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Prefacio a la edición de 1972

Mi objetivo en esta vida ha sido el de traducir la historia de este venerable anciano, no solo ciñéndome a los hechos —pues no eran los hechos lo más importante en esta misión— sino intentando recrear en inglés la estructura y el sabor de su narrativa. Dicha tarea ha resultado complicada y agotadora, y ha requerido siempre de un esfuerzo constante, paciente y de un cuestionamiento cuidadoso y sistemático del intérprete.

Siempre he sentido que para mí era una obligación casi sagrada el respetar la manera de expresarse del anciano y todo aquello que quería decir. Y estoy seguro de que para ello hicimos uso a veces entre nosotros de medios de comunicación poco ordinarios.

Durante los últimos cuarenta años he intentado trasladar el mensaje de Alce Negro al mundo de los blancos, tal como él deseaba que se hiciera. El libro ha tenido un recorrido excepcional; y lo sigue teniendo. Publicado por vez primera en 1932, tuvo una acogida entusiasta por parte de la crítica literaria que, a pesar de no tener conocimientos del mundo indio, lo consideró un libro de peculiar belleza.

El público general, que tampoco tenía demasiados conocimientos del mundo indio, acogió el libro con bastante indiferencia. En menos de dos años, el editor saldó la tirada a 45 céntimos el ejemplar y el libro cayó en el olvido. Pasó toda una generación, pero la historia lo hizo revivir.

De algún modo, un ejemplar del libro llegó hasta Zúrich (Suiza) y allí fue muy bien recibido por un grupo de académicos alemanes, entre los que se encontraba el difunto Carl Jung, el famoso psicólogo y filósofo.

Las noticias de dicho hallazgo llegaron hasta los Estados Unidos, donde el libro volvió a ser valorado y apreciado. Los pocos ejemplares que quedaban solo podían ser encontrados en tiendas de bibliófilo y a precios muy elevados.

En 1961, Alce Negro habla fue reeditado en formato bolsillo y tuvo una acogida entusiasta, especialmente entre la gente joven. En palabras del Christian Herald, se convirtió en «un clásico para la juventud actual». En 1971, como resultado de la entrevista llevada a cabo por Dick Cavett al autor, el libro alcanzó de manera inmediata una popularidad insospechada.

De hecho, Alce Negro habla sigue conquistando lectores a lo largo y ancho de los Estados Unidos y también en Europa, habiendo sido traducido a ocho idiomas.

El deseo del viejo profeta de que su mensaje se expandiera por el mundo ha sido cumplido.

Aquellos que estén familiarizados con el libro se acordarán de la oración del anciano en la cima del Harney Peak cuando, sollozando bajo la lluvia, llamaba desesperado a los Antepasados del Universo diciéndoles: «Así me podéis ver, un pobre viejo como yo, que ha fracasado y no ha podido hacer nada». Tal vez este mensaje aquí transcrito, que se ha expandido por el mundo, ha evitado que fracasara.

John G. Neihardt
Columbia (Misuri), noviembre de 1971