01 - La ofrenda de la pipa
Alce Negro habla:
Amigo mío, cumpliendo tu deseo, te contaré la historia de mi vida. Si fuera solo la historia de mi vida creo que no la contaría, pues ¿qué es un hombre para que le dé tanta importancia a sus inviernos, por mucho que le encorven como una recia nevada? Muchos otros vivieron y muchos vivirán esa misma historia para acabar siendo no más que hierba en las colinas.
Lo que es sagrado, lo que es bueno de la narración, es la historia de toda vida, la de nosotros, los bípedos, compartiéndola con los cuadrúpedos y los seres alados y todas las cosas vegetales; pues son hijos de una sola madre y su padre es un solo Espíritu.
Por tanto, no se trata del relato de un gran cazador, o de un gran guerrero, o de un gran viajero, aun cuando cobré muchas piezas en el pasado y luché por mi pueblo en mi juventud y en mis años adultos, y he recorrido grandes distancias y conocido tierras lejanas y hombres extraños. También lo hicieron otros, y mejor que yo. Recordaré esas cosas de paso, y a menudo parecerán convertirse en la esencia misma de la narración, como en el momento en que las viví con toda su dicha y toda su amargura. Pero ahora que puedo vislumbrarlas como desde una cumbre solitaria, sé que fueron la historia de una visión portentosa que le fue concedida a un hombre demasiado endeble como para darle buen uso; la de un árbol sagrado que debió prosperar en el corazón de un pueblo con flores y alegres pájaros, y que ahora se ha marchitado; y la del sueño de unas gentes que perecieron en la nieve ensangrentada.
Pero si aquella visión fue entonces, y ahora sé que así fue, verdadera y portentosa, aún debe conservar su verdad y su poder, porque se trata de cosas del espíritu, y es en la oscuridad de sus propios ojos donde los hombres se extravían.
Sé por ello que es bueno lo que voy a hacer; y como nada bueno puede hacer un hombre solo, presentaré ante todo una ofrenda y enviaré una voz al Espíritu del Mundo [^16] para que me ayude a ser veraz. Mira, lleno esta pipa de corteza de sauce rojo; pero, antes de que la consumamos, debes comprender cómo se fabricó y qué significa. Estas cuatro cintas que cuelgan de su cañón son las cuatro regiones del universo. La negra representa el oeste, donde habitan los seres del trueno, [^17] que nos envían la lluvia; la blanca, el norte, de donde proviene el vasto viento blanco purificador; la roja, el este, donde brota la luz y donde el lucero del alba mora para conceder sabiduría a los humanos; y la amarilla, el sur, del que proceden el estío y la facultad de crecer. [^18]
Pero estos cuatro espíritus son, en definitiva, un solo Espíritu, y esta pluma de águila simboliza a Aquel que es como un padre, y también los pensamientos humanos que deben remontarse como las águilas. ¿Acaso no es el firmamento padre, y la tierra madre, y no son hijos suyos todas las cosas vivientes dotadas de pies, de alas o de raíces? Y este cuero en la boquilla, el cual ha de ser de piel de bisonte, representa la tierra, de la que procedemos y en cuyos pechos mamamos como recién nacidos durante toda nuestra existencia, en compañía de todos los animales y aves y árboles y hierbas. Y porque significa eso, y mucho más de lo que un hombre pueda llegar a entender, la pipa es sagrada. [^19]
Hay una historia sobre cómo recibimos la pipa. Dicen que hace muchos años dos exploradores iban en busca de bisontes; y cuando llegaron a lo alto de una montaña y miraron hacia el norte, divisaron algo en lontananza, y cuando aquello se acercó exclamaron: «¡Es una mujer!». Y lo era. Entonces uno de ellos, un insensato, tuvo malos pensamientos y así lo expresó; pero su compañero le dijo: «Es una mujer sagrada; aparta de ti los malos pensamientos». Cuando esta se acercó aún más a ellos, vieron que llevaba un hermoso vestido de ante blanco, que era joven y muy hermosa y que lucía una larguísima melena. Y ella podía leer sus pensamientos, así que dijo con una voz que parecía que cantara: «Sé que no me conocéis, pero si queréis llevar a cabo lo que estabais pensando, venid a mí». Y el insensato se adelantó; pero en cuanto estuvo ante ella, descendió una nube blanca y los cubrió a los dos. Y la joven hermosa surgió de la nube, y cuando se disipó el vapor, el insensato se había convertido en un esqueleto cubierto de gusanos.
Entonces la mujer habló al hombre prudente: «Ve a tu casa y di a tu pueblo que he llegado, y que se erigirá un enorme tipi para mí en el centro de la nación». Y el hombre, que estaba aterrado, corrió y lo anunció a su gente, la cual hizo al punto lo ordenado; y allí, en torno del tipi, aguardaron a la mujer sagrada. Y llegó algo después, bellísima, y mientras entraba en el tipi iba cantando:
Con aliento visible camino.
Una voz emito al caminar.
De manera sagrada camino.
Con huellas visibles camino. De manera sagrada camino.
Y mientras cantaba, brotaba de su boca una nube blanca de agradable olor. Entregó algo al jefe, y era una pipa con una cría de bisonte tallada en un lado para denotar la tierra que nos sustenta y alimenta y, colgadas del cañón, doce plumas de águila, símbolo del firmamento y de las doce lunas, atadas con unas hierbas que no se podían partir. «Mirad —dijo—. Con ella os multiplicaréis y llegaréis a ser una magnífica nación. Solo daréis al mundo cosas buenas. Solo las manos del virtuoso la atenderán y el malvado ni siquiera conocerá su existencia». Luego se puso a cantar de nuevo y abandonó el tipi; y en tanto que el pueblo contemplaba su partida, se convirtió de pronto en un bisonte blanco que se alejó al galope, resoplando, y no tardó en desaparecer. [^20]
Esto se cuenta, y desconozco si algo así aconteció en realidad; pero si reflexionas sobre ello, comprenderás que es verdad.
Enciendo, pues, la pipa, y tras brindarla a los poderes que son un Poder, [^21] y una vez haya lanzado mi voz a ellos, debemos fumar juntos. Ofreciendo en primer lugar la boquilla a Aquel que está en lo alto —así —, alzo mi voz:
¡Eh, eh! ¡Eh, eh! ¡Eh, eh! ¡Eh, eh!
Antepasado, Gran Espíritu, siempre fuiste y nadie fue antes que tú. A nadie se puede rezar aparte de ti. [^22] Tú mismo, todo lo que ves, cada cosa, fue hecha por ti. Tú alzaste las naciones de estrellas en el universo entero. [^23] Tú alzaste las cuatro regiones de la tierra. Ante Ti se alzó el día, y en aquel día, todo. Antepasado, Gran Espíritu, inclínate hacia la tierra para escuchar la voz que te envío. Atendedme, allá donde el sol se pone; ¡atendedme, seres del trueno! ¡Atendedme, allá donde el Gigante Blanco [^24] vive en su esplendor! ¡Allá donde el sol brilla sin pausa, donde aparecen el lucero del alba y el día, atendedme! ¡Atendedme, allí donde vive el verano! ¡Tú, águila poderosa, atiéndeme allá en las profundidades del cielo! ¡Y tú, Madre Tierra, Madre única, tú que eres piadosa con tus hijos!
¡Oídme, cuatro regiones del mundo! ¡Soy de vuestra familia! ¡Dadme vigor para recorrer la blanda tierra, generadora de todo lo que existe! Dadme ojos para ver y fuerza para entender, a fin de que sea como vosotros. Solo con vuestro poder puedo enfrentarme a los vientos.
Gran Espíritu, Gran Espíritu, Antepasado mío, los rostros de las cosas vivas son iguales en toda la tierra. Todas brotaron, con ternura, del suelo. Mira la faz de estas incontables criaturas, con sus hijos en los brazos, para que puedan enfrentarse con los vientos e ir por el buen camino hasta el día del sosiego.
Esta es mi oración. ¡Escúchame! Débil es la voz que te envío, pero con toda sinceridad la envío. ¡Escúchame! [^25] He dicho. Hetchetu aloh! [^26]
Ahora, amigo mío, fumemos juntos para que únicamente exista lo bueno entre nosotros. [^27]