yegua parda, a la que acompañaba un potrillo bayo. Los cazadores vieron a los ancianos bajando por el Pepper Creek, y más tarde los avistaron de nuevo en el White Horse Creek, que está algo más abajo que el Pepper Creek, donde habían estado antes. Y los cazadores aseguraron que la caja ya no estaba en la narria. Así que yo creo que tal vez ocultaron el cadáver en algún sitio del Pepper Creek porque los cazadores los habían visto, y que tal vez aquella misma noche lo recogieron y lo llevaron a algún lugar de las Badlands. Pero puede que Caballo Loco descanse ahora por aquí, cerca de nosotros, junto al Pepper Creek, al otro lado de aquella colina de por allá. No lo sé.

No importa dónde repose su cuerpo, pues hierba será; pero será bueno estar donde su espíritu se halle.

[^249]